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Mba'éichapa.
Escucho la radio, paraguaya. Hablan del tema del guaraní a partir de una
anécdota negativa sobre la lengua: el enfrentamiento entre el MEC y el Ateneo
de Lengua y Cultura Guaraní. (Yo, con el lóbulo malo de mi cerebro no lo
haría mejor para destruir al guaraní: siempre escogería la noticias que
presentasen el guaraní como algo pobre, inacabado, conflictivo, atrasado,
problemático. Incluso haría más: alentaría el conflicto).
El tema, tratado en castellano –lo remarco, en castellano– se
desvía rápidamente hacia los conocidos tópicos sobre el guaraní.
- El guaraní se enseña mal.
- Los escolares odian el guaraní.
- El guaraní de la escuela no se parece al guaraní de la calle.
- Hay más aplazados en guaraní que en cualquier otra materia.
- Hay una disputa permanente en la ortografía.
- Y bla, bla, bla.
Sólo se dice algo positivo entre tanto tópico negativo. Se reconoce que
sí hubo persecución contra el guaraní y que se prohibió hablarlo. Pero es
un reconocimiento de baja intensidad, inocuo, anecdótico: "Sí... un
oyente llamó y dijo que se le prohibía hablar en guaraní". No es la
asunción plena y la denuncia lacerante de una actitud extendida en la
sociedad paraguaya promovida por los monolingües hablantes de castellano. No.
El dolor lingüístico infligido a millones de paraguayos se trata como una
anécdota, se rebaja su importancia, su dignidad, su horror, su
reivindicación, casi su misma existencia.
Es malo, malísimo, pésimo que esta espiral de tópicos negativos contra
el guaraní no se rompa. Si no se rompe este remolino de prejuicios, va a
darse con el guaraní la paradoja de la profecía (de la mentira)
autocumplida. Tanto y tan mal se habla del guaraní, que todo el mundo se va a
convencer que es malo. Quien tiene prejuicios contra el guaraní encuentra en
estos conductores y comentaristas una coartada "intelectual" a sus
prejuicios; quien no tiene información ni criterio, duda y vacila sobre lo
que sabe y termina "desconfiando" del guaraní; quien ama el
guaraní, duda y se debilita, masacrado a diario por un discurso negativo, que
le hace perder su vigor y su fuerza para trabajar por el país y por la
lengua.
Asusta, desde fuera, desde la ignorancia, desde la no paraguayidad, que los
paraguayos no vean el valor estratégico del guaraní. Tal vez sólo el
guaraní, una política basada en un Estado que funciona en guaraní, pueda
impedir que Paraguái se convierta "de facto" y tal vez
"de iure" en un estado de Brasil, porque ya va en camino de serlo
demográficamente y lingüísticamente.
Asusta que se destruya, de forma tan frívola, tan inconsciente,
¿tan premeditada?, la mayor baza, el sustento, el fundamento, la base de
la soberanía nacional paraguaya. Asusta.
Alguien debería romper los tópicos negativos contra el guaraní. Y
debería hacerlo ahora. Deberían difundirse (y generarse) argumentos
positivos sobre el guaraní, porque los hay a decenas. No hacerlo es
simplemente continuar machacando el guaraní y a sus hablantes. Lastimosamente
esto no es ninguna novedad en Paraguái. Ninguna novedad.
¿Por qué en vez de reproducir tópicos negativos contra el guaraní no se
intenta hacer radio, buena radio y en las franjas horarias de máxima
audiencia, en guaraní? Y nos damos diez años para medir su incidencia sobre
el guaraní. Quien no sepa guaraní que lo aprenda. (Consejo que me aplicaré
a mí mismo en Paraguái).
Joan Moles
paraguai-paraguay@telefonica.net
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