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La historia de la región del Cono Sur es, en buena parte, la historia del
idioma guaraní. Es que, desde los orígenes de la presencia hispana en esta
parte del mundo, y en un escenario de diversidad cultural importante, variada,
el guaraní desempeñó la función de lingua franca o lingua geral. Esto
significa que los pueblos, diferentes por sus culturas y sus lenguas,
utilizaban el guaraní como lengua "puente" de comunicación. Según
algunos estudiosos, ello explica, inclusive, el uso del guaraní en la
toponimia de la región.
Y aun cuando en el siglo XVI se prohibió, por primera
vez, oficialmente, el uso del guaraní, fue empleado por los misioneros para
cumplir con su finalidad evangelizadora. Producto de ello, de la acción
misionera, es el conocimiento que tenemos del guaraní como lengua colonial.
Las prohibiciones por decreto no sirvieron para detener al idioma guaraní,
tal como lo testimonian los propios Gobernadores coloniales del Paraguay en la
documentación existente. Si se quieren mencionar otras latitudes, es
imprescindible recordar que el guaraní fue la segunda lengua más utilizada
en Buenos Aires en los siglos XVII y XVIII, y que, inclusive, la Proclama de
la Junta de 1816 en la Argentina fue redactada en español, quechua, aymará y
guaraní.
Ya en el primer período independiente, la Junta
Superior Gubernativa, en su Instrucción para el Maestro de Primeras Letras de
1812, artículo 35, establece la necesidad de eliminar la lengua nativa. Esta
prohibición de uso del guaraní se prorrogó por todo el período francista
e, inclusive, durante el Gobierno de Carlos Antonio López. Las consecuencias
de la imposición artificial del castellano se tradujeron en un deficiente
rendimiento educativo e inclusive, como señala Heinz Peters, afectaron el
desempeño de los becarios paraguayos en Europa.
El mismo estudioso alemán señala, en su obra "El
sistema educativo paraguayo desde 1811 hasta 1865" (1996): "Un
problema importante que mantuvo su significación a lo largo de todo el
período estudiado, fue el del bilingüismo, ya que para una mayoría de la
población guaraní-hablante, el español permaneció siendo por toda la vida
una lengua extranjera".
Paradójicamente, en 1867, en plena Guerra de la Triple
Alianza, se desarrolla el Primer Congreso de Lengua Guaraní. El idioma
constituyó un arma fundamental en la defensa nacional, como lo habría de ser
luego durante la Guerra del Chaco. Los periódicos de la Guerra de la Triple
Alianza, el Centinela y el Cabichuí, fueron publicados en español y en
guaraní. A pesar de ello, y como señal de su adhesión al
"progreso" y a la "civilización", el primer triunvirato
de la posguerra decretó el 8 de marzo de 1870, que en las escuelas se
prohibiera el uso del guaraní.
Toda una historia de persecución social acompañó al
guaraní: resulta sorprendente, por ello, su vigor. Sin embargo, con las
prohibiciones oficiales convivía el guaraní de la música y la poesía que,
a partir de los años '30, comenzaba a ocupar un lugar de privilegio en el
marco del surgimiento del nacionalismo. En la segunda mitad del siglo XX, en
los años '70, en el Congreso Nacional de Educación se analizó la necesidad
de volver a promover el guaraní –esta vez en el marco de la Constitución
de 1967–.
Y, por fin, en 1992, la Constitución Nacional le
concede al guaraní el estatuto de lengua oficial paraguaya. Y, por supuesto,
declara como patrimonio cultural a las demás lenguas de los pueblos
indígenas.
Hoy, sólo en el Paraguay, todavía el 60 % de la
población se expresa en guaraní. Es todavía mayor el porcentaje de
bilingües pasivos, es decir, aquellas personas que, como dicen normalmente,
"no hablan el guaraní, pero lo entienden". En la región, en la
provincia argentina de Corrientes, es la segunda lengua oficial. En nuestro
país, y aun con todos los defectos que se le puedan achacar en términos de
didáctica, el guaraní opera como lengua materna para los fines de la
enseñanza oficial en extensas áreas geográficas de nuestro territorio.
Se suele argumentar, a nuestro modo de ver
erróneamente, que el guaraní no tiene palabras para designar a fenómenos
contemporáneos como los tecnológicos. Lo cual es cierto. También lo fue
para el hebreo, que dejó de utilizarse desde el año 70 EC cuando Jerusalén
fue destruida por los romanos y fue, desde entonces y hasta el siglo XIX,
prohibida la presencia judía en Jerusalén. ¿Tenía el hebreo palabras para
designar al teléfono, al automóvil, la cocina, la electricidad, el fútbol?
No sólo no las tenía, sino que la labor de "normalización" del
hebreo tomó alrededor de 50 años, entre 1910 y 1959. El hebreo bíblico
tenía 8,000 palabras. Hoy, el hebreo contemporáneo tiene más de 120,000.
Imaginémonos diciendo a los israelíes que remplacen el hebreo, lengua
arcaica, por el inglés, lengua moderna.
Tampoco convence la objeción de la interferencia
lingüística, que dice, en resumidas palabras, que el mal uso del castellano
se debe a la interferencia del guaraní. Nada más equivocado: los trabajos de
Wallace Lambert hacia fines de los '60 en Canadá mostraron claramente que las
personas que dominan más de una lengua son personas más creativas, más
tolerantes, con miradas más amplias de la realidad. Y esto significa que, con
seguridad, el abandono de la enseñanza del guaraní no significará un mejor
rendimiento en español, por la sencilla razón de que el problema es la forma
defectuosa en que se enseña también el español.
Finalmente, y como último argumento jurídico, digamos
que la propia Unión Europea tiene los siguientes veinte idiomas oficiales:
alemán, checo, danés, eslovaco, esloveno, español, estonio, finés,
francés, griego, húngaro, inglés, italiano, letón, lituano, maltés,
neerlandés, polaco, portugués y sueco. Desde 1958, las normas permiten el
reconocimiento y la oficialidad de las lenguas en función de los países
adherentes a la UE.
El guaraní es la gran contribución del Paraguay a la
diversidad cultural. Aloja en su seno un cúmulo de experiencias singular que
merece ser preservado. Experiencias que van desde las invocaciones religiosas
hasta aspectos de la vida cotidiana como el uso de las plantas medicinales.
Experiencias vitales que permanecen, inclusive, en la denominación de una
gran cantidad de lugares en la región.
Por ello, merece apoyarse la propuesta de
oficialización del guaraní en el MERCOSUR, surgida –como continuidad del
antecedente esfuerzo por declarar el universo cultural guaraní como
patrimonio cultural de la humanidad– en el marco del Encuentro de
Depositarios Fundamentales de la Cultura Guaraní, el primero del MERCOSUR,
desarrollado entre el 24 y el 26 de noviembre pasados en nuestro país.
Su oficialización en el MERCOSUR será una clara señal
de equidad que favorecerá la integración sociocultural de una gran
población no sólo paraguaya, sino también argentina, brasileña y hasta
boliviana. Todo, todo, es cuestión de voluntad política no sólo de los
dirigentes, sino también de la propia población, que puede así mostrar el
orgullo legítimo que siente por una de las culturas de las que se originó y
a la que condenó, injustamente, al exilio de la vergüenza, para luego
terminar refugiando en ella su alegría y su dolor, su canto y su poesía.
Asunción, diciembre de 2005
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