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Mba'éichapa.
España tienen una realidad lingüística mucho más compleja que la
paraguaya. Muchísmo más. Y sin embargo se está convirtiendo –con muchas
dificultades, nadie lo niega– en una democracia plurilingüe. Ojalá Paraguái
sea capaz de normalizar y estatalizar el guaraní, antes no sea demasiado
tarde.
Al final tres textos.
Una opinión de un paraguayo sobre sus lenguas.
Dos artículos sobre el modelo lingüístico español. (Entiendan bien
el contexto, no se pide sólo "más vasco en el País Vasco",
ahora se pide “vasco en las instituciones centrales de la
administración española, del Estado Español: ministerios, símbolos,
poderes, etc”. El salto cualitativo y cuantitativo es enorme... es un
salto que debe darse para salvar una lengua. El Estado no puedes ser ni
indiferente ni hostil al vasco, por ejemplo, como hoy sí lo es por
acción u omisión el Estado Paraguayo con el guaraní y las demás
primeras lenguas paraguayas).
Poañua.
Joan Moles
paraguai-paraguay@telefonica.net
Una opinión de un paraguayo sobre sus lenguas
[...] el guarani debe estar en un mismo nivel que el castellano en nuestra
sociedad. [...]
A mi entender, el guarani debe pasar primero por un período de "vulgarización".
A qué me refiero, a que todo habitante hablante o no del guaraní tenga
presente diariamente al guaraní, en todas partes, en la radio, en la
televisión, en los celulares, en los carteles, en los envoltorios de las
mercaderías, etc. El guaraní solamente está en forma oral. Las cosas
transmitidas en forma oral son más fáciles de olvidar, de perderse, etc. Es
preciso que el guaraní se imponga de forma visual. Por qué la publicidad
visual es más costosa (en dinero) que la oral, por sus mejores y mayores
resultados. Es preciso que la grafía guaraní sea vista.
El guaraní, si bien es hablado por la mayoría en el Paraguay
(precariamente o no, correctamente o no), son muy pocos los que escriben o
leen. Si no se revierte esa situación, el guaraní irá desapareciendo
paulatinamente en las próximas generaciones, ya que con la globalización,
con los nuevos medios de comunicaciones (SMS, e-mails, Messenger, etc.),
que tienen como regla fundamental, que todo lo que uno quiera expresar tiene
que hacerlo en el menor tiempo posible y con la menor cantidad de palabras
(abreviadas groseramente). Si el hablante guaraní no sabe escribir en guaraní,
por comodidad o por obligación, pasará a hacerlo en castellano. Por
consiguiente, poco a poco el guaraní quedará relegado hasta que algún día
quedará en desuso y será una lengua muerta. Espero que esto no ocurra.
Muchos paraguayos se preguntan ¿para qué el guaraní?; y sostienen que es
mejor saber el inglés, que el guaraní no tiene utilidad alguna.
Quien suscribe en algún momento también pensaba de la misma manera, hasta
que en una oportunidad un profesor de inglés (sudafricano) me dio una gran
lección con hechos que yo, si bien no los ignoraba, no los tenía presente.
Paso a contarle esa lección.
Estando en el aula en plena discusión sobre la importancia del
conocimiento del idioma inglés, Mr. [...], saliendo del ambiente anglo, nos
pregunta ¿y el guaraní, qué importancia tiene para ustedes?. Todos
respondimos en forma negativa. Que “el guaraní no tiene futuro”; que
“el guaraní sólo se conoce aquí”; que “el guaraní no sirve para
comunicarse en el extranjero”; que “el guaraní es "dulce", es
nuestro (sentido de pertenencia) pero…”.
Mr. [...] tomó un pincel marcador, y en letras grandes escribió en la
pizarra: “ESTÁN EQUIVOCADOS”, y acto seguido comenzó a hablar en un
idioma que no entendíamos para nada. Volvió al castellano, y nos dijo que lo
que acabábamos de escuchar también es "dulce" y que él se sentía
emocionado de poder hablarnos en una lengua de su tierra, y que ese idioma es
el “afrikaans”, y que también en su país se hablan otros idiomas más
como zulú, xhosa, swazi, ndebele, sotho del norte, sotho del sur, tsonga,
tswana, venda, y por supuesto el idioma que les sirve para comunicarse con el
mundo, el inglés. Nos dijo que como paraguayos teníamos la obligación de
conocer el guaraní, de promover el guaraní, de usar el guaraní, ya que es
nuestra lengua propia; que el castellano es un gran regalo que nos hicieron
los europeos, pero no es nuestro. Que es preciso que hablemos el inglés, por
su importancia internacional, que hablemos el castellano también, por su
importancia en la región, así como el portugués; pero que el guaraní es
nuestra identificación en el mundo, que cuando hablemos el guaraní en
cualquier parte del mundo, y al escuchar otra persona nos pregunte (en
castellano, en inglés, francés, etc.) qué idioma hablamos, respondamos el guaraní
de Paraguay.
Todos los alumnos comprendimos la necesidad de tener una identidad propia
en el mundo, de tener algo nuestro; que nuestra idea de ser internacionales,
universales, no estaba errada, pero a la par de ello debíamos de mantenernos
unidos y en paz con nuestro origen, orgullosos de tener una identidad propia,
no prestada.
http://www.om-plural.org/article.php?id=192
Multilingüismo. España, un sistema mejorable
Por Albert Branchadell
EL PAÍS - Opinión - 22-12-2005
El pasado 21 de septiembre el Comité de Expertos encargado de evaluar la
aplicación de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias
emitió un informe sobre la aplicación de la Carta en España que debería
llenarnos de orgullo a todos los españoles. Según el Comité, debe elogiarse
a España "por el sólido reconocimiento y el alto grado de protección
asegurados en principio a las lenguas regionales o minoritarias", cosa
que sitúa a España "entre los países más firmemente comprometidos con
la protección y promoción de las lenguas regionales o minoritarias",
gracias a la cooficialidad del catalán / valenciano, gallego y euskera en las
comunidades autónomas respectivas y a las correspondientes leyes autonómicas
de "normalización lingüística".
No deja de ser interesante constatar que, por las mismas fechas que el
Comité de Expertos difundía su encendido elogio de un sistema de protección
considerado literalmente "extraordinario", todo un catedrático de
universidad como Aurelio Arteta tuviera la ocurrencia de afirmar en esta
tribuna de opinión que las mismas leyes de normalización lingüística que
nos sitúan a la vanguardia de la protección y promoción de las lenguas
regionales o minoritarias en Europa son "contrarias al espíritu y la
letra"... ¡de la Carta Europea de Lenguas Regionales o Minoritarias!
(Cooficiales porque sí, 26 de septiembre). De hecho, en los últimos tiempos,
acaso coincidiendo con la propuesta de nuevo Estatuto de autonomía de
Cataluña, se vuelven a escuchar voces contra los "excesos" de la
normalización lingüística, tanto en las tribunas previsibles para estas
cosas como en medios tradicionalmente más ponderados. Un empeño en el que no
falta, como siempre, la estricta demagogia o incluso la mera ignorancia, como
las que exhibía recientemente en estas páginas Ángel de la Fuente
(Reflexiones sobre el proyecto de Estatuto catalán, 5 de octubre) sosteniendo
que el proyecto de Estatuto "proscribe" el castellano de un sistema
educativo que paradójicamente establece el deber de conocerlo al finalizar la
enseñanza obligatoria, afirmando lo propio de unas administraciones públicas
ante las cuales los ciudadanos tienen reconocido el derecho de opción
lingüística, o ridiculizando el nivel de catalán que se exige a los
médicos forenses en Cataluña con el burdo argumento de que los forenses
sólo examinan cadáveres.
Pero la verdad es que en su informe el Comité de Expertos no se limita a
elogiar un sistema de protección basado en algo que Arteta, de la Fuente y
otros consideran auténticas "tropelías". El Comité de Expertos
también pone de relieve una serie de "inconvenientes" en este
extraordinario sistema, algunos de los cuales tienen suficiente envergadura
para que el Comité de Ministros del Consejo de Europa los haya convertido en
"recomendaciones" a las autoridades españolas para que mejoren la
protección de las lenguas regionales o minoritarias de España -es decir,
para que vayan todavía un poco más lejos de lo que Arteta y compañía ya
consideran demasiado lejos-.
Veamos un ejemplo. En el momento de ratificar la Carta, uno de los
compromisos que adquirió España fue el de garantizar que en las comunidades
autónomas donde se habla catalán / valenciano, gallego y euskera los
tribunales pudieran llevar a cabo los procedimientos en las lenguas
respectivas a requerimiento de una de las partes procesales. Cualquiera que
viva en una de las comunidades autónomas relevantes puede calibrar lo
fantástico del compromiso. Si ya es muy difícil que un juzgado se dirija a
uno en la lengua cooficial distinta del castellano, esperar que todo el
procedimiento se lleve a cabo en esa lengua es hoy por hoy un objetivo
simplemente inalcanzable. No es extraño, pues, que ése sea uno de los puntos
en que el Comité de Expertos observa una auténtica "brecha" entre
el compromiso contraído por España y su cumplimiento en la práctica. Y no
es extraño que el Comité de Ministros recoja la preocupación del Comité de
Expertos y recomiende a las autoridades españolas que tome las medidas
jurídicas y prácticas necesarias para asegurar que un porcentaje
"adecuado" del personal que trabaja en la Administración de
justicia en las comunidades autónomas relevantes "tenga un conocimiento
práctico de las lenguas pertinentes".
Después de la amonestación europea, las autoridades españolas tienen
ante sí la posibilidad de cerrar la brecha detectada por el Comité de
Expertos, empezando por Cataluña y por medio de toda una ley orgánica del
Estado cual será el nuevo Estatuto de autonomía de Cataluña. Según el
artículo 102 del texto remitido al Congreso de los Diputados, para ocupar una
plaza de magistrado, juez o fiscal en Cataluña, los candidatos "deben
acreditar un conocimiento adecuado y suficiente del catalán". Es posible
que este artículo, como muchos otros del proyecto catalán, no supere el
trámite parlamentario tal como está; lo que no sería de recibo es que,
ignorando la recomendación del Consejo de Europa, las Cortes no encontraran
la fórmula para que al menos un porcentaje "adecuado" de
magistrados, jueces y fiscales que ejerzan en Cataluña tenga un conocimiento
práctico de la lengua que comparte oficialidad con el castellano.
Garantizar que los ciudadanos que lo deseen puedan desenvolverse en su
lengua regional o minoritaria en sus relaciones con la Administración de
justicia es una de las preocupaciones del Comité de Expertos que vela por la
correcta aplicación de la Carta Europea de Lenguas Regionales o Minoritarias.
Una preocupación más general del Comité es que "sigue siendo necesario
crear conciencia en España acerca de las lenguas regionales o
minoritarias". El Comité lamenta en su informe que los medios de
comunicación españoles apenas presten atención a la diversidad
lingüística del país, y que la mayoría de la población de las comunidades
autónomas no afectadas no sea consciente de que España es un país
plurilingüe (es decir, que crea que España es un país monolingüe). Para
remediarlo, el Comité considera preciso "redoblar los esfuerzos para
educar a la población mayoritaria castellanoparlante y a los medios de
comunicación nacionales, con miras a fomentar una mayor aceptación y respeto
por las especificidades de las identidades regionales como parte integrante
del patrimonio español". Pues bien, en eso también tienen las
autoridades españolas un documento sobre la mesa que puede contribuir a
mejorar el sistema. Se trata de la proposición de ley presentada por el Grupo
Parlamentario de Esquerra Republicana "de protección y promoción de las
lenguas españolas distintas del castellano", que incluye entre las
medidas que debería adoptar el Estado la de difundir entre la población
española el conocimiento de la realidad plurilingüe de España. La propuesta
de Esquerra de convertir el catalán / valenciano, gallego y euskera en
lenguas oficiales del Estado puede parecer políticamente inoportuna: desde el
punto de vista catalán, interfiere de modo partidista en un objetivo
transversal del Gobierno tripartito citado explícitamente en el famoso pacto
del Tinell; desde el punto de vista español, plantea de golpe un objetivo
demasiado ambicioso si tenemos en cuenta las grandes reticencias que suscita
una medida tan modesta como el uso del catalán / valenciano, gallego y
euskera en el Congreso de los Diputados. Pero por más inoportuna que pueda
ser la propuesta de Esquerra no es la aberración que algunos han pretendido,
sino un punto de partida para una discusión finalmente ineludible que se
inscribe escrupulosamente en el mandato constitucional de respeto y
protección del patrimonio lingüístico español y en la misma lógica que
llevó a España a ratificar la Carta Europea de Lenguas Regionales o
Minoritarias en el año 2001 y a solicitar en el 2004 el reconocimiento
oficial del catalán / valenciano, gallego y euskera en las instituciones de
la Unión Europea.
Hay quien cree, como Aurelio Arteta, que la idea de mejorar las
posibilidades de uso del catalán / valenciano, gallego y euskera en las
instituciones del Estado (o en las de la Unión Europea) no tiene fundamento
alguno. Su divisa es que en lo concerniente al reconocimiento de esas lenguas
en nuestras instituciones estatales (o europeas) comunes lo que hay es lo que
debe haber. (De hecho, según él, tal como se lo oímos decir en Barcelona,
la situación del catalán / valenciano, gallego y euskera en 1975 es también
la que debía haber, por lo que las políticas de normalización lingüística
nunca deberían haber existido). Los que no hemos llegado a catedráticos de
Filosofía, pero recordamos de nuestras clases de juventud que un filósofo
que se precie no puede confundir lo que es con lo que debe ser, no compartimos
su visión de las cosas. Y sabiendo que quien gobierna España en este momento
tampoco es un adepto del inmovilismo, esperamos grandes cosas de esta
legislatura.
Albert Branchadell es profesor de la Facultad de Traducción e
Interpretación de la Universitat Autònoma de Barcelona y presidente de
Organización por el Multilingüismo.
http://www.om-plural.org/article.php?id=191
Multilingüismo. Plurilingüismo en el Congreso
A Manuel Marín, A. Pérez Rubalcaba y demás miembros del PSOE en el
Congreso, con afecto y respeto institucional.
La pretensión de reducir el plurilingüismo al Senado no tiene fundamento
en la política comparada de las democracias plurilingües.
Por Albert Branchadell y Ferran Requejo
La Vanguardia, 21/12/2005
En el debate sobre el estado de las autonomías (noviembre 2005) se oyeron
desde la tribuna de oradores del Senado el catalán/ valenciano, el gallego y
el euskera. Con el apoyo de todos los grupos parlamentarios excepto uno, se
aprobó una moción que alude a "hacer posible el uso de las lenguas
oficiales en todas las sesiones de la Cámara". En todo caso, el Senado
ya tiene la infraestructura (cabinas de interpretación e intérpretes) y un
feliz precedente de sesión plurilingüe para hacer realidad ese objetivo.
Feliz porque el debate discurrió con total normalidad. Y España no se
rompió. Más bien al contrario: permitir el uso de las tres lenguas
mencionadas sólo puede acercar a los ciudadanos que las hablan a las
instituciones políticas que las reconocen y, sobre todo, proporciona a estos
ciudadanos los mismos derechos lingüísticos de los que ya gozan los
ciudadanos de lengua castellana.
Las lenguas son bastante más que un mero vehículo de comunicación.
Incluyen aspectos relacionados con la autocomprensión y autoestima de las
personas. Y no hay ninguna razón moral para que el pluralismo lingüístico
no tenga también su expresión en el Congreso de los Diputados. Una Cámara
Baja plenamente plurilingüe situaría a España en línea con otros países
plurilingües, tanto del entorno de las democracias occidentales como de otras
regiones del planeta no menos significativas.
En Europa son paradigmáticos los casos de Bélgica y Suiza. En Bélgica,
neerlandés y francés se usan en igualdad de condiciones tanto en la
documentación y debates de ambas cámaras del Parlamento como en la
publicación de las leyes. Lo mismo cabe decir de las dos cámaras suizas
(Consejo Nacional y Consejo de los Estados), donde se hablan las tres lenguas
reconocidas: alemán, francés e italiano. También en el Parlamento de
Finlandia se emplean el finlandés y el sueco (lengua de sólo un 5% de la
población).
Todavía en Europa es interesante el caso de Macedonia, en cuya Asamblea
Nacional, tras los acuerdos de paz del 2001, se permite el uso del albanés, a
pesar de que la Constitución sólo reconoce al macedonio como lengua oficial
de la república. Fuera de Europa, el caso más conocido es el de Canadá,
donde francés e inglés son iguales en derecho tanto en la Cámara de los
Comunes como en el Senado. Pero hay otros casos menos conocidos, como el uso
habitual del quechua y del aymara en el Parlamento boliviano; del inglés y
del afrikaans en las dos cámaras de Sudáfrica; del inglés, hausa, igbo y
yoruba en el Parlamento federal de Nigeria; del amhárico, tigriña y oromo,
además del inglés, en Etiopía. Otros casos son el inglés y el maorí
hablados en el Parlamento de Nueva Zelanda, el inglés y el hindi en el
Parlamento bicameral de India; el singalés y el tamil en el de Sri Lanka, o
el caso de las islas Fiyi, cuyo Parlamento bicameral funciona en inglés, si
bien la Constitución reconoce el derecho a utilizar las lenguas fiyi e hindi.
En fin, lo ejemplos podrían seguir, pero basten los mencionados para poner de
manifiesto que en la regulación del plurilingüismo en las instituciones y en
la simbología del Estado,
España es una democracia todavía bastante atrasada. Es decir, una
democracia aún poco sensible a reconocer y proteger en sus símbolos e
instituciones su diversidad lingüística y nacional internas.
A veces se argumenta que el Senado, en tanto que cámara de representación
territorial, es el lugar apropiado para el uso de las lenguas oficiales
diferentes del castellano. Es un argumento falaz. Las lenguas las hablan las
personas, no los territorios. Y es el pluralismo (también lingüístico) de
los ciudadanos contribuyentes lo que se representa (hasta ahora
lingüísticamente mal) en las dos cámaras del Parlamento. La pretensión de
reducir el plurilingüismo al Senado no tiene fundamento ni en la política
comparada de las democracias plurilingües ni en consideraciones
liberal-democráticas. En los casos antes citados, mayoritariamente sistemas
parlamentarios bicamerales, el plurilingüismo suele practicarse en ambas
cámaras del parlamento. De hecho, las posibles diferencias apuntan incluso a
un menor grado de institucionalización del plurilingüismo en las cámaras
altas. Y en el caso español, hay además precedentes históricos. Ya en las
Cortes de la Corona de Aragón se hablaba en latín, catalán y aragonés.
El Congreso de los Diputados ha admitido recientemente a trámite una
proposición de ley, presentada por ERC, "de protección y promoción de
lenguas españolas distintas del castellano". En ella se prevé, entre
otras cosas, "disponer las medidas necesarias para permitir un uso normal
de todas las lenguas oficiales del Estado en los trabajos de comisiones y
plenos de las dos cámaras de las Cortes Generales". Más interinamente,
los reglamentos del Congreso y del Senado deberían incluir de una manera
amplia (sin estrategias cicateras) el uso de las cuatro lenguas en todos los
niveles de los trabajos parlamentarios. La salida que se dé a estas normas
legislativas ofrecerá un indicador objetivo de la credibilidad del Gobierno
Zapatero en regular el pluralismo lingüístico como una pieza clave dentro de
la más amplia y repetida noción de la España plural. Es una buena
oportunidad para alinear a nuestro país con los sistemas democráticos del
mundo más comprometidos con la acomodación de su diversidad lingüística
interna. O para hacerlo incluso mejor que ellos.
ALBERT BRANCHADELL, profesor de Filología Catalana en la Universitat
Autònoma de Barcelona.
FERRAN REQUEJO, profesor de Ciencia Política en la Universitat Pompeu
Fabra.
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