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Hacer acopio de argumentos y más argumentos

Barcelona, 21 de octubre de 2005

 

Mba'éichapa.

  • ¿Qué tipo de interés pueden tener los argentinos, brasileños, uruguayos... en el guaraní?.

  • ¿Qué desean los argentinos, brasileños, uruguayos ... para el guaraní en Paraguái, en su país o en MERCOSUR?.

  • ¿Qué pasará si un día el paisaje lingüístico paraguayo (afiches, rótulos, carteles, luminosos) también se guaraniza igual como ahora está castellanizado?.

  • ¿Qué pasará si un día el guaraní es "de derecho" y/o "de hecho" exigible para trabajar en Paraguái?.

  • ¿Qué pasará si un día los productos y servicios comercializados / ofrecidos en Paraguái deben de usar obligatoriamente el guaraní?.

(Si quieren que el guaraní sea una lengua normal, totalmente normal como el húngaro o el polaco o el danés... todo lo que describen las tres últimas preguntas debe de pasar.)

Háganse estas preguntas. Y háganselas seriamente y con profundidad. Sin miedo. Si se las hacen, encontrarán dudas, inquietudes, vacilaciones y... respuestas que necesitan para pelear por el guaraní, por Paraguái, por ser ustedes mismos. Pelear para encontrar su propio camino de desarrollo y de paz y justicia social.

En España hay un tipo prototípico de ciudadano español habitante de las comunidades autónomas donde únicamente se habla castellano que cuando se encuentra con un catalán o con un vasco se deshace en halagos y en comentarios positivos[1]: “ustedes sí que son trabajadores”, “ustedes pelean por lo suyo”, “a mí me gustan los vascos, los catalanes...”, etc. Ahora bien, lentamente, cuando la conversación deriva hacia temas políticos y económicos (acá no nos interesan, o tal vez nos interesan pero no los trataremos), culturales y lingüísticos, el tono empieza a cambiar.

Cuando el vasco, el gallego, o el catalán, antes "simpático", afirma que quiere “vivir en vasco, en gallego o en catalán”, que espera que el Reino de España funcione en su lengua o que todos los niños –sin importar su origen– que viven en el País Vasco, Galicia o Cataluña deben aprender vasco, gallego o catalán, el tono del “ciudadano español habitante de una de las comunidades autónomas donde únicamente se habla castellano” se vuelve agrio, hosco, hostil, desagradable, irritado, agresivo. A veces muy agresivo. Incluso violento. Lo que aceptaría y acepta para un sueco o un esloveno, que viva en sueco o en esloveno, es inaceptable para un gallego, un vasco o un catalán.

Para la inmensa mayoría (¿la totalidad?) de ciudadanos españoles que sólo hablan castellano, el vasco, el gallego o el catalán están para ser usados en la vida privada, para las cosas sin importancia, para la nada. Para nada más. Son un capricho. Una molestia. Algo que les coarta su movilidad. Les irrita de una forma visceral e irracional que alguien ame esas lenguas y quiera vivir en ellas. Es recurrente entre esta gente la idea enfermiza, pero muy orientada ideológicamente que hablamos vasco o catalán “por capricho”, “para molestarles a ellos”, “para ser diferentes”...

Bien, con el guaraní puede pasar algo parecido, en Paraguái y en el MERCOSUR, a la que pasa en España con las lenguas diferentes del castellano.

Alguien preguntó si era posible hacer paralelismos entre la situación lingüística española y la situación lingüística paraguaya. La respuesta es sí. Rotundamente sí. Normalizar una lengua implica cambios en los equilibrios sociales (económicos, profesionales, políticos, etc) y ese "reajuste" provoca tensiones. Los discriminados por razones lingüísticas quieren dejar de ser discriminados y quieren su lugar, en pie de igualdad, en la sociedad. Reclaman sus derechos y ser tratados como iguales. Esto, en todas partes del mundo: Bélgica, Suiza, España, Canadá, Finlandia, Noruega (con los dos estándares escritos del noruego)... ha generado tensiones. Es igual que se dé entre diferentes grupos humanos que se reconocen como pertenecientes a la misma nación (paraguayos o noruegos), o entre grupos humanos que se reconocen como pertenecientes a diferentes naciones (kurdos y turcos). Es bueno que lo sepan. Que no se les oculte. No hay nada fácil. En nada. Ni en el amor. Estamos hablando de derechos, de derechos humanos, de la dignidad de las personas... y nunca ningún derecho se consiguió sin implicarse, a fondo, en su consecución.

Si ustedes se atreven a dar el paso adelante de normalizar la lengua guaraní y querer convertirla en una lengua de Estado, en una lengua nada prescindible, nada anecdótica, nada decorativa, en una lengua de verdad nacional y normal, moderna, presente en todas partes, etc, verán que muchas personas que ahora muestran su "simpatía" por su lengua y su "causa" –las cuales lo hacen porque perciben claramente que el guaraní no está normalizado y es poco más que un elemento "decorativo y antropológico"– variarán de actitud. De forma muy agria. También habrá gente que les ayudará.

Los detractores serán paraguayos y extranjeros. Y su beligerancia será insidiosa, constante. Visible o invisible pero constante. Agotadora. Infinita. Se crecerán con su debilidad y su desanimo. Se envalentonarán con sus disensiones y su desunión. Les asustarán con todo tipo de calamidades políticas, económicas, sociales, etc. Saldrán todo tipo de argumentos viejos y nuevos. Todo tipo de prejuicios. Todo.

Miren, para ser un país que pueda funcionar en guaraní y castellano (donde todo el mundo pueda usar libremente la lengua que quiera, y habrá gente que lo quiera hacer en guaraní) deben de hacer algo tan grande como animar, inducir, forzar... a los 411.000 paraguayos (el 8 por ciento de la población) que declara hablar únicamente castellano (a los que se debe añadir los que sólo hablan alemán o portugués), a que aprendan la lengua guaraní. Y estos 411.000 paraguayos –que son los que detentan hoy el poder político y económico– van a oponer resistencia:

  • A) Su "posición" va ligada, en parte, a la lengua que usan. Al "apartheid lingüístico" existente en Paraguái. Son, por ejemplo, funcionarios en castellano. Los niños que se forman en la escuela deberían poder ser funcionarios (y profesionales) en castellano y en guaraní.
  • B) Un cambio en el modelo lingüístico paraguayo implicaría "movilidad social ascendente" porque implicaría nuevas oportunidades para más y nuevas familias, y esto implicaría una repartición del "poder" entre más gente.
  • C) Algunos de esos 411.000 paraguayos pertenecen a familias que hablaron guaraní, y que por motivos diversos lo abandonaron. Es muy duro, psicológica e ideológicamente, "deshacer camino". Esto está estudiado en muchas partes. (Nota. Conozco gente muy comprometida con el vasco que no habla vasco en familia... y sus hijos tampoco lo hablan... es algo que merece ser estudiado).

Argentinos, uruguayos, brasileños... que asesinaron a sus gentes y a sus lenguas, van a quedar perplejos si inician este cambio histórico en su país y varían la hoja de ruta lingüística que les está asignada históricamente desde 1492: acabar siendo un país de monolingües hablantes de castellano. Su éxito será un reproche intelectual lleno de dignidad y humanidad, a lo que ellos hicieron en sus países. Su éxito les permitirá crear un mercado laboral paraguayo que puede penetrar en sus economías –ustedes hablarán guaraní, castellano y una tercera lengua– pero que al mismo tiempo estará mínimamente protegido de una penetración cultural, económica y humana desbocada.

Ni argentinos, ni brasileños ni españoles, ni mucho menos estadounidenses están preparados, ni quieren, un país americano que rompa el modelo lingüístico colonial; quieren: lenguas europeas, pocas lenguas, sus lenguas. Nada más.

Si quieren vivir en guaraní hagan acopio de valor, fortaleza mental y argumentos. Sépanlo desde ahora. Prepárense anímicamente para reclamar sus derechos, porque es en el corazón y en la mente donde se pierde o se gana en éste y en cualquier tema. Si les desaniman y no remontan su ánimo, pierden. Si les dejan sin argumentos, pierden. Si no son coherentes con lo que piensan, pierden. Si dudan, pierden. Si se asustan, pierden. Si creen que por exigir lo que es suyo se "están pasando", pierden. Si no buscan aliados fuera, pierden. Si no trabajan coordinadamente, pierden. Si no resuelven sus discrepancias internas, pierden. Si no son exquisitamente democráticos en su forma de proceder, pierden.

  • Demuestren que saben hablar castellano y guaraní y otras lenguas.

  • Busquen para la imagen pública del guaraní gente comprometida con la lengua, moderna, bella, políglota ... Que nadie pueda decir que la promoción del guaraní les va a aislar. ¿Saben que Cataluña recibe unos 20 millones de turistas al año? A nadie le importa que hablemos catalán si sabemos hablar su lengua (alemán, francés, inglés, ruso) o nos comunicamos con él, el turista, en castellano si lo habla.

  • Usen el guaraní en todas partes, en su forma oral y escrita ... es esto lo que puede forzar, por la vía del uso, de forma muy sutil e insidiosa, el aprendizaje del guaraní por parte de gente que no lo sabe. Consuman en guaraní. Entre un producto y un servicio de igual calidad, precio, etc únicamente en castellano o en castellano y guaraní escojan el segundo.

  • Desde la sociedad civil o desde la administración habiliten redes, centros, etc. para el aprendizaje de guaraní (y el castellano) para adultos. El principio general debería ser que todo aquél que quiera aprender lo pueda hacer, en cualquier parte, en cualquier franja horaria y sin coste económico o un coste económico mínimo.

Cuando les digan que nadie invertirá en su país si promociona el guaraní, díganles:

  • La promoción del guaraní no implica, en ningún caso renunciar al castellano.

  • Personas bilingües tienen más facilidad para aprender más lenguas.

Y recuerden que se invierte en un país, sin importar nada las lenguas que en él se hablen, si:

  • Hay mano de obra barata

  • Hay mano de obra bien formada

  • Hay recursos naturales

  • Hay seguridad jurídica o... se puede corromper a los gobernantes

  • Se está bien situado geográficamente

  • Etc.

Empiecen a construir sus argumentos.

Poañua.

Joan Moles
paraguai-paraguay@telefonica.net

[1] Dudo mucho que hoy esto continúe siendo cierto con una creciente catalanofobia y vascofobia (odio a los catalanes y odio a los vascos) instalada y propagada desde Madrid, desde ciertos medios de comunicación, algunos de ellos en manos de la iglesia católica española como la COPE (www.cope.es). Da miedo. Mucho miedo. Acuérdense de las recomendación del Comité de Ministros del Consejo de Europa sobre la aplicación de la “Carta europea de las lenguas regionales o minoritarias” promovida por el Consejo de Europa, en España (2005),

Capítulo 3. Conclusiones

El Comité de Expertos presenta a continuación sus conclusiones generales sobre la aplicación de la Carta en España.

(...)

T. Por último, el Comité de Expertos considera que sigue siendo necesario crear conciencia en España acerca de las lenguas regionales o minoritarias. En particular, los medios de comunicación españoles apenas prestan atención a la diversidad lingüística del país, y la mayoría de la población castellanoparlante y, en especial, las Comunidades Autónomas no afectadas no son conscientes de que España es un país plurilingüe. Por consiguiente, es preciso redoblar los esfuerzos para educar a la población mayoritaria castellanoparlante y a los medios de comunicación nacionales, con miras a fomentar una mayor aceptación y respeto por las especificidades de las identidades regionales como parte integrante del patrimonio español. También es necesario mejorar la comprensión mutua para promover las virtudes del plurilingüismo y de la diversidad lingüística y, en los grupos lingüísticos tanto mayoritarios como minoritarios, la idea fundamental de una coexistencia pacífica y armoniosa.

www.guaranirenda.com - 2005

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