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Mba'éichapa.
Un tema "menor" pero con enorme importancia simbólica para
visualizar una lengua y actitudes lingüísticas. Un tema para el futuro ente
normativo de la lengua guaraní. Y para ustedes como adultos y como padres o
abuelos.
Los nombres (y apellidos) en guaraní.
Adjunto encontrarán los criterios de la Euskaltzaindia - Academia
de la Lengua Vasca, sobre los nombres personales en euskera. A alguien puede
resultarle interesante.
Dos consideraciones:
a) Fíjense en el nombre del ente normativo vasco: Euskaltzaindia
- Academia de la Lengua Vasca. En guaraní deberían tener algo así, claro,
directo, noble contundente y en guaraní. Nada de "Ente
responsable del establecimiento de la normativa de la lengua guaraní",
etc.
b) El nombre de la futura reina de España, la recién nacida infanta
Leonor, fue tema de debate. Es el primer nombre en la historia de los reyes y
reinas de España que se escribe igual en castellano, catalán/valenciano,
gallego y vasco. ¿Creen que fue por "azar"?.
Poañua.
Joan Moles
paraguai-paraguay@telefonica.net
http://www.euskaltzaindia.com/eoda/dok/Irizpideak.pdf
Criterios utilizados en la elaboración de Euskal Izendegia / Diccionario
de Nombres de Pila
Mikel Gorrotxategi Nieto
Secretario de la Comisión de Onomástica y académico correspondiente de
Euskaltzaindia / Real Academia de la lengua Vasca.
La presente edición del Euskal Izendegia / Diccionario de nombres
de pila es el final del camino recorrido por la Real Academia de la Lengua
Vasca - Euskaltzaindia al respecto, principalmente a partir de 1966,
año en el que se publicó el Nomenclátor euskérico de nombres de pila
aprobado por la Academia de la Lengua Vasca / Euskaltzaindiak onartutako
euskal izenlerroa propuesto por Aingeru Irigarai. A ella le siguieron
posteriormente las tres ediciones del Nomenclátor onomástico vasco de 1972,
1977 y 1983 respectivamente, preparadas por Jose Maria Satrustegi.
Aquellas ediciones se limitaron casi exclusivamente a la aportación de una
lista de nombres. Ello era debido a que, ni la situación de la que se
partía, ni los medios de que se disponía permitían a Euskaltzaindia
la posibilidad de realizar un trabajo más allá de la confección de
listados, que era, por otra parte, la demanda con la que se encontraba la
Academia, especialmente cuando por legislación se autorizó la imposición de
nombres vascos.
Esa fue la aportación realizada. Sus frutos han sido espectaculares, dado
que el panorama de nombres de pila en Euskal Herria ha cambiado
sustancialmente a lo largo de pocos años.
Con la presente edición, esta Real Academia ha querido cumplir con un
doble objetivo. Por una parte, ha tratado de completar al máximo las listas
ofrecidas anteriormente, sacando a la luz muchos nombres ocultos en el rico
tesoro de la onomástica vasca. Por otra parte, ha agregado a cada uno de los
nombres una escueta información sobre su origen o referencia y significado,
juntamente con sus equivalencias en castellano y en francés.
Criterios generales
El principio básico que se ha tenido en cuenta a la hora de confeccionar
este nomenclátor ha sido el del equilibrio entre el uso y el respeto a la
lengua en los nombres propuestos. Se trata de dos criterios sencillos en
apariencia, pero complicados en la práctica, dada la dificultosa historia que
nuestra lengua ha tenido para la normalización de sus nombres de pila.
Si nos atuviéramos únicamente al criterio del uso, deberíamos incluir
como vascos nombres no vascos, tales como Pedro o Pierres y Santiago, por ser
de los que mayor presencia han tenido en nuestra población hasta hace pocos
años. Pero es evidente que tales nombres, transmitidos por influencia del
francés y del castellano, no deben incluirse como vascos, dado que el euskera
dispone de formas propias, como Petri, Peru o Pello y Jakue para dichas
denominaciones. Por tanto, el criterio de la frecuencia del uso en la historia
de nuestros nombres no puede adoptarse como válido por sí mismo.
Sin embargo, la aplicación de dicho criterio sí resulta un filtro válido
a la hora de decidir la inclusión o exclusión de nombres más recientes en
el nomenclátor. En base a él, se han incluido nombres relativamente nuevos,
de gran aceptación popular, como Edurne, Iñaki y Miren,... y se han excluido
otros, como Albontsa u Onintza.
El principio del respeto a la lengua y, en consecuencia, la corrección
lingüística presenta, asimismo, cierta dificultad. Creemos que pueden
considerarse correctos los siguientes casos: nombres de pila vascos (Andere,
Eneko, Otsoa, Zuria,...), topónimos que han derivado en nombres de persona
(Ainhoa, Arantzazu, Iratxe, Xabier,...), nombres de origen foráneo, de uso
antiguo en algunos casos (Mikel, Petri,...) y más moderno en otros
(Alexandra, Frantzisko,...).
Cabe, igualmente, señalar que muchos nombres, que no precisaban
acomodación fonética alguna, pasaron sin dificultad a engrosar las listas de
nombres vascos (Andres, Eba, Isaias, Katalina, Lukas,...). Finalmente, es
preciso indicar que el nomenclátor vasco cuenta con una considerable lista de
nombres nuevos, que han tenido gran aceptación social. Unos fueron
introducidos en el santoral vasco a partir de finales del siglo XIX (Alazne,
Ander, Edurne, Igone, Iñaki, Koldo,...) y otros, referentes a nombres
geográficos comunes (Eki, Haizea, Haritz, Ibai, Oihana,...) y a topónimos
(Adi, Arga, Bizkargi, Entzia,...), han sido incluidos sobre todo a partir de
la década de los sesenta del siglo XX.
Criterios específicos
Por su consideración de nombres vascos, han sido incluidos en este
nomenclátor los siguientes casos:
1) Los nombres de origen lingüístico vasco. Se incluyen entre ellos: los
hallados en las estelas funerarias de Aquitania entre los siglos I al III
(Andere, Ilun, Seniko,...), los documentados en la época medieval (Eneko,
Gartzea, Otsanda,...), los hagiónimos (Bladi, Eztebe, Garazi,...) los
literarios (Aitor, Aitzol, Eleder,...) y los mitológicos (Intxisu, Mari,
Urrika, Urtzi,...).
2) Los nombres religiosos y los contenidos en la Biblia, transcritos bajo
la grafía aprobada por Euskaltzaindia (Adame, Emanuel, Joanes, Karlos, Marko,
Petri,...), así como sus variantes populares de uso común (Murtuts,
Peru,...).
3) Los referentes a santuarios, especialmente marianos (Ainhoa, Arantzazu,
Begoña, Estibaliz, Iratxe, Leire,...).
4) Los incluidos en el Nomenclátor de Arana-Eleizalde que han tenido
arraigo popular (Ander, Edurne, Gorka, Iñaki, Koldo, Miren,...).
5) Los procedentes del vocabulario común vasco, con clara implantación
como nombres de pila (Haizea, Haritz, Ibai, Lorea, Oihana, Ur, Urki,...).
6) Los topónimos, incluidos los referentes a santuarios no marianos, con
incuestionable aceptación como nombres de pila (Ainhize, Aralar, Gorbeia,
Saioa,...).
7) Los nombres históricos y mitológicos grecolatinos, así como los
históricos de otras culturas europeas, también tienen cabida en este
nomenclátor, al igual que lo tienen en nomenclátores de otras lenguas
europeas. Dichos nombres han sido transcritos bajo la grafía aprobada por
Euskaltzaindia (Hektor, Horazio, Klio, Ziro,...).
8) Es preciso advertir que los nombres adoptados son los originarios o, en
su caso, las variantes más extendidas. Las formas locales, los diminutivos e
hipocorísticos (Axun, Iñixio, Joxe, Kontxi, Nuntxi,...) quedan relegados al
uso familiar y coloquial. No obstante, algunas formas hipocorísticas ya
lexicalizadas han sido consideradas aptas para nombres de pila (Beñat,
Maider, Patxi, Pello, Txomin,...).
Los nombres se han trascrito en la grafía vasca actualmente en vigor,
aplicando las correcciones oportunas tanto a las formas obtenidas en la
documentación antigua (Eneko, en lugar de Eneco, Enneco o Enneko), como a las
que han sido transmitidas en grafía no vasca (Amaia, en lugar de Amaya). Debe
tenerse en cuenta, asimismo, que la J- inicial que se pronuncia bajo el sonido
de la y castellana, no debe transcribirse como I. Por ello, son correctos
Jaione, Jon, Joseba, Josu, Josune, Justi, etc., y no Iaione, Ion, Ioseba,
Iosu, Iosune, Iusti, etc.
Distinción de sexos
El euskera dispone, en general, de unos nombres para denominar a los
varones (Andres, Lukas, Untzalu,...) y de otros para denominar mujeres
(Edurne, Helena, Teresa,...). Existe, sin embargo, una clara tradición por la
que el mismo nombre es utilizado para ambos sexos con el solo cambio de la
terminación genérica. Los ejemplos son abundantes tanto en el santoral
(Bizente/Bizenta, Joanes/Joana, Paulo / Paula, Petri/Petra,...), como fuera de
él (Eneko/Oneka, Otsando/Otsanda,...). En tales casos, la tendencia
tradicional ha sido aplicar la -a final para caracterizar el nombre femenino,
tal como lo advirtió K. Mitxelena en su día.
Teniendo en cuenta que en euskera los nombres comunes no tienen género
gramatical, el criterio adoptado para la distinción de sexo en los nombres de
pila procedentes del vocabulario común y de los topónimos, ha sido el de la
tradición heredada. Por ello, como principio, los nombres neutros terminados
en consonante o en las vocales -i, -o, -u, (Haritz, Ibai,...) han sido
catalogados como masculinos, y los terminados en las vocales -a, -e como
femeninos (Ganeta, Iluntze, Loiola,...). Esta norma cuenta, sin embargo, con
dos excepciones. Una, la de los nombres de advocaciones marianas (Aitziber,
Irantzu, Izaskun,...) que son femeninos, la otra, la de los que tienen una
fuerte implantación, como es el caso de Gartzea, Otsoa, Sendoa,... para
denominar varón.
Nombres no recomendados
No hace falta recordar que, de conformidad con lo indicado en la
exposición de los criterios específicos, no pueden imponerse los nombres
diminutivos e hipocorísticos –los cuales quedan relegados al uso en el
ámbito familiar y coloquial–, ni tampoco los de grafía vasca no correcta.
Obviamente, tampoco tienen cabida en el presente nomenclátor los nombres
considerados no dignos e indecorosos (Aker, Ordots, Ozpin, Zakar,...) que la
legislación vigente no permite imponer. Es, por ello, recomendable que los
padres obtengan la información previa necesaria antes de imponer el nombre a
sus hijos.
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