La oficialidad del guaraní. Cronología (contemporánea) mínima [2]
La Constitución Nacional de Paraguay de 1967 declara la oficialidad
única del castellano, pero reconoce que el guaraní es lengua nacional
y establece su protección y enseñanza:
Artículo 5. Los idiomas nacionales de la República son el
español y el guaraní. Será de uso oficial el español.
Artículo 92. El Estado fomentará la cultura en todas sus
manifestaciones. Protegerá la lengua guaraní y promoverá su
enseñanza, evolución y perfeccionamiento. Velará por la conservación
de los documentos, las obras, los objetos y monumentos de valor
histórico, arqueológico o artístico que se encuentren en el país, y
arbitrará los medios para que sirvan a los fines de la educación.
En 1970 el Ministerio de Educación de Paraguay (www.mec.gov.py) crea la Secretaría de Lengua y Cultura Guaraní.
En 1971 se crea la carrera de
Lengua Guaraní en el Instituto Superior de Lenguas, dependiente de la
Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción (www.una.py).
En 1981 Tadeo Zarratea publica Kalaíto Pombéro, la primera novela
escrita en guaraní.
En 1983 el Gobierno de Paraguay establece como
objetivo de la educación primaria que "el niño [...] desarrolle sus
facultades básicas de escuchar, hablar, leer y escribir en lengua
española; escuchar y hablar en lengua guaraní" (artículo 2 del
Decreto 38.454).
En 1984 la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Asunción
incluye el guaraní como materia obligatoria en sus programas docentes.
En 1992 la nueva Constitución del Paraguay reconoce formalmente que el
guaraní es lengua oficial del país, al mismo nivel que el idioma
castellano (artículo 140) y se establece la obligatoriedad de la educación
bilingüe, en castellano y en guaraní (artículo 77). De forma simbólica
se publica el texto constitucional en castellano y guaraní.
Artículo 140. DE LOS IDIOMAS
El Paraguay es un país pluricultural y bilingüe. Son
idiomas oficiales el castellano y el guaraní. La ley establecerá las
modalidades de utilización de uno y otro. Las lenguas indígenas, así como
las de otras minorías, forman parte del patrimonio cultural de la Nación.
Artículo 77. DE LA ENSEÑANZA EN LENGUA MATERNA
La enseñanza en los comienzos del proceso escolar se realizará en la
lengua oficial materna del educando. Se instruirá asimismo en el conocimiento
y en el empleo de ambos idiomas oficiales de la República. En el caso de las
minorías étnicas cuya lengua materna no sea el guaraní, se podrá elegir uno
de los dos idiomas oficiales.
En 1993 el Ministerio de Educación de Paraguay (www.mec.gov.py) crea la Comisión Nacional de Bilingüismo, para la
introducción de la educación bilingüe en todos los niveles.
En 1994 se inicia el Programa de Educación Bilingüe para el primer
ciclo del nivel primario. Gradualmente, irá escalando año tras año.
En 1995 Wolf Lustig, desde Alemania, publica en internet Guarani Ñanduti
Rogue (Página Guaraní de la Red), el primer sitio de la red acerca del
idioma guaraní y de la cultura que le rodea.
En 1997 empieza un auge extraordinario de publicaciones en guaraní y
sobre el guaraní (poesías, narraciones, dichos, diccionarios, gramáticas,
métodos de aprendizaje, etc.).
(Previsión) Mediados de 2005: presentación del primer portal
gubernamental paraguayo bilingüe (castellano-guaraní).
La no articulación política y social de la demanda de "más
guaraní", "en guaraní", "mejor guaraní"
Lo que más sorprende de la actual situación del guaraní es que la
demanda a favor de la lengua no está articulada ni social ni
políticamente, como mínimo de la forma en que se han articulado social y
políticamente las demandas de lenguas en condiciones similares en
Europa, Canadá y Nueva Zelanda. No existen organizaciones sociales o
cívicas que tengan como principal o único objetivo promover el uso y la
real oficialización/estatalización de la lengua.
Los partidos políticos no han articulado la cuestión
de la lengua ni han hecho de este un tema político o incluso partidista. El
tema del guaraní está au-dessus de la mêlée, no por un pacto
explícito de no politizar ni partidizar la lengua –aunque todo el mundo
coincide en que la lengua es de todos y que no debe ni debería
patrimonializarse–, sino porque las propias elites políticas, individual y
colectivamente, son conscientes de estar en falso ante este tema. Y ello por
las siguientes razones:
Frecuentemente no dominan la lengua o, directamente, ni la hablan ni
la entienden.
Sus apoyos políticos y económicos -los poderes fácticos- vienen de
sectores que no están interesados por la lengua y para los cuales esta
es más un estorbo que un motivo de interés.
Los hablantes monolingües de guaraní no forman parte de las elites
políticas.
No hay un consenso cerrado y definitivo sobre el modelo de la lengua.
Esta falta de articulación política y social de más
guaraní, en guaraní y mejor guaraní puede explicarse por
múltiples factores:
No hay una clase dirigente en las esferas política, económica
o intelectual que haya hecho de la promoción de la lengua una prioridad
política, intelectual y/o social. (Cabe señalar, en positivo, que el
actual presidente de la República del Paraguay, Nicanor Duarte Frutos,
habla guaraní y que algunas de sus alocuciones son en esta lengua.
Podría convertirse en un elemento dinamizador de la lengua. Por el
contrario, muchos miembros del Gobierno paraguayo no hablan ni entienden
el guaraní.)
En Paraguay-Asunción, donde se concentra el poder político,
económico e intelectual del país, reside la mayor parte del 8 por
ciento de paraguayos que goza de altas rentas de ingresos y que no
hablan guaraní. Este segmento de la población no tiene ningún
interés en la lengua nacional y tiene sus puntos de referencia en
Madrid, Washington y, en menor medida, en Buenos Aires y Brasilia.
La gran masa de hablantes de guaraní no tiene poder político ni
económico. En este contexto, no es capaz de generar de forma autóctona
y absolutamente autónoma un discurso intelectual favorable a la
promoción de la lengua. La presencia de los hablantes de guaraní en
los medios de comunicación capitalinos es nula o casi nula. Demandas
acuciantes de los hablantes de guaraní, principalmente población
rural, tales como una reforma agraria que solucione o palie las enormes
desigualdades sociales del país, educación, seguridad ciudadana,
empleo o sanidad para todo el mundo no ha sido atendidas de forma
satisfactoria, ni en el pasado ni en el presente, por el Gobierno.
La opción mayoritaria de la población a los problemas
económicos y sociales del país es la emigración. Sólo en Argentina
se calcula que viven más de un millón de paraguayos. En este contexto,
la gente percibe al guaraní, el esfuerzo dedicado a su enseñanza o a
su aprendizaje como un lastre; quieren asegurarse de que dominan bien el
castellano –cosa que no sucede obviamente con el 30 por ciento de la
población que sólo habla guaraní– para que no se les pueda
ridiculizar en ninguna parte por su imperfecto dominio del castellano
(lo cual a menudo sucede igualmente, pues el castellano de cada país
tiene modismos que son percibidos como extraños en otros países de
lengua castellana). La posibilidad de dominar ambas lenguas y que esto
sirva de base para la adquisición de una tercera o una cuarta lengua,
no está suficientemente consolidada en el imaginario social paraguayo,
que cree que el uso de dos lenguas ha de evolucionar hacia la mezcla de
ambas –el ejemplo del jopara (léase "yopará") no
contribuye en nada a deshacer esta creencia– y a un deficiente
conocimiento de ambas, llegando incluso a perjudicar la adquisición de
otros conocimientos o el desarrollo de las capacidades cognitivas.
El nacionalismo paraguayo, que se nutre del martirio de la Guerra de
la Triple Alianza (1864-1870) y de la gesta de la Guerra del Chaco
(1932-1935), no ha llevado –a pesar de que ambas guerras fueron
conducidas y peleadas mayoritariamente en guaraní– a ninguna parte en
lo que se refiere a la lengua. En una especie de permanente esquizofrenia
nacional, la lengua guaraní ni siquiera ha obtenido una recompensa
simbólica, como sería su presencia en las instituciones del Estado.
El discurso lingüístico paraguayo es muy pobre. La cultura
lingüística de los ciudadanos y de las elites políticas e
intelectuales sobre los procesos de normalización lingüística de
otros países es nula o casi nula. Los conocimientos socializados
sobre los procesos históricos que han vivido otras lenguas del mundo es
muy bajo. Todo el conocimiento se basa en prejuicios extralingüísticos
y generalidades que pueden resumirse así:
- El castellano tiene prestigio.
- El portugués (que "nos invade" por el este) tiene
prestigio.
- El guaraní más genuino es algo rural, exótico y lejano: indio.
- El guaraní de la escuela es una invención alejada del
guaraní real y de la vida cotidiana.
- El jopara es una mezcla (de castellano y guaraní) y por
ello no tiene prestigio, pero "es el guaraní más
auténtico".
- Las demás lenguas paraguayas (ayoreo, zamuco...) no tienen
prestigio y es como si no existiesen.
- El inglés tiene prestigio y debemos promoverlo y aprenderlo.
- El alemán, el japonés o el coreano están bien para los
alemanes, los japoneses o los coreanos paraguayos.
No se ha articulado ningún discurso nuevo sobre el valor de la
lengua, sobre su valor económico para proteger y fortalecer la
economía del país, o sobre la creación de una "marca
guaraní" de turismo que tenga en la singularidad lingüística y
cultural del Paraguay su mayor baza. Lemas posibles, enraizados en la
tradición propia, para promocionar el Paraguay en el mundo podrían
ser: "Ñande yvy" (Nuestra tierra), "Yvy porã"
(Tierra linda) o "Yvy guarani" (Tierra guaraní).[3]
Existen algunas dudas, muy pocas, sobre la ortografía de la lengua.
Visto desde fuera y con una visión política y no filológica, fue un
error dotar al guaraní de letras inexistentes en castellano y
portugués (las dos grandes lenguas regionales) y que no pudiesen
escribirse con un teclado "latinoamericano", pues esto ha
dificultado –al no existir teclados para el guaraní– su escritura y
popularización. Estas dudas se magnifican para entorpecer y negar la
normalización del guaraní.
Existe un intenso debate, nada inocente, únicamente basado en los
prejuicios y en la voluntad de impedir la normalización del guaraní,
sobre el modelo de lengua. Por un lado están los partidarios del jopara
–la mezcla anárquica de castellano y guaraní que todo lo admite, de
tal forma que cualquier hablante puede añadir más palabras castellanas
con un sufijo en guaraní si desconoce la palabra en guaraní– y, por
otro, los partidarios de un guaraní basado en la tradición de la
lengua, en la creación de neologismos y la aceptación de algunos
vocablos castellanos convenientemente adaptados al guaraní. El
periódico ABC Color es un claro exponente de la apuesta por el jopara.[4]
Los contrarios al jopara –entre los cuales se alinea el autor de este
artículo– no cuentan, dentro de Paraguay, con el caudal necesario de
información lingüística comparada para desautorizar con firmeza y de
forma tajante la apuesta por el jopara ("el jopara que
hablamos"); ni siquiera conocen casos como el del criollo de Haití[5]
y su nulo uso y prestigio institucional, que ha redundado en un mayor
prestigio para el francés... a pesar de ser el criollo lengua oficial
en Haití. El Ministerio de Educación y Cultura (www.mec.gov.py) ha
optado por un modelo de lengua culta –lo que permitirá que algún día
el guaraní se convierta en una lengua de Estado–, pero sin la
desactivación previa de sus opositores, sin una intensa campaña de
explicación de su opción por este modelo de lengua, sin una formación
suficiente del personal docente en el guaraní culto y sin contar con
apoyos en los medios de comunicación y entre los intelectuales para
difundir el modelo de lengua escogido, lo que ha provocado una gran
oposición e incluso rechazo. Esta situación debería corregirse de
forma perentoria.
No hay tradición de usar el guaraní como lengua de cultura, como
lengua de Estado, como lengua de la Administración, como lengua de la
economía, ni siquiera en determinados contextos sociales y ámbitos
formales: populares o elitistas. Y lo peor de todo es que tampoco se
plantea o no se planteaba hasta hace muy poco que el guaraní entrase en
estos ámbitos. El hecho de que el guaraní tuviese estas funciones en
la época de las reducciones jesuíticas (1606-1767) no es ninguna
ventaja ni tiene ninguna repercusión sobre el discurso social y oficial
actual sobre la lengua.
La introducción, en 1994, del guaraní en el sistema educativo –enseñanza en la lengua y enseñanza de la
lengua– se hizo tal vez de
forma precipitada, sin suficiente transparencia y sin que el cuerpo
docente estuviese suficientemente preparado ni en la metodología ni en
el modelo de lengua ni en la enseñanza del guaraní o el castellano
como L2 y mucho menos en la enseñanza de determinadas materias en
guaraní. (Nota. De forma general el profesorado paraguayo –todas las
materias comprendidas– tiene una muy baja formación y las
infraestructuras, especialmente en el interior del país, son pésimas
en cosas elementales, lo cual por desgracia dificulta notablemente todo
el proceso educativo con independencia de la lengua usada.)
La utilidad del guaraní
La gran batalla relacionada con la lengua que se dará en el
futuro en Paraguay será la batalla por la definición de la utilidad de la
lengua en la vida política, económica y social. Los partidarios de su real
oficialización deberán construir, importar, adaptar, difundir y propagar
socialmente un discurso que explique –un discurso que debería convertirse
en mayoritario si quiere normalizarse la lengua– la necesidad y la utilidad
de promover e invertir en el uso del guaraní.
Muchos de los argumentos que se han usado para
promover el galés, el euskera (vascuence), el romanche, el catalán o el
maorí, además de muchas otras lenguas, serán útiles en este debate que
se generará en la sociedad paraguaya. Los argumentos usados para estas
lenguas serán útiles para el guaraní porque son lenguas que conviven y compiten
con lenguas de uso internacional como el inglés o el castellano. Pero
además porque algunas de estas lenguas comparten con el guaraní otras
características, como veremos más adelante.
El guaraní puede usar la experiencia del catalán y
de otras lenguas, pero es de la experiencia de lenguas como el galés, el
euskera, el finés o el maorí, con las que comparte muchas
características, de las que puede aprender experiencias, cercanas en el
tiempo, para su normalización y modernización.
En los siguientes párrafos veremos cuáles son las
características más relevantes del guaraní.
La distancia lingüística existente entre la lengua a normalizar
–el guaraní, pero también las demás lenguas paraguayas– y la lengua dominante
en la vida política, económica y administrativa, el castellano, es enorme.
Es la misma distancia que puede existir entre el euskera y el castellano o
entre el galés y el inglés.
Existen bolsas de población pertenecientes al mismo grupo nacional que
el resto de la población que desconocen por completo el guaraní. En el
caso del Paraguay, la proporción de extranjeros –de primera o más
generaciones– entre este grupo de ciudadanos es muy importante. También
existen diferencias y prejuicios raciales y económicos hacia la población
que sólo habla guaraní.
No está consolidada la idea de que la paraguayidad implique conocer y
usar el guaraní. Se discute si la condición de paraguayo incluye en su
definición el conocimiento y el uso del guaraní. El debate es de baja
intensidad, pero existe. En este momento la idea predominante, que beneficia
a las elites dirigentes del país, es que se puede ser paraguayo sin saber
hablar en guaraní ni entenderlo. Esta concepción se expande desde las
ciudades, que son un foco de rápida castellanización y sustitución del
guaraní.
El guaraní adolece de la falta de una larga e ininterrumpida tradición
escrita, tal como tienen las lenguas con las que se compara: castellano,
inglés, alemán, japonés o portugués. Esto acompleja a sus usuarios, que
tienen la sensación de hablar una lengua ágrafa, a pesar de que algunas
lenguas europeas empezaron a escribirse en la misma época en que se
redactaban las primeras gramáticas en guaraní. En este campo, como en
otros muchos, es crucial difundir una mínima cultura lingüística
comparada entre la población paraguaya. La diferencias existentes y
visibles entre el guaraní de los pueblos con un modelo de vida tradicional,
el guaraní jesuítico y el actual "guaraní paraguayo" no hacen
más que acrecentar esta sensación de "lenguas diferentes" a
pesar que la evolución histórica del guaraní es comparable a la que ha
tenido el inglés o el castellano.
El guaraní no tiene la necesidad de crear una koiné lingüística
supradialectal artificial, pues la lengua es muy homogénea en todo el país
y en todo su ámbito territorial. En Bolivia durante un tiempo se usó una
ortografía diferente de la de Paraguay, pero la tendencia actual es usar la
misma que se usa en Asunción-Paraguay. Por lo que respeta a Argentina (la
provincia de Corrientes declaró oficial el guaraní en octubre de 2004,
pero esta declaración carece todavía de aplicaciones prácticas y no se
tiene la seguridad de que la ley no sea recurrida y finalmente rechazada) y
el Brasil, no está claro qué modelo de lengua van a adoptar. En el caso
argentino, el hecho de que casi un millón de paraguayos emigrados vivan en
el país (concentrados en el Gran Buenos Aires y otras grandes ciudades
argentinas) y hablen guaraní, quizás puede tener algún tipo de influencia
en el modelo de lengua escogido.
El ámbito territorial de la lengua. El guaraní comparte con otras
lenguas el hecho de que se habla en más de un Estado. El guaraní se habla
y tiene cierto reconocimiento legal en Bolivia, Argentina y Brasil.[6] No se
sabe qué influencia podría tener la normalización del guaraní en
Paraguay sobre la lengua en estos países ni la actitud que adoptarían los
respectivos gobiernos. Hasta el presente sólo Bolivia, con cierta
tradición, ha trabajado o permitido una cierta promoción de la lengua. En
el caso de Brasil y de Argentina todo es muy incipiente.
Nombre. La lengua no tiene un nombre problematizado, como sucede con
otras lenguas. Pero existen varias denominaciones que conviven con más o
menos fuerza: guaraní, avañe'ẽ y paraguaiñe'ẽ.
Guaraní es la forma más extendida y usada y es como se nombra mayoritariamente
la lengua en Paraguay, y como ésta es conocida internacionalmente. Avañe'ê
("lengua del hombre") es la forma tradicional y popular de nombrar la
lengua. Paraguaiñe'ê ("lengua del Paraguay") sería un neologismo,
todavía sin tradición, construido sobre el modelo de otras lenguas con el
objetivo de identificar país y lengua. Esta pluralidad de nombres puede
observarse en el propio título del presente trabajo.
Por otra parte, el nombre del castellano en guaraní es disputado. La
forma tradicional es karaiñe'ẽ ("lengua del señor", en una clara
referencia a los conquistadores de lengua castellana), pero hay partidarios
de que se denomine castellano o español o lengua de Castilla o
lengua de España convenientemente adaptado al guaraní, y es aquí, en la forma de
acometer la adaptación, donde hay disputas.
Al igual que otras lenguas, el guaraní tiene la necesidad de crear
numerosos neologismos para entrar en la vida moderna y convertirse en una
lengua de Estado. De hecho, durante la época de las reducciones jesuíticas
ya hubo un proceso ingente de creación de neologismos; el problema es que
los neologismos de aquella época se crearon básicamente para la religión
y no para la administración de un Estado, y menos de un Estado del siglo
XXI. Asimismo, frustrada la experiencia de las reducciones a finales del
siglo XVIII, durante casi 250 años no ha habido ningún intento serio de
crear nuevos neologismos en guaraní y se ha optado, hasta el presente más
inmediato, por la vía fácil de incrustar vocablos del castellano en el
guaraní hablado. Por otra parte, las mismas personas que están interesadas
en la normalización del idioma tienen enormes dudas sobre la utilidad, la
viabilidad y la oportunidad de introducir neologismos. El contexto es muy
complejo: los partidarios del guaraní en la Administración estatal son
débiles políticamente, y la inmensa mayoría de la población que habla
guaraní no está en contacto con la realidad en la que se crean y usan los
neologismos, de tal forma que los sienten extraños al genio y al corpus de
la lengua. Por el contrario, los que se oponen a los neologismos están
atrincherados, por razones ideológicas, en el jopara o pertenecen a la
minoría que no habla la lengua. El Ministerio de Educación y Cultura
trabaja en la elaboración de neologismos, pero sin que éstos sean
utilizados en la vida cotidiana y estén presentes en las actuaciones del
Estado, por lo que no llegan a difundirse entre la población y los
escolares los rechazan. Es una prioridad visualizar, en el contexto
adecuado, los neologismos para afianzar su conocimiento y uso.
Otra de las características que comparte el guaraní con otras lenguas
es la "debilidad psicológica", la falta de confianza y autoestima
de sus hablantes y de sus avaladores. Los hablantes de guaraní –sean
campesinos, académicos, empresarios, funcionarios del Estado o extranjeros–
arrastran, como mínimo de forma intermitente, algunas veces de forma
consciente y otras de forma inconsciente, enormes dudas sobre la viabilidad
de la lengua, sobre lo que están haciendo, sobre la mejor forma de abordar
los retos existentes, sobre las prioridades, sobre el sentido último de su
trabajo. Se preguntan si el guaraní va a sobrevivir en el futuro y, si la
respuesta que se da es negativa, el interrogante que se sigue es: ¿vale la
pena batallar por una "causa perdida"?. Estas dudas, sobre todo,
dificultan enormemente cualquier esfuerzo sostenido y unitario a favor de la
lengua. Es un velo fino pero permanente de pesimismo que empaña cualquier
avance. A esto debe de añadírsele la falta de visión estratégica de
muchos lingüistas que están más preocupados por discusiones de matiz y de
detalle que en elaborar un plan general de desarrollo para la lengua,
asumiendo que se cometerán errores pero que es necesario aceptarlos porque
la lengua está dando tal vez su última batalla para normalizarse.
Las urgencias del guaraní
El Gobierno paraguayo, y la sociedad paraguaya en general, deberán
acometer en un breve espacio de tiempo –no más de diez años– una serie
de tareas que pueden denominarse urgentes y que servirán, de cara a la
población paraguaya y de cara a la sociedad internacional, de demostración
palpable de su real compromiso con el guaraní. De no acometerlas, no sólo
el compromiso del Gobierno del Paraguay con el guaraní no será creíble,
sino que además el propio futuro de la lengua quedará en entredicho.
De forma genérica, al cabo de diez años de guaraní
en la escuela, la tarea más urgente es dotar la lengua de valor económico.
Los escolares que han estudiado guaraní y en guaraní durante los últimos
diez años, así como sus padres e incluso sus profesores, necesitan ver que
el guaraní (el guaraní escolar) tiene valor en el mercado laboral
paraguayo, que es un bien demandado, útil y que sirve no sólo para ganarse
la vida, sino también para progresar socialmente. Tienen que comprobar que
el guaraní escrito y oral impulsado por el Ministerio de Educación y
Cultura es válido y valioso. No puede demorarse ni un minuto más la
consecución de este objetivo:
Hay escolares que ya han salido del sistema escolar o que están a
punto de salir de él. Si estos escolares no encuentran valor, en el
mercado laboral, al guaraní, las promociones que les siguen lo
percibirán y se rebelarán contra el guaraní por "inútil".
No se ha dado, hasta ahora, ningún paso en la creación del valor
económico del guaraní.
El guaraní no se ha asociado, hasta ahora, a la modernidad y al
poder.
Si el guaraní tiene valor económico, esto animará al segmento de
escolares que quieren seguir estudios superiores a pedir "más y
mejor" guaraní en su formación, lo que debería permitir en pocos
años tener una mínima clase universitaria paraguaya con un buen
dominio del guaraní, que a su vez podrían exportar a las
organizaciones y a las instituciones donde se enrolen.
El modelo de lengua del Ministerio de Educación y Cultura ha sido
severamente criticado. Hay que demostrar que es útil y que será el
único guaraní que se usará en la administración y en la vida
económica, de cara a acallar a los que apuestan por el jopara como una
estrategia contraria al guaraní.
Para acometer la valorización económica del guaraní
hay una gran cantidad de cosas prácticas que deben hacerse. Una de muy
importante es que el guaraní debe de ser exigido como un requisito
imprescindible para el acceso a la Administración estatal, a la
Administración local y provincial, a los medios de comunicación –como
mínimo los de titularidad pública–, así como en todos aquellos servicios
prestados al público en general.
No obstante, hay otras muchas propuestas y necesidades posibles y
necesarias.
Propuestas en el ámbito simbólico
Uso del nombre del Estado en guaraní, "Paraguái" y
"Tetã Paraguái". La denominación en guaraní puede ser la
única usada por la Administración paraguaya o puede usarse, siempre en
primer lugar, al lado de la versión castellana, "Paraguay" y
"República del Paraguay".
Introducción del guaraní en los billetes y monedas (en todos sus
elementos y no sólo en el valor, como sucede hoy), en los sellos de
correos y en todos los documentos de identificación personal (cédula
de identidad civil –actualmente en castellano e inglés–, pasaporte –hoy
en castellano, portugués e inglés–, etc.). El pasaporte Mercosur
debería incluir el guaraní en todos los países que lo adoptasen, tal
como sucede con el pasaporte de la Unión Europea, que incluye las
lenguas oficiales de todos los Estados miembros.
Uso de una denominación en guaraní de todas las vías públicas
(calles, plazas, avenidas, etc.).
Uso y oficialización de la forma guaraní de los topónimos
guaraníes con ortografía castellana o traducción castellana.
Desarrollo de una normativa sobre la obligatoriedad de usar como
mínimo una denominación en guaraní en los rótulos y luminosos de las
empresas, comercios y tiendas.
Fijación de un protocolo de actuación en todos los servicios de
atención al ciudadano de la Administración paraguaya para que la
primera lengua que se usase desde la Administración al dirigirse al
ciudadano fuese el guaraní, de modo que si este quisiese, pudiera
seguir la conversación en guaraní.
Introducción del guaraní en todos los formularios e impresos de
la Administración estatal y municipal.
Cambio de la imagen corporativa de la Administración paraguaya,
asignando un nombre en guaraní a cada organismo administrativo y a
todas y cada una de sus unidades y subdivisiones.
Uso de una denominación en guaraní de las empresas estatales.
Uso del guaraní en el etiquetaje de todos los productos
comercializados en el Paraguay e información disponible en guaraní en
todos los servicios prestados en el Paraguay.
Fijación de cuotas de emisión en guaraní en los medios de
comunicación audiovisual públicos y privados. Todo tipo de programas y
todas las franjas horarias deberían incluir el guaraní. Los deportes,
especialmente el fútbol y los partidos de la selección nacional,
debería retransmitirse –por su trascendencia– únicamente en guaraní.
Fomento del uso de nombres personales en guaraní por parte de la
población. (Es curioso que el primer líder político de renombre en
usar un nombre en guaraní sea el presidente del Uruguay, Sr. Tabaré
Vázquez Rosas.)
Usar figuras mediáticas (futbolistas, cantantes, actores de cine,
reinas de la belleza) para que hagan promoción del uso del guaraní en
el marco de campañas públicas dirigidas a fomentar el uso de la lengua
en ámbitos donde hoy en día no es usual.
Marco general: elaboración de discurso
Elaborar y difundir un discurso ideológico desde los medios de
comunicación públicos y privados y las instituciones estatales favorable a
la normalización del guaraní y que permita combatir los prejuicios
existentes contra la lengua.
Explicar las experiencias lingüísticas de otros Estados y otras
lenguas y su aplicación al caso paraguayo y al guaraní.
Elaborar un nuevo discurso ideológico que explique claramente que la
promoción del guaraní no implica el abandono del castellano como lengua
internacional y nacional de Paraguay y que es un objetivo del Gobierno
paraguayo que todos los ciudadanos conozcan adecuadamente ambas lenguas y
una tercera lengua internacional.
Crear una institución académica oficial encargada de la normativa de
la lengua guaraní.
Elaborar y difundir discurso ideológico desde los medios de
comunicación públicos y privados y las instituciones estatales sobre la
necesidad de apostar por un modelo de lengua culto (no el jopara) y la
necesidad de que lo adopten todos los actores sociales, empezando por los
medios de comunicación.
Establecer convenios con Bolivia, Argentina y Brasil sobre la
protección, promoción, difusión, enseñanza y normativa de la lengua
guaraní.
Necesidades técnicas básicas
Pactar, en el marco de MERCOSUR, un teclado de computadora válido
para el castellano y el portugués y que incluya además todas las letras
del guaraní. Es una necesidad técnica perentoria. (El teclado podría
convertirse en un nuevo estándar sudamericano que también podría tener en
cuenta las necesidades del quechua, el aymará y el mapuche.)
Elaborar diccionarios y correctores ortográficos electrónicos en
guaraní para permitir su entrada en la vida administrativa, económica y
social. La existencia de interfaces en guaraní no es una prioridad. (El
debate está entre programas libres o Microsoft.)
Preparar clases de guaraní en los medios de comunicación para todos
los niveles.
Fomentar la creación de redes sociales, con apoyo público y privado,
para el aprendizaje del guaraní (escrito y oral) por parte de la población
adulta que no lo conoce o no lo conoce suficientemente.
Congreso de los Diputados y Senado
Elaboración de las páginas web en castellano, guaraní e inglés.
Publicación de las leyes, a dos columnas, en guaraní y castellano.
Fomentar las intervenciones en guaraní durante los debates
parlamentarios de los miembros de ambas cámaras.
Difusión, en los medios de comunicación públicos y privados, de las
leyes aprobadas en guaraní y castellano.
Simplificación del modelo de lengua (administrativa, política,
legal) en castellano y creación de un modelo de lengua administrativo en
guaraní sin reproducir el modelo barroco del castellano.
Fomentar las intervenciones de los portavoces de los grupos
parlamentarios en guaraní.
Karai Tendota
Uso, en todas sus intervenciones, del guaraní y del castellano. Uso
de párrafos íntegros, sin mezcla de lenguas, en ambas lenguas. Uso de un
guaraní culto con voluntad de convertirse en lengua de Estado.
Uso del guaraní en sus intervenciones institucionales en el
extranjero. Uso de la lengua como un signo de identidad paraguaya y de
orgullo americano.
Uso por parte de todos los ministros, y de las principales
magistraturas del Estado del guaraní, escrito y oral, en todos los actos
oficiales.
¿Y los extranjeros, qué pueden hacer?
¿Qué queremos todos (los extranjeros) en la promoción del guaraní y
de otras lenguas?
Un día, en el transcurso de una charla informal en Vic, Wolf Lustig dijo
de forma sintética y muy acertada: «El guaraní viene [a Paraguay] de
Europa». Esta lapidaria sentencia nos debería poner a todos en alerta
porque pone de manifiesto una intuición que señala que probablemente hay
más interés –o este es más visible y más ruidoso– por el guaraní y su
normalización en Europa que en el propio Paraguay. Deberemos saber cuánto
hay de cierto en la sentencia. Tal vez descubriremos que la observación de
la realidad paraguaya debe matizarse y que la afirmación no es cierta y que
simplemente los paraguayos necesitan un impulso exterior para valorizar lo
que tienen. A modo de ejemplo, quien ha conocido la España de los últimos
40 años podrá sin ningún tipo de duda afirmar que la influencia
extranjera ha tenido una tremenda y positiva influencia en la modernización
del país y en el asentamiento de la autoconfianza del país y de sus
conciudadanos. Tal vez con el guaraní pase algo similar. Tal vez los
paraguayos necesiten que alguien se interese por su lengua y por su
singularidad lingüística para convencerse de su importancia para ellos,
para su país, para América Latina y para el mundo.
Nadie puede dudar –las cosas tienen que plantearse
claramente– de que en algunos países de Europa, principalmente en las
democracias plurilingües, hay un cierto deseo de intervenir o de exportar
su modelo de percepción y gestión de la diversidad lingüística a otras
partes del mundo como su personal contribución a la consolidación
democrática y a la justicia social en Estados emergentes y al mismo tiempo
como una forma de exportar know-how tecnológico (lingüístico). Este deseo
emergente pero cada vez más visible es constatable en España, Finlandia,
Bélgica, Suiza y Canadá.
Los europeos, los extranjeros, expertos en gestión
lingüística antes de prepararse para intervenir en el debate sobre la
utilidad del guaraní y de diseñar estrategias para su promoción, cosas
para las que están sobradamente preparados debido a su larga experiencia de
generación de discurso y de gestión lingüística, tienen que preguntarse
honestamente –y muy especialmente los extranjeros interesados en la
situación lingüística paraguaya, que es el caso que nos ocupa– por las
posiciones y los intereses en juego de todos los actores comprometidos con
el futuro de la lengua: actores locales y actores extranjeros.
Es evidente que deberíamos analizar con mayor detalle
las motivaciones e intereses de los actores paraguayos interesados en la
promoción o en la postergación del guaraní, pero el hecho que de forma
intuitiva –conociendo la realidad histórica, demográfica, social y
económica del país– podamos visualizarlos de forma immediata hace posible
postergar su análisis y más urgente y necesario investigar en las
motivaciones de los demás actores, los extranjeros, implicados en el tema.
Esta tarea es urgente y necesaria para deshacer
ambigüedades y posibles malentendidos y arrancar de cuajo cualquier atisbo
de sospechas de injerencias extranjeras ilegítimas que podrían
impedir o malograr cualquier trabajo posterior. Debe de evitarse, a toda
costa, dar munición a los detractores del guaraní. Hay que clarificar el
campo de juego y acometer con rigor y sinceridad el análisis de la
pregunta: ¿Qué intereses ocultos o manifiestos están
exportando/proyectando los extranjeros sobre el guaraní y sobre Paraguay?.
Y una vez formulada la pregunta y hallada una respuesta, explicarla de forma
convincente a los paraguayos en la misma tarea de normalización y
estatalización del guaraní.
Obviamente también sería útil, en el marco de las
preguntas sinceras, conocer cuáles son los sentimientos reales del Gobierno
del Paraguay y de los hablantes de guaraní hacia su lengua y saber qué
desean para el guaraní. Aunque es justo reconocer que esta segunda
cuestión nos plantea un dilema moral: en el caso de que los hablantes de
guaraní no deseen para la lengua una real normalización y estatalización,
¿deberemos aceptarlo?. ¿Sí, no?. ¿Por qué?. La respuesta del autor es
clara: un posible rechazo hacia el guaraní por sus propios hablantes no es
más que un reflejo de las desigualdades históricas y presentes de la
sociedad paraguaya, de la postergación de la lengua, y no debe ser aceptado
bajo ninguna condición a menos que se quiera aceptar y consolidar la
injusticia histórica y presente. El posible rechazo del hablante de
guaraní a su propia lengua es un escenario conocido de víctima
victimizada, alguien que asume la violencia de la que ha sido objeto por
algún tipo de tara, falta o defecto consustancial a ella misma en vez de
responsabilizar de la violencia al agresor.
Cooperación internacional al desarrollo lingüístico
Los actores interesados en la cooperación lingüística internacional
(entendida como la promoción real y efectiva de lenguas y culturas que no
lo han sido hasta la fecha, con el objetivo de asegurar su supervivencia y
no sólo la descripción y catalogación que tanto se ha practicado en el
mundo académico) deberá construir su propio argumentario –una vez haya
clarificado y publicitado sus intereses– para convencer a los países y a
las lenguas que pueden percibir este proceder como una amenaza a sus
intereses globales (los intereses del castellano, el inglés, el árabe...)
de la necesidad de proceder de esta manera hacia las demás lenguas, en este
caso hacia el guaraní y las demás lenguas paraguayas. Y, al mismo tiempo,
deberá generarse discurso y elaborarse argumentario para convencer a los
hablantes de lenguas que han sido perseguidas y negadas durante siglos que
esta visión ha cambiado y que ahora, de forma sincera, queremos asegurar la
supervivencia de sus lenguas. Esta tarea debería ocupar a los teórico de
la cooperación al desarrollo lingüístico de forma prioritaria durante los
próximos años.
Un ensayo de respuesta a la legitimación de la cooperación
al desarrollo lingüístico en el Paraguay y en el mundo podría empezar
diciendo algo tan simple como que es obvio que existen otras muchas materias
(lucha contra la esclavitud, defensa de los derechos humanos, defensa de los
derechos de la mujer, defensa de los derechos de los niños, protección del
medio ambiente, promoción del buen gobierno y de la calidad democrática,
lucha contra la ablación del clítoris, lucha contra la explotación sexual
y/o laboral de la infancia, etc.) en las que las democracias occidentales se
han sentido y se sienten legitimadas para intervenir o influir en otros
países, a pesar de las dudas iniciales que pudo haber cuando estos temas
surgieron y se plantearon en la arena política. En todos estos casos hubo y
ha habido largos e intensos debates que han terminado por aceptar la
intervención internacional en otros países.
En el caso de la cooperación al desarrollo
lingüístico estamos en la fase inicial, aunque contamos con valiosos
precedentes de protección de minorías lingüísticas por parte de la
Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) (www.osce.org)
y de las Naciones Unidas. El paso siguiente no es sólo proteger a las
minorías que corren un riesgo cierto de ser discriminadas, sino también
intervenir para animar a comunidades lingüísticas que no han articulado,
las más de las veces en un contexto de pobreza, discriminación y
marginación, sus demandas culturales y lingüísticas, a que lo hagan e
intervenir en la normalización de sus lenguas. Los retos intelectuales y
prácticos que plantea este tema son enormes y en él se inscribe de lleno
el tema de los movimientos migratorios y los derechos culturales y
lingüísticos de los migrantes, el tema de los desplazados, la
naturalización –el tiempo mínimo histórico exigido– para reconocer
determinados derechos a determinados colectivos inmigrantes o desplazados.
Tal vez el siglo XXI, con la ayuda única e
inestimable de las nuevas tecnologías, permita afrontar este reto y
encontrar soluciones nuevas y justas a problemas antiguos. La aprobación
del leyes favorables a las libertades individuales, la creación del Estado
del Bienestar, o la aprobación de la Convención contra las Minas
Antipersona, son gotas de agua de optimismo en un mar de pesimismo sobre el
futuro del planeta que nos permiten albergar ciertas esperanzas para el
guaraní, para el entendimiento entre lenguas y culturas y para el mundo.
Y para terminar, otra reflexión de Wolf Lustig: «Si no hemos sido capaces de recuperar el irlandés o las lenguas
diferentes del francés en Francia, en el corazón de la rica Europa, ¿qué
nos hace pensar que podamos triunfar en la normalización de una lengua como
el guaraní en un país pobre?». La pregunta es incómoda. La
respuesta, incierta. Pero la batalla perdida es la que no se da.
[1] ¡Levantemos todos juntos el guaraní!.
[3] La Secretaría Nacional de Turismo ( www.senatur.gov.py) está desarrollando el programa
"Mundo Guaraní", "que dará a Paraguay una imagen internacional,
basada en su cultura guaraní y su proyección al mundo contemporáneo".
No se sabe qué presencia o uso tendrá en este programa el idioma guaraní.
[4] Aquí una muestra del tipo de lengua que usa ABC Color Digital.
El encabezado es muy elocuente sobre la actitud que tiene el periódico hacia
la lengua. El periódico "cumple" con su única página en jopara con
una especie de obligación hacia el guaraní, nada más. En Paraguay no hay
ningún periódico en guaraní.
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Marandú
[Encabezado] Paraguay es un país bilingüe. ABC Color cumple en esta página
con aquellos que gustan cultivar la lengua guaraní, ofreciéndoles una
síntesis de las noticias más importantes del día.
Sábado, 2 de abril de 2005.
Negociación osupera haguã apañuãi Ciudad del Este gotyo.
Brasil ombovu cupo turista rehes omoĩva US$ 300 Ange pyhare, heta negociación
rire delegación Paraguay ha Brasil osoluciona haguã conflicto heñóiva Ciudad
del Este-pe, upe operativo anticontrabando ha antipiratería Foz de Yguazú gotyo,
ombovúva US$ 150-gui 300-pe cupo ojoguáva'erã turista-kuéra. Ñane retã
he'i ombohováitaha comercio ilícito cigarrillo ha neumático-re, péicha ojerúre
tendotakuéra brasileño. Avei ofiscalisáta tabacalera establecida zona
fronteriza Brasil-guápe.
Oñemoĩ heta tahachi policial ha militar puente akãme.
Ojereforsa efectivo policial ha militar-kuéra puente de la Amistad akãme
ha péva ombovuvéta embarcación Armada paraguaya ojokóve haguã jehasa
ysyry rupi (paso fluvial) mba'erepy ka'ípe ohóva río Paranáme.
Oñeha'ãrõ medida ohasa incidente fronterizo heñóiva upe zona
gotyo ha osẽva perjuicio fisco rehe ho'áva, ñemuha ha empleado-kuéra. Omotenonde
representación canciller paraguaya Leila Rachid de Cowles ha embajador brasileño
Asunción-gua Valter Tecly. Péicha ko medida oñemoañetéta 15 día oúvape.
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[5] Constitución de Haití, 1987:
[6] En Uruguay hoy no hay hablantes nativos de guaraní, pero existe
cierto interés por la lengua pues ésta explica buena parte de la toponimia y
la historia del país. Muestra de ello es la página web de la Red
Académica Uruguaya ( www.rau.edu.uy/raugua.htm),
que dispone de una versión de portada en guaraní, "Uruguái Mbo'eha
Ñanduti Guasu", algo inédito en el momento de escribir este texto, pues
ninguna web oficial (ni de empresa) paraguaya tienen versión en
guaraní.
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