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¿Vida o muerte para las lenguas en la integración americana?

Por: Delicia Villagra-Batoux, 2002
Profesora de Lingüística (Universidad Católica de Asunción)
Consultora en Educación Bilingüe (Ministerio de Educación y Cultura)

Seminario Interamericano sobre la Gestión de las Lenguas, 28 al 30 de agosto de 2002.
Taller "Una América integrada en cuatro lenguas: ¿qué sucede con las otras lenguas?"

 

La gestión de las lenguas ha sido siempre un componente de las políticas gubernamentales, sin embargo, el carácter estratégico que ella reviste en los procesos de integración en curso interpela de un modo particular sobre los nuevos desafíos implícitos en las políticas lingüísticas. La inclusión de éstas dentro de una prospectiva general de desarrollo se ve así ampliamente justificada.

Nuestro continente, América, continúa siendo un exuberante mosaico lingüístico. ¿Cómo administrar hoy este multilingüismo? ¿Qué criterios deberán ser tenidos en cuenta para garantizar la preservación de la ecología de las lenguas americanas dentro de un espacio de integración? La pluralidad lingüística, ¿debe ser considerada como un factor de atraso o desarrollo de las sociedades? En consecuencia, ¿a qué tipo de integración nos sentimos adheridos, a una integración excluyente o incluyente?

Intentaremos abordar estas cuestiones al hablar de la ¿Vida o muerte para las lenguas en la integración americana?

La gestión de las lenguas, una vieja práctica

"La lengua acompaña al Imperio", decía la dedicatoria de Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática de la lengua castellana, a los Reyes Católicos en 1492. Para una gran parte de América, que empezaba la historia de su integración en el mundo occidental, esta sentencia significó el primer gran sismo en su hogar lingüístico tradicional. El inglés, francés y portugués, lenguas que también acompañaron a sus respectivos imperios, produjeron otros tantos en las áreas de su implantación. Hoy día, estas cuatro lenguas, clasificadas entre las más habladas en el mundo, pertenecen a entidades políticas fuertemente estructuradas y forman parte de las lenguas oficiales en las instancias internacionales. A priori, no existiría ninguna razón para cuestionar un proyecto cuatrilingüe de integración continental. No obstante, ¿estas lenguas reflejan por sí solas el perfil cultural y lingüístico de América?

El substrato amerindio

Tenemos apenas un conocimiento aproximativo del número de lenguas que aún se hablan en el continente. Los datos actuales estiman que unas 1500 a 2000 lenguas clasificadas en 20 familias lingüísticas, que presentan una rica diversidad genética y tipológica, son usadas en las áreas siguientes:

  1. Área norteamericana (de Alaska a México central).
  2. Área mezoamericana (entre México central y Nicaragua).
  3. Área caribe y sudamericana.

La situación lingüística de las lenguas dispersas en las tres áreas geográficas citadas presenta características netamente diferenciadas que incluyen tanto casos de peligros de una inminente desaparición como de auges inesperados. Podemos señalar, empero, que la mayoría de las lenguas amerindias, fuertemente marcadas por el estigma de una larga colonización, se han visto reducidas a la categoría de lenguas minorizadas, condenadas a la periferia social de sus hablantes discriminados o, en el mejor de los casos, convertidas en piezas exóticas, ecos lejanos de un pasado conquistado y vencido.

El barboteo de nuevas lenguas en el continente

América no es solamente un hábitat en donde coexisten las lenguas amerindias ancestrales con las cuatro grandes lenguas inmigrantes. Es también un fértil terreno del barboteo de las lenguas pertenecientes a diversas comunidades y del brote de otras. En el segundo caso nos estamos refiriendo a las lenguas criollas. Estas lenguas, además del interés que representan para los estudiosos, reflejan la emergencia de nuevos sistemas de comunicación lingüística, de los perfiles identitarios de sus locutores, quienes nos revelan así los complejos contornos de las sociedades humanas como lugares de creación y estructuración de las lenguas.

Una integración sin exclusiones

Aunque al hablar de la integración no podemos sustraernos a los conceptos, ya muy conocidos de mundialización, globalización, aldea global, etc., no nos parece oportuno insistir aquí en el análisis de la cara perversa de estas realidades. Nuestro propósito consiste más bien en aprehenderlas como un espacio aún provisto de enormes vacíos, que requiere ser reorganizado. En efecto, la primacía de los criterios económico-financieros en las políticas de integración llevadas a la práctica hasta ahora demuestra ser incapaz de dar respuestas al conjunto de los problemas planteados en los nuevos mercados regionales. Son numerosos los gobiernos, pueblos y comunidades que reivindican el derecho a sus peculiaridades, en primer lugar a sus particularidades identitarias. En lo que se refiere a las lenguas, podemos afirmar, utilizando la terminología de Louis-Jean Calvet, que estamos asistiendo a una verdadera "Guerra de las lenguas".

Mucho más que en el pasado, las lenguas se debaten hoy entre la vida y la muerte. Mucho más que en el pasado también los gobiernos son conscientes que ellas representan un valor, intangible ciertamente, pero implícito en toda actividad humana. No debe asombrarnos desde luego que las guerras actuales recurran cada vez más al viejo arsenal del avasallamiento lingüístico para imponer sus modelos económicos, políticos e ideológicos. Por otro lado, el rol que juegan las lenguas como instrumento indispensable de la sociedad informacional hace que ellas se conviertan en verdaderas piezas estratégicas de las políticas actuales. Dentro de la barbarie cultural mercantil que estamos conociendo, las lenguas pueden ser cotizadas, según los casos, como un objeto de alto valor o como un producto desechable.

Esta disyuntiva se juega con mayor agudeza en nuestro continente plurilingüe. Como hemos visto, la fuerte presencia de las antiguas lenguas amerindias, lenguas vivas, nacionales de numerosos pueblos no han impedido el advenimiento de otras lenguas y menos aún el auge de las cuatro lenguas erigidas en lenguas oficiales de los Estados del continente. A primera vista esta coexistencia, más o menos pacífica, no debería inquietarnos. Sin embargo, el solo hecho de imaginar una integración en cuatro lenguas implica que estamos ignorando una realidad, e incluso que estamos dispuestos a violar los derechos lingüísticos de numerosas comunidades. Es olvidar al mismo tiempo que estas cuatro lenguas no poseen el mismo estatuto. La hegemonía del inglés americano amenaza igualmente a las tres restantes. Estas se encuentran también entre las lenguas en peligro, aunque en menor grado que las otras, y, en consecuencia, podrán hallar una mayor comunidad de intereses al lado de las lenguas que ya poseen una larga tradición de resistencia y se han convertido en estandartes de la pluralidad identitaria. Para ilustrar este hecho podemos citar los ejemplos de la reanimación de la lengua mohawk aquí en Québec, la inclusión de las lenguas indígenas en los programas de educación intercultural bilingüe en la mayoría de los países de América latina y la oficialización de la lengua guaraní, lengua amerindia promovida como lengua oficial de Estado en la República del Paraguay.

Decididamente la integración americana no podrá ser concebida fuera de un ámbito de identidades compartidas, fuera del cruce de diversos ethos socio-culturales, que promueva el enriquecimiento recíproco y rompa los muros de la uniformidad esclerosante. Se trata de que todos podamos tomar la palabra para asumir nuestra historia en términos de la revitalización de nuestros saberes y valores para que podamos encaminarnos hacia una integración abierta y sin exclusiones. Sólo una integración de ese tipo podrá evitar tanto la supremacía de una sola lengua como el repliegue social de otras en un ghetto cultural. Defender lo identitario, suyo y ajeno, no sólo significa oponerse a la muerte de las lenguas sino evitar nuevos fundamentalismos de consecuencias desastrosas para el desarrollo que ambicionamos.

La gestión lingüística paraguaya, un proyecto de sociedad

La situación lingüística del Paraguay está caracterizada por la vigencia generalizada de dos lenguas nacionales: la guaraní y la española. Las otras lenguas pertenecientes a las etnias minoritarias o a las comunidades de inmigrantes no son utilizadas en forma generalizada por la población paraguaya. Antes del año 1992 solo la segunda poseía el estatuto de lengua oficial. Pero a partir de la Convención Nacional Constituyente del mismo año el guaraní adquirió el mismo rango que el español convirtiéndose así en la única lengua amerindia oficial en el marco de un Estado nacional. Esta medida, que coincide con los grandes cambios estructurales que tuvieron lugar en el país en ese entonces, imprimió un nuevo destino a esta lengua que ya se había convertido en la lengua nacional de una población no indígena.

Cabe preguntarse, sin embargo, si esta promoción no fue simplemente el efecto de un acto voluntarista e incluso un contrasentido en un momento en que todo parece conducirnos inexorablemente hacia la uniformidad. ¿Cómo se podía pretender que una lengua indígena, minorizada durante siglos, pueda esquivar los obstáculos del poderoso mercado unipolar y conquistar nuevos espacios comunicativos? Al parecer se trataba de un reto demasiado ambicioso.

El balance que podemos hacer hoy, al cabo de un escaso decenio, nos permite llegar a las siguientes conclusiones:

  • La oficialización de la lengua guaraní revolucionó la estructura del sistema educativo paraguayo. La Reforma Educativa (1994) instituyó la educación bilingüe obligatoria en los tres ciclos de la Educación escolar básica (9 años) en todo el territorio nacional.

  • El análisis de los primeros resultados escolares demostró que la enseñanza bilingüe favorece el rendimiento general de los niños independientemente de las modalidades de educación bilingüe diseñadas para la Educación escolar básica (modalidad guaranihablante y castellanohablante).

  • El sistema de educación bilingüe creó un marco propicio para las investigaciones y especializaciones de carácter lingüístico y pedagógico. Las universidades paraguayas abrieron sus puertas, por primera vez, a carreras como Educación bilingüe y Lingüística aplicada.

  • La introducción de la lengua guaraní en el sistema escolar impulsó numerosos trabajos de campo, con la participación de especialistas nacionales y extranjeros, que contribuyeron al esclarecimiento del verdadero perfil lingüístico paraguayo y permitieron diseñar modelos educativos acordes con las necesidades y espectativas de la mayor parte de la población.

  • La revalorización social de la lengua abrió nuevos espacios comunicativos para sus hablantes. Su uso en los medios masivos de comunicación, en los avisos publicitarios, aunque insuficiente, ha aumentado. La producción literaria se ha enriquecido considerablemente.

  • La educación bilingüe creó nuevos nexos entre la comunidad lingüística guaranófona y las instituciones paraguayas e hizo que creciera la autoestima de los locutores. Las investigaciones llevadas a cabo recientemente revelan que los paraguayos sienten una gran lealtad lingüística hacia el guaraní; 88% opina que los paraguayos deben hablar guaraní. En cuanto a la utilidad de su uso, 63,3% piensa que el guaraní facilita la comunicación. Es además altamente valorizado por los pequeños comerciantes.

  • La dignificación de la lengua guaraní contribuyó a forjar una actitud lingüística abierta hacia las otras lenguas en la población paraguaya. El conocimiento del español es altamente valorizado (91% de la población se considera bilingüe) y el conocimiento del portugués es considerado muy necesario. Teniendo en cuenta estas realidades, el sistema escolar paraguayo optó por un currículum multilingüe optativo para el nivel de la enseñanza media (inglés, portugués, francés, italiano, alemán).

  • La consideración del aspecto lingüístico en el sistema educativo paraguayo está demostrando que el conocimiento de las lenguas son palancas poderosas para la formación de recursos humanos calificados, capaces de desemvolverse en los espacios de las economías regionales. El guaraní ya ha sido declarado patrimonio histórico del MERCOSUR (1995).

Conclusión

La integración multilingüe del continente americano debe ser considerada como una oportunidad histórica que permitirá el rescate social de las lenguas discriminadas y la creación de un espacio lingüístico plural, de intercambios múltiples y sin exclusiones.

Con ese objetivo proponemos que de este encuentro surja una instancia (¿comisión, consejo, red?) que recoja las proposiciones de este seminario y se encargue de coordinar todas las iniciativas tendientes a preservar el patrimonio lingüístico del continente. La misma deberá apoyarse en las instituciones existentes: Estados, instituciones regionales, organismos internacionales, ONGs, asociaciones, para lograr que las políticas lingüísticas sean un componente de las políticas de integración regionales

Esta instancia deberá diseñar un documento que prevea una estrategia de conjunto, con el fin de integrar el uso de las lenguas en las políticas de desarrollo. Las experiencias exitosas (que han tenido lugar dentro del nuestro continente y fuera de él) deberán ser estudiadas y tenidas en cuenta en los proyectos de trabajo.

Referencias:

  • Louis-Jean Calvet: Pour une écologie des langues du monde, Plon, Paris, 1999.
  • Claude Hagège: Halte à la mort des langues, Editions Odile Jacob, Paris, 2000.
  • El guaraní mirado por sus hablantes: Ministerio de Educación y Cultura. Reforma Educativa. Programa de Fortalecimiento de la Educación Bilingüe, Asunción, 2001.
  • Descubrir lo intangible. Jornada del Mercosur sobre Patrimonio intangible: UNESCO, Asunción, 2001.
 
Fuente: www.cslf.gouv.qc.ca/Seminaire/Conferences/VillagraBatous.doc - www.guaranirenda.com - 2008

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