Ví que partiste llorosa y algo cabizbaja,
no quisiste dejar el cariño con que vivíamos;
el aroma de flores inundaba nuestro hogar,
donde nos salpicábamos amor abrazaditos.
Ko'áĝa ĝuarã iñanandypa, ndojekuaavéi,
chéicha tyre'ỹ avei opyta la nderehe'ỹ;
ha umi nde clavel hogue manomba, ndaipotysevéi,
oiméne anga chéicha oñandu avei la ne pore'ỹ.
Ahora está llena de malezas, ya no se la ve,
como yo huérfana también quedó con tu falta;
y tus claveles languidecen, ya no quieren florecer,
quizás como yo también sienten tu ausencia.
Al partir mi bien, te he visto salir llorando dolor,
sin querer dejar las dulces caricias de nuestro querer,
perfumes de flores llenaban de gozo nuestro dulce hogar,
donde tan felices libábamos juntos néctar de amor.
Pero ya sin ti, la casa cubierta de maleza está,
sufriendo talvez la misma tristeza que dejaste en mí,
y el rojo clavel desde que te fuiste no existe más,
como si ella fuera el reflejo fiel de nuestro querer.
Pe nde pypore ajo'o va'ekue, ani oje'o,
ka'aru vovénte añeconsolávo aháva
ahetũ;
ha upéi mbeguemi tindyhapete aju ajahe'o,
ahechaga'úgui, che mborayhumi, pe ne kunu'ũ.
Tus pisadas las guardé, que no desaparezcan,
por las tardes suelo besarlas como consuelo,
y luego cabizbajo lentamente vengo a llorar,
por añorar, mi querido amor, tu cariño.
Ejumi jeýntena che kamba, ani ne ñaña,
ko che korasõ omano mbotáva topytu'umi;
ha nde yvoty kuéra ku tory paitépe taipoty jera,
taipoty jey iñanandypáva ñande rogami.
Vuelve por favor mi negra, no seas mala,
que este corazón moribundo pueda descansar;
y que de tus flores se abran los capullos con suma alegría,
para que de nuevo florezca nuestra dulce hogar.
Vuelve, vuelve pronto, mi negra querida, ya no puedo más,
te pido por Dios, que mi corazón ya muriendo está,
el rojo clavel sólo cuando vuelvas florecerá,
y este corazón sólo con tu amor podrá renacer.