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Culminó el año 2007 e iniciamos el 2008. En momentos como este es importante
realizar una retrospección de lo que fue el año que expiró y sobre ella
proyectarse en el nuevo. En estas líneas quisiera hacer referencia a la
lengua guaraní y la clase política paraguaya, de manera a aportar temas para
los debates y discusiones de los candidatos a distintos cargos que se
elegirán en el mes de abril.
En un artículo que escribí el año pasado para este periódico había
dicho que en el 2007 recordábamos los 400 años de la publicación de la
primera obra escrita en la lengua guaraní, el Catecismo Guarani de Fray Luis
Bolaños, editada en Nápoles en octubre de 1607; que se cumplían 40 años de
la sanción de una Nueva Constitución Nacional, el 25 de agosto de 1967, en
la cual se reconoció al guaraní como lengua nacional; y que se cumplen 15
años, el 20 de junio de 1992, de la sanción de la Constitución Nacional
actual, a través de la cual el guaraní pasó a ser lengua oficial junto al
castellano en nuestra República.
Además de estos hechos históricos, el guaraní tuvo en 2007 un
protagonismo muy importante a nivel mundial. En enero el MERCOSUR lo asumió
como la tercera lengua, junto al castellano y portugués, y si no fuera por la
mala fe y desidia de las autoridades paraguayas, iba a ser declarado lengua
oficial de este bloque económico; el discurso del Director General de la
UNESCO, el Sr. Koichiro Matsuura, con el cual dio la apertura al Año
Internacional de las Lenguas, el 2008, fue traducido en nueve lenguas, y entre
ellas el guaraní; dicho documento se publicó en las seis lenguas oficiales
de las Naciones Unidas: castellano, inglés, francés, ruso, chino y árabe y
en tres lenguas invitadas: danés, irlandés y guaraní. El 25 de diciembre,
el Papa utilizó el guaraní para pronunciar parte de su discurso desde Roma.
Estos dos últimos hechos fueron de suma importancia, ya que por primera vez
la ONU utilizó una lengua originaria de América, y justamente el guaraní,
para emitir textos oficiales y por primera vez también un Pontífice hizo uso
de una lengua americana, y justamente el guaraní, desde la sede de la Iglesia
Católica para emitir un mensaje al mundo. En el 2007 el guaraní ha ingresado
vertiginosamente al mundo virtual; desde diciembre la enciclopedia Wikipedia
tiene en sus páginas vastas informaciones en guaraní sobre diferentes temas;
además hay que señalar que a la fecha miles de sitios difunden nuestra
lengua.
Ahora bien, ¿cómo está el guaraní a nivel nacional? Sin lugar a dudas
que esta lengua está mucho mejor que décadas y años anteriores en Paraguay.
Los discentes ya no se arrodillan encima de la sal gruesa o grano de maíz en
las escuelas como castigo por hablar guaraní, los educandos campesinos ya no
pierden el receso por hablar en clase la única lengua que conocen, etc.
Empero hay demasiadas discriminaciones aún para la lengua guaraní y sus
hablantes. Nuestra lengua originaria, a pesar de que hace 15 años es lengua
oficial para la República del Paraguay y hablada por 90% de la población,
sigue siendo hoy una lengua relegada por el Estado Paraguayo. Hasta ahora no
se ha publicado una sola ley, un solo decreto, un solo dictamen judicial en
guaraní, cuando que desde 1992 todos los documentos que emite el Estado
deberían ser publicados en castellano y guaraní, de manera a hacer efectiva
la prescripción constitucional, democratizar las informaciones y hacer
asequibles los documentos públicos a todos los ciudadanos y ciudadanas de
esta patria.
La marginación de la lengua guaraní y la exclusión de sus hablantes
devienen de la supina irresponsabilidad de la clase política paraguaya. El
Presidente de la República defendió la igualdad de las culturas en la 34º
reunión de la Conferencia General de la UNESCO realizada el año pasado; en
la ocasión el mandatario pronunció parte de su alocución en guaraní y
subrayó que no hay culturas superiores sino diferentes. Todas estas bonitas
declaraciones del Presidente son puros aforismos, ya que en la práctica él
mismo no ha hecho absolutamente nada como sus antecesores inquilinos del
Palacio de los López para reivindicar y normalizar el uso del guaraní en el
Estado; el Presidente defiende la igualdad de las culturas pero relega el
guaraní; afirma que no existen culturas superiores, pero en la práctica sí
existen para él, puesto que privilegia la lengua de Cervantes, como “la
lengua de los karai” para comunicarse en forma oficial con el pueblo
y relega el guaraní, lengua de mayor uso del Paraguay y única del 27% de la
población paraguaya. La actitud de los demás políticos, tanto del partido
del gobierno como los de la oposición, es la misma que la del Presidente de
la República. La clase política paraguaya padece de miopía estratégica,
que le impide divisar e interpretar el gravitante papel histórico de la
lengua guaraní para la nación.
Ahora estamos en el año 2008, año internacional de las lenguas para las
Naciones Unidas y año electoral en el Paraguay. Es más que necesario que la
clase política paraguaya y los partidos y movimientos políticos incluyan en
sus discusiones y en sus propuestas el tema cultural y la lengua guaraní, y
la sociedad civil debe velar para ello. La cultura no reviste de importancia
para los políticos y las políticas de nuestro país, el presupuesto asignado
para el 2008 a la Secretaría de Cultura es elocuente, del exiguo monto
asignado, el 98% es destinado a sueldos y solo 2% para promoción cultural.
Esto es una burla para nuestra identidad y cultura paraguaya y una traición a
los intereses nacionales, ya que se sabe que la promoción cultual es de suma
importancia en este mundo globalizado, dado que la cultura es la quintaesencia
de la identidad de la nación. La clase política paraguay tiene una
histórica deuda con la lengua guaraní, es la responsable de la larga
discriminación de esta lengua, piedra angular de nuestro “teko”
como paraguayos y de sus hablantes. Ni el Parlamento ni el Ejecutivo
paraguayos fueron quienes pidieron por primera que el guaraní fuera lengua
oficial del MERCOSUR, sino sus pares de Uruguay; es más, los del Paraguay
fueron –según informaciones extraoficiales que hemos denunciado
públicamente en su momento– quienes pidieron que este bloque de naciones no
adoptara nuestra lengua mayoritaria del Paraguay como lengua oficial.
Ha'evéma ñe'ẽrei ha vyrorei. Tekotevẽ político ha
sociedad civil
jajetyvyro ha ñañepyrũ ñamba'apo ñane retã, ñene retãyguakuéra ha
ñande reko tee rehe añetehápe. Heta oĩ tembiaporã: hetahetave tetãygua
osẽ tupãmba'ejáramo ojeporeka ambue tetãme hembiaporãre hetã'ỹramo
guáicha, chokokue ha ypykuérape oñemosẽmba ijyvýgui, ha soja jarakuéra
(pytaguameme nunga) omongy'apa yvy, ysyry ha ñande rekoha. Ko'ã mba'e,
ñande reko ha guarani ñe'ẽ ári oguatava'erãkuri político-kuéra
rembiapo; áĝakatu ndaupéicha oiko, ha iporãne aipóramo 2008-pe oñepyrã
hikuái.
La clase política paraguaya está en una disyuntiva: terminar con la
segregación lingüística y social de que es objeto el pueblo desde hace casi
200 años o seguir con el vyrorei como ya nos tiene acostumbrados, postergando
la discusión y solución de los problemas esenciales y encharcándose siempre
en los temas pueriles y sin trascendencia para el nación. Si el primero va
ser el camino a abrazar, la clase política en el 2008 –el Año
Internacional de las Lenguas– debe empezar a normalizando el uso del
guaraní: que se apruebe la Ley de Lenguas, cuyo anteproyecto fue elaborado
por la sociedad civil; que se bilingüice en guaraní y castellano el Estado;
que todas las gobernaciones y municipalidades utilicen las dos lenguas
oficiales en forma oral y escrita como establece el artículo 140 de la
Constitución Nacional; que las nuevas Cédulas de Identidad y Pasaporte (que
saldrán en abril de este año) utilicen ambas lenguas oficiales; que las
empresas privadas incorporen el uso de estas lenguas; que todos los paraguayos
y las paraguayas conozcamos el guaraní, el castellano y si es posible otras
lenguas. Si la clase política paraguaya no se preocupa y ocupa de estos temas
capitales para la vida nacional, habrá traicionado los anhelos de toda la
población y repetido las mismas mentiras de siempre.
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