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El combate ideológico contra las lenguas (1)

Barcelona, 28 de febrero de 2006

 

Mba'éichapa,

Todo el futuro del guaraní de basará en los argumentos que usen ustedes y en los medios de comunicación que tengan como aliados, para difundir sus argumentos. ¡Prepárense! Sus antagonistas ya han generado un discurso "castellanista genocidada" en España; discurso que se difundirá por toda América.

Declaración mínima. Quiero / queremos vivir en catalán pero no quiero / queremos renunciar a saber el castellano. Además, quiero / queremos saber, incorporar a mi / nuestro bagaje lingüístico, y al de mi / nuestra comunidad lingüística, todas las lenguas que sean posibles. Mi / nuetro estado, España, debe funcionar completamente en castellano, catalán/valenciano, gallego y vasco en sus: instituciones, administración central, símbolos estatales, etc.

Nota. La ideología castellanista genocida es eso, una ideología, y no es ni identificable ni compartida por todas las personas que únicamente hablan castellano. Nunca, en ningún caso, en ningún lugar, en ninguna circunstancia, se puede hacer tal identificación entre ideología y comunidades lingüísticas. Hacerlo sería estúpido, inmoral y sería faltar gravemente a la verdad y a la justicia. No hagan tal identificación. Yo no la hago en ningún caso.

* Nota. Esta semana no enviaremos ningún otro texto, porque consideramos suficientemente importante este largo mensaje.

Mentiras sobre lenguas y comunidades lingüísticas

Hoy cosas muy serías. No se ofendan por favor por algunas opiniones.

Visto desde fuera, el discurso lingüístico paraguayo a favor del guaraní es pobre. Le falta abrirse al mundo y conocer en detalle el caso de otras lenguas, le falta incorporar nuevos argumentos, le falta incorporar nuevas estrategias cívicas / sociales, le falta altavoces para difundirse entre la población, le faltan "grupos de pensamiento" para crear nuevo discurso, le falta alianzas estratégicas con otros actores sociales paraguayos e internacionales, le falta...

Sería muy deseable que los paraguayos (guatemaltecos, bolivianos, peruanos, ecuatorianos...) hiciesen un esfuerzo titánico para actualizar y modernizar el discurso lingüístico sobre el guaraní (el quechua, el aymará, el maya, el náhuatl, etc) porque la mala nueva es que el castellanismo ha retomado el camino del franquismo, genocida y lingüicida, y va a emprender una batalla sin cuartel y con todos los medios a su alcance, para combatir, para exterminar si puede, las lenguas diferentes del castellano: en España y en América.

Esto, tal vez les pueda sonar apocalíptico. No lo es. En absoluto. Si ustedes no son conscientes que esto pasa o no se sienten amenazados por este discurso, es porque ustedes no son percibidos como una amenaza por estos sectores castellanistas genocidas. "Si no eres un peligro, no es necesario que te asesine y pierda el tiempo contigo", piensan.

El castellanismo genocida, que nace en España y se expande por el mundo, ha salido de la mano del Partido Popular (partido político español de derecha y ultraderecha) de la reclusión a la que fue relegado, por la democracia, después de la muerte del dictador Franco y vuelve a campar por el mundo. ¡Cuidado con él!.

Lo primero que quiere hacer en España el castellanismo genocida es destruir algo que hoy es elogiado en todo el mundo: el modelo de convivencia lingüística catalana. El castellanismo genocida no acepta de ninguna forma que el catalán es la lengua nacional, propia, histórica de Cataluña; y que las guerras, las prohibiciones y los movimientos migratorios (unos 2 millones de personas de las actuales comunidades autónomas de lengua castellana se trasladaron a vivir, sólo durante el franquismo, a Cataluña) no pueden ni deben justificar el genocidio de una lengua y de una cultura.. Anótense muy bien este tema, porque un día tendremos que hablar de los 700 mil brasileños en Paraguái y sus derechos lingüísticos, si los deben tener, y en aras de la coherencia tendremos que hablar también de los derechos lingüísticos, si los deben tener, de los paraguayos (entre 1 y 2 millones) en Argentina, y especialmente en el Gran Buenos Aires. ¿Es legítimo que los brasileños cambien el perfil lingüístico paraguayo, que los castellanos cambien el perfil lingüístico catalán, que los hispanos cambien el perfil lingüístico estadounidense, los turcos cambien el perfil lingüístico alemán...? Ya ven que el tema es universal.

El Partido Popular (recuerden que en España no se juzgó ni uno solo de los franquistas, ni uno, ni se hizo que abandonasen sus cargos en la administración del Estado y en las instituciones parapúblicas, ni que devolviesen los bienes malhabidos) ha reabierto por motivos políticos –la catalonofobia da muchos votos en la España de lengua castellana– el tema lingüístico con un mentira que, repetida y gritada mil veces, por cien mil medios de comunicación, mucha gente de todo el abanico político y social, de todo el mundo, se creerá; “El castellano es perseguido en Cataluña, en el País Vasco...”, “Están haciendo como Franco hizo con el catalán pero al revés”. Esto se llama negacionismo y también se llama revisionismo. Por razones políticas, económicas, lingüísticas, raciales, etc, los motivos varían según el país, se niega algo que ocurrió (el “Holocausto Judío”) o se reinterpreta la historia y se difunde una nueva versión (la colonización de América, por ejemplo, como algo intrínsecamente beneficioso).

Si no ser preparan intelectualmente, discursivamente, para este discurso genocida castellanista –discurso que tiene mil caras: el insulto, la rabia, el odio, la mentira, pero también se viste con “la universalidad del castellano”, “la modernidad del castellano”, la corrupción del disidente, el halago falso de la diversidad, la compra de voluntades–, no podrán hacer nada para salvar sus lenguas. Cuando muevan un dedo, se sentirán abrumados por la avalancha de argumentos contrarios, negadores, desalentadotes, iracundos, vociferantes, de todo tipo, que la prensa, la radio, la televisión, que comulgan con el castellanista genocida, les echará encima.

Desde Madrid se quiere propagar un discurso castellanista genocida hacia todo el mundo. Un discurso que harán suyo y del que se alimentarán los miembros del las elites monolingües castellanohablantes de toda América, y que basan parte de su status en un real y existente apartheid lingüístico que privilegia al castellano. Y no les faltan medios de comunicación para hacerlo; los tienen. Medios de comunicación que ustedes no tienen y deberían tener.

¿No se lo creen? A las pruebas me remito.

Debajo encontrarán dos artículos de opinión de El País, dos cartas al director en El País, y un reportaje de El Periódico de Catalunya:

  • Sumar y no restar, de Miquel Siguan, biografía.
  • Un poco de racionalidad, de Francisco Rodríguez Adrados, biografía.
  • Dos cartas al director, respondiendo al Sr. Rodríguez Adrados.
  • "Señora, no ladre", reportaje de Alfons Ribera. (A mis padres les dijeron “¡Perro catalán, háblame en castellano!”).

Los tres elementos principales son del domingo 19 de febrero de 2006. Para que se sitúen, los dos artículos aparecieron en El País, el único periódico de España editado en Madrid “supuestamente progresista y buen entendedor de la diversidad lingüística española” que tira 588.530 ejemplares diarios y 831.566 los domingos. El reportaje se publicó el El Periódico de Catalunya –ya saben que tienen versión íntegra en castellano y en catalán–, el segundo periódico con más tirada de Cataluña, detrás de La Vanguardia –en castellano–, con 221.817 ejemplares diarios (datos oficiales de la Oficina de Justificación de la Difusión).

Si son capaces de leer el artículo del Sr. Francisco Rodríguez Adrados sin inmutarse, entonces no hablamos el mismo idioma y no percibimos ni entendemos las mismas cosas: tenemos un grave problema de comunicación. Y ustedes están, entonces, del todo indefensos intelectualmente delante del discurso genocida castellanista. Personalmente este artículo, para mi vomitivo, destila belicosidad y odio. Pero por encima de todo es una inmensa mentira, y lo peor del caso es que es un mentira consciente, a sabiendas de lo que se hace. En cada renglón pondría anotar: “¡Mentira!, ¡Mentira!”.

¿Saben lo más interesante?, el Sr. Francisco Rodríguez Adrados no sólo lanza sus mentiras preñadas de odio, semillas de odio en miles de corazones, desde el periódico más leído en España, no, el Sr. Francisco Rodríguez Adrados además es miembro de la Real Academia Española. Es miembro de la Real Academia Española. Este es el nivel de agresividad contra la verdad y la diversidad que la Real Academia Española tolera y acepta a sus miembros. Saquen sus conclusiones.

En amarillo algunas cosas, de las que les deberían llamar la atención. Sólo comentar esto: A la larga, esa batalla la tienen perdida. (El sujeto de esta frase amenaza / deseo / predicción es la misma vida del catalán/valenciano, y de Cataluña y los territorios donde se habla catalán/valenciano. Tomen buena nota del tono empleado y del deseo expresado; ¡expresado por un miembro de la Real Academia Española!.)

Lean el reportaje de El Periódico de Catalunya. Sólo es la punta del iceberg de todo lo que pasó. Luego empiecen a hacer algo útil, algo que les abrirá la mente y les ayudará a entender, entendernos, entenderse y a elaborar sus tan necesarios argumentarios.

[Para Dea, Renate, Mario, Patricia, David, Verónica, Christian...] Documenten, filmen, graben, registren, con profusión de testigos, háganlo ustedes o sus alumnos: el horror, la indignidad, la injusticia, la brutalidad, la vejación, la discriminación de la persecución lingüística que sufrieron / sufren sus lenguas y sus hablantes. Construyan, guarden su memoria, piénsenla; porque en ella está parte de su fuerza y el antídoto contra el negacionismo y el revisionismo, contra el castellanismo genocida. Si no lo hacen, les repetirán mil veces una mentira y se la creerán. O se la creerán sus hijos o sus nietos. Los nietos de unos abuelos que fueron vejados en su dignidad humana por hablar, en su propio país, una lengua que no era el castellano, y que alguien consideró y considera inferior; se creerán que eso nunca pasó.

Poañua.

Joan Moles
paraguai-paraguay@telefonica.net

PS. El 10 de septiembre de 2005 mandamos un artículo: Lenguas minúsculas de Gregorio Salvador, vicedirector de la Real Academia Española, en el cual el autor abrogaba a raíz de su participación en el Congreso de Rosario, por la extinción de las lenguas pequeñas: puro castellanismo genocida. El articulo fue contestado con el artículo: La flaqueza del internacionalismo lingüístico de Albert Branchadell, lo encontrarán al final. Lean cuál es el nivel de agresividad contra la verdad y la diversidad que la Real Academia Española tolera y acepta a sus miembros.


Artículo: Sumar y no restar

MIQUEL SIGUAN
EL PAÍS - Opinión - 19-02-2006
http://www.elpais.es/articuloCompleto/elpepiopi/20060219elpepiopi_7/Tes/opinion/Sumar/restar

"Hablar de que el español en Cataluña es una lengua amenazada es un sinsentido"

En el ambiente de crispación en que desde hace una temporada se ha instalado la vida pública española, parece que sólo se puede hablar de la lengua en Cataluña desde posturas en las que defender una lengua implica necesariamente denigrar a los hablantes de otra. Para alguien que desde hace años ha dedicado muchos esfuerzos a promover la convivencia y la solidaridad entre las lenguas y se ha ganado por ello pescozones de uno y otro lado, el panorama actual es descorazonante. Pero tampoco estoy dispuesto a cambiar de discurso.

En Cataluña, catalán y español conviven desde hace siglos con suerte diversa. Nací en Barcelona en un lejano 1918, en un ambiente de clase media, y en mi familia, como en todas las que conocía, se hablaba sólo en catalán; pero a los seis años fui a la escuela, donde se utilizaba exclusivamente el español, que entonces llamábamos y hemos seguido llamando, a la manera clásica, castellano; y así crecí en un ambiente en el que el catalán era la lengua de las relaciones personales y sociales, y el español, la lengua de la mayor parte de la cultura escrita y de la Administración. Desde entonces han ocurrido muchas cosas, entre ellas, la Guerra Civil y los cuarenta años de régimen franquista, pero también que Barcelona ha pasado de ser un agregado de barrios pueblerinos a ser una ciudad cosmopolita y postmoderna. Y en el orden lingüístico los cambios no han sido menores. La Constitución de 1978 consagró una nueva situación. Por primera vez se afirmaba que España era una realidad plurilingüe y se alababa la pluralidad. Y el Estatuto de Autonomía de Cataluña decía y sigue diciendo que el catalán es la lengua propia de Cataluña, que las dos lenguas tienen la misma validez legal y que los ciudadanos pueden utilizarlas en cualquier circunstancia. Y el Parlamento catalán aprobó, por unanimidad de todas las fuerzas políticas, una ley que fijaba la política lingüística que iba a seguirse.

Veinticinco años después es posible pasar balance. El conocimiento de catalán ha aumentado, y ha aumentado espectacularmente la capacidad de leer y de escribir en catalán. Pero no sólo ha ocurrido esto. En líneas generales, y redondeando las cifras, se puede decir que entre el 40% y el 45% de los ciudadanos de Cataluña declara tener el catalán como lengua principal, y una proporción parecida declara que el español es su lengua principal, mientras que un 15% se declara plenamente bilingüe. A su vez, la mayoría de los que dicen tener el español como lengua principal entienden el catalán, y aproximadamente la mitad se consideran capaces de hablarlo. Sólo un pequeño número, equivalente al 3% de la población de Cataluña, declara no entender el catalán. A lo largo de los años, la proporción de los que teniendo el español como primera lengua hablan o entienden el catalán ha aumentado considerablemente, pero en cambio no ha aumentado la proporción de los que tienen el catalán como primera lengua, sino que, sobre todo entre los jóvenes, ha aumentado la proporción de los que se declaran plenamente bilingües. Y los estudios observacionales muestran que la tendencia a adoptar el español en los intercambios lingüísticos en el momento en que alguien introduce esta lengua está todavía aumentando. De manera que aumenta el conocimiento del catalán, pero no su uso social.

Los motivos que llevan a esta mayor presencia del español son fáciles de imaginar. Está en primer lugar el avance de la globalización y el hecho de que el español sea una de las grandes lenguas del mundo lo que produce su predominio absoluto en los medios de comunicación; prensa, radio, cine, televisión... Añadamos a ello que la supervivencia de una lengua se basa en primer lugar en la transmisión familiar y que la natalidad en Cataluña, como en toda Europa, es muy baja y no asegura la continuidad biológica, lo que se compensa con una emigración extranjera de proporciones masivas que, en parte, es procedente de América y ya conoce el español. Y añadamos algo más sutil. La inmersión escolar de alumnos de lengua familiar española hace que estos alumnos pronto se familiaricen con el catalán; sin embargo, siguen teniendo el español como lengua habitual y la utilizan en la hora de juego, de tal modo que con facilidad se convierte en la lengua común. Todo lo cual significa que la inmersión aumenta el conocimiento del catalán, pero no su uso. Tan claro es este descenso que desde los sectores más comprometidos con el catalán se reclama una política más enérgica o se anuncia que dentro de cincuenta años el catalán habrá desaparecido. En estas circunstancias, hablar de que el español en Cataluña es una lengua amenazada o en peligro de desaparecer es un sinsentido.

Claro que una cosa son las perspectivas de futuro y otra el grado de conflictividad de la relación. En teoría, los ciudadanos tienen derecho a utilizar y a recibir información en cualquiera de las dos lenguas, pero las instituciones catalanas priman la información en catalán, lo que a veces produce protestas. En sentido inverso, el uso del catalán en la Administración de Justicia tropieza con muchas dificultades y a veces se hace imposible. Pero el campo más potencialmente conflictivo es la enseñanza. Por ello, en la encuesta que dirigí para el CIS sobre el conocimiento y uso de las lenguas en las comunidades con lengua propia tuve interés en que figurase este dato y los resultados mostraban una mayoría satisfecha con el sistema y una minoría que deseaba más catalán o exclusivamente catalán, y otra minoría, algo más extensa, que deseaba más español o exclusivamente español. Existe, por tanto, una variedad de opiniones sobre el tema, lo que explica que en ciertos casos se produzcan críticas y protestas, e incluso que una familia reclame la posibilidad, recogida por la propia reglamentación vigente, de que a su hijo se le atienda y se le enseñe en español. Pero, por encima de cualquier incidencia, lo que hay que tener en cuenta y lo que, en última instancia, se discute es el modelo de educación deseable en un territorio bilingüe. En Bruselas, una ciudad de hecho y de derecho bilingüe, existen dos sistemas educativos, uno en francés y otro en flamenco. En el Alto Adigio existe un sistema en italiano y otro en alemán. Y en el Canadá francés, hay universidades en lengua inglesa y otras en francés. En Cataluña se ha optado por un solo sistema educativo, sea cual sea la lengua familiar de los alumnos, y estoy seguro de que no existe ningún partido político ni ningún grupo de opinión dispuesto a cambiar este modelo.

Llego así al final de este comentario. En Cataluña existen, como es lógico, diferencias de opinión sobre la forma en que se aplica la política lingüística y a veces se expresan opiniones que escapan al consenso, opiniones e incidencias magnificadas fuera de Cataluña por los medios de comunicación, pero que no autorizan a hablar de una guerra de lenguas ni tan sólo de que se vaya a romper el consenso de la mayoría ni en el Parlamento ni en la sociedad. Hay en cambio otro tipo de incidentes de los que los mismos medios de comunicación no hablan, pero que deberían producir mayor inquietud.

Hoy en Cataluña es un secreto a voces que, desde hace una temporada, en muchos puntos de la geografía española, cuando dos catalanes hablan entre sí en catalán o hablan en catalán por un móvil, los que les oyen manifiestan en voz alta su desagrado o incluso les increpan duramente. Probablemente los que obran así creen defender la unidad de España, pero la realidad es que están abriendo heridas que va a ser muy difícil cicatrizar. Yo tenía veintiún años cuando las tropas de Franco entraron en Barcelona, y al día siguiente la ciudad apareció llena de pasquines que proclamaban: "Si eres español, habla en español". Una semana después desaparecieron los pasquines, alguien había explicado a las nuevas autoridades que la lectura que los catalanes hacían de la consigna era: "Dado que hablo catalán, esto significa que no soy español". De todo lo que he intentado contar en esta página creo que esto es, con mucho, lo más grave.

Miquel Siguan es autor, entre otros libros, de La Europa de las lenguas, España plurilingüe, bilingüismo y lenguas en contacto.
http://www.ub.es/psicolog/siguan.htm#bio

Datos personales:

Nacido en Barcelona en 1918
Esposa: Maria Luisa Boehmer
Hijos: Marisa, Jordi, Anabel
Nietos: Andrés, Gabriela, Marina, Miguel
Residencia: Barcelona e Ibiza
Correspondencia: Anuario de Psicología, Facultad de Psicología, Passeig de la Valle d' Hebrón 171, Barcelona 08035

Biografía
Nació en Barcelona en 1918 y estudió en la Universidad de su ciudad natal. Como todos los miembros de su generación vio sus estudios interrumpidos por la guerra civil en la que partecipó en las filas del ejército republicano.
Después de una temporada como profesor de enseñanza media y de una estancia en Inglaterra en la London School of Economics introdujo en España la moderna psicología industrial entendida como psicología social del trabajo y en el campo de la psicología social fue pionero en el estudio de la emigración. Por su libro "Del campo al suburbio" recibió el Premio Nacional de Literatura.
En 1962 fue nombrado catedrático de psicología de la Universidad de Barcelona y desde este punto le correspondió orientar el extraordinario desarrollo de la psicología en la Universidad, donde en pocos años pasó de ser una asignatura de la sección de filosofía a ser objeto de una licenciatura y una Facultad con miles de alumnos.
En 1969 asumió también la direccion del recien creado Instituto de Ciencias de la Educación de la misma Universidad por lo que tuvo una intervención destacada en los cambios en el sistema educativo que acompañaron a la transición politica en España y la autonomia de Cataluña y especialmente en relacion con la introduccion del catalán en la enseñanza.
Desde su incorporación a la Universidad cambió la orientación de su dedicación como investigador y como docente y se dedicó principalmente a la psicolingüística y al estudio del lenguaje infantil, así como a los problemas relacionados con le bilingüismo en todos sus aspectos. El hecho de que en Cataluña se habla el catalán, una lengua distinta del español o castellano, y el gran cambio que supuso la introducción del catalán como lengua de enseñanza, explica su dedicación especial al estudio de estos temas. En este sentido en 1974 organizó un Seminario sobre "Lenguas y Educación" que desde entonces sigue celebrándose anualmente y que desde 1981 se reune en Sitges.
También en relación con los temas lingüisticos la Comunidad Europea le encargó la preparación de un informe sobre las lenguas minoritarias en la Comunidad ("Linguistic Minorities in Europe: Portugal, Spain and Greece", CEE 1989).
Y en 1993 y en 1998 asumió la dirección de las encuestas sobre "Conocimiento y uso de las lenguas”. CIS Madrid 1999. También sobre temas de sociolingüistica versan sus libros "España Plurilingüe" y "La Europa de las lenguas" ambos traducidos a varios idiomas.
En la actualidad es Profesor Emérito de la Universidad de Barcelona y Decano Honorario de su Facultad de Psicología, en la que sigue dirigiendo su "Anuario de Psicología", que fundó en 1969. Es director científico del proyecto LINGUAPAX de la UNESCO. Miembro de la Academia Europea y Doctor Honoris Causa por las Universidades de Ginebra y del País Vasco. En mayo del año 2000 ha organizado el XXII Seminari Llengües i Educació, con tema "Plurilingüisme i educació: els reptes del segle XXI".

Libros publicados
1950. La psicología del amor en la mistica cisterciense del siglo XII. Tesis doctoral, reeditada por la Abadia de Poblet en 1993 (290 pag.).
1952. Las pruebas proyectivas y el conocimiento de la personalidad individual. Madrid, C.S.I.C col. Monografías de Ciencia Moderna, 38 (116 pag.).
1957. En los umbrales del automatismo industrial. Madrid, Acción Social (108 pag.). Catalán: L' automatisme industrial. Barcelona, Dalmau, 1962.
1958. Problemas humanos del trabajo industrial. Madrid, Rialp. Tercera edición 1963 (332 pag.).
1959. Del campo al suburbio. Un estudio sobre la inmigración interior en España. Madrid, C.S.I.C. (320 pag.).
1966. El medio rural castellano. Madrid, Ministerio de Agricultura. Segunda edición, 1967 (284 pag.).
1971. El medio rural en Andalucía Oriental. Ministerio de Agricultura. Segunda edición, Ariel, Barcelona, 1972 (224 pag.).
1974. El precio de la Enseñanza en España (en col. con J.Estruch). Barcelona, Dopesa (326 pag.).
1978. Educación y sociedad. Barcelona, Ceac. Segunda edición, 1981 (250 pag.).
1979. Lenguaje y clase social Madrid, Pablo del Río (96 pag.).
1981. La psicologia a Catalunya Barcelona, Edicions 62 (268 pag.).
1986. Metodología per l' estudi del llenguatge infantil. Vic, Eumo. Versión castellana, considerablemente aumentada: Metodología para el estudio del lenguaje infantil. Vic, Abril. 1990.
1986. Educación y bilingüismo. Madrid, Santillana/UNESCO (214 pag.). Francés: Education et bilinguisme. Neuchatel, Delachaux, 1986. Inglés: Education and bilingualism. Kogan Page, London, 1986. publicado en Estados Unidos, 1987. Chino: Peking, 1990. Italiano: Educazione e bilinguismo. Insula, Nuoro, 1992.
1992. España Plurilingüe. Alianza Universidad, Madrid (350 pag.). Inglés: Multilingual Spain. Swet and Zeitlinger. Amsterdam, 1993.
1994. Conocimiento y uso de las lenguas distintas del castellano. Centro de Investigaciones Sociales, Madrid (78 pag.).
1995. L' Europa de les llengües. Edicions 62, Barcelona (220 pag.). Castellano: La Europa de las lenguas. Alianza Editorial, Madrid, 1996. francés: L' Europe des langues, Mardaga, Lieges y Paris, 1996. Portugués: A Europa das linguas, Terramar, Lisboa, 1996. Alemán: Die Sprachen in vereitenen Europa, Stauffenburg Verlag,Tubingen, 2000.
1998. La escuela y los inmigrantes. Paidos, Barcelona (158 pag.).
1999. Conocimiento y uso de las lenguas, CIS, Madrid.
2001. Bilingüismo y lenguas en contacto. Alianza, Madrid.
2002. Europe and the Languages. E-book publicado en formato PDF y descargable gratis en At Oto's e-books en la dirección. http://www.gksdesign.com/atotos/ebooks/siguan/europe.htm

Artículo: Un poco de racionalidad

FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS
EL PAÍS - Opinión - 19-02-2006
http://www.elpais.es/articulo/elpporopi/20060219elpepiopi_8/Tes/poco/racionalidad

"Ni hay centros de enseñanza en castellano, ni misas, ni anuncios en los centros oficiales"

No sé si queda hueco para un poco de racionalidad. Voy a tratar de evitar el problema general del Estatuto (¡el tercero, hay quien anuncia el cuarto!), aunque ya sé que todo va a lo mismo: a una práctica independencia, cubierta por el uso ambiguo de la palabra "nación". Lean el Diccionario de la Academia. Hay sentidos que sí corresponden a Cataluña, uno que no.

Me limito a las lenguas. [Pero noten que ya ha hablado y dado su opinión política contraria al estatuto de autonomía de Cataluña]. No conocemos la redacción definitiva del nuevo Estatuto, pero a juzgar por la desde el principio flagrante vulneración del artículo 3 de la Constitución española, algo tolerado por todos los Gobiernos, tendremos más de lo mismo: "Lip service" al castellano y monolingüismo catalán. De aquello de la obligación de aprender el castellano y derecho a usarlo, nada de nada. Igual en el País Vasco y Galicia.

Nadie de a pie en Cataluña ha protestado contra el castellano, las dos lenguas se han llevado siempre perfectamente. En Barcelona se oye tanto catalán como castellano o español, que de los dos modos se llama. Sólo los políticos ven problema. Y no es, en este planeta, el único país bilingüe. Es frecuente que en una nación existan una lengua común y otras dos o más en ámbitos geográficos diversos.

Porque este es el problema: no entre un 50% de castellano-hablantes y un 50% de catalano-hablantes, como dicen. Hay una lengua común, un 100% de castellano-hablantes, de lengua común. ¿Por qué desprecian esa riqueza? ¿Por qué, prácticamente, no la enseñan?.

El cambio lingüístico forzado es imposible. En el País Vasco, por ejemplo, los niños hablan en la escuela en vascuence, en el recreo (el "segmento de ocio" de los pedagogos) en castellano: español, porque es común a toda España y a gran parte de América, donde con naturalidad así lo llaman. En fin, por mucha política, mucha legislación, muchos euros empleen para marginar al castellano, tienen la partida difícil.

En Cataluña, el español va a sobrevivir, aun maltratado. Nadie es, a la larga, capaz de tener éxito en las imposiciones lingüísticas. Ni Franco ni ellos. Si es que había un problema, hay mil soluciones: desde la enseñanza bilingüe a las universidades en una u otra lengua, como en Canadá. Pero no había un problema. Y si el español desapareciera, sería malo para Cataluña más que para nadie.

De ser parte importante de una nación grande, Cataluña pasaría a ser una especie de Albania. Con rotura total de la movilidad de las personas y un deterioro total de los servicios, de la vida. Sería un problema artificial el que habrían creado los políticos, con daño para el pueblo catalán. Quedaría fuera de las relaciones con todos, algo que en España no querríamos nadie, pienso que en Cataluña tampoco. Un salto en el vacío.

Y un gran sufrimiento para todos. Ya lo es. En suma, creo que ese daño a un país que es bilingüe, por el solo hecho de que al lado del catalán haya una lengua materna de muchos y común de todos, no conviene a nadie. No es racional, es algo construido sobre bases fantasmáticas, sobre un prejuicio acerca de lo que son una nación y una lengua, de visiones miopes. Hay naciones en situaciones lingüísticas mucho más complejas. Los catalanes no se lo merecen. Los castellano-hablantes en general, tampoco.

Hablan de Cataluña como de un ente esencial cargado de derechos históricos, agraviado, con una lengua y una cultura que están invadidas. Son como iluminados. Pues no: el castellano o español es también una lengua catalana, al menos desde el siglo XIV. Son tan propias la una como la otra. Viven en paz. La cuestión es no utilizar a la una contra la otra, no intentar perpetrar un gloticidio.

Hay ya toda una larga serie de prohibiciones, sin duda irán a más en ese Estatuto, si alguien no lo detiene. No quedan ya nombres de lugar sospechosos de castellanismo en las carreteras (para que un extranjero, ignorante de que debe pasar por Lleida, no sepa cómo llegar a Madrid). Quitan el español de los letreros de las tiendas y de toda la vida urbana, mercantil, popular. Multan al que los conserva. Hay una policía lingüística, como en ciertos países una policía religiosa.

Ni hay ya centros de enseñanza en castellano, ni misas, ni anuncios en los centros oficiales. El que no entiende catalán (y a nadie le obliga a ello la Constitución) se siente perdido. Angustiado. Para que todos desconozcan la existencia de la otra lengua suya, como si fuera extraña. No lo es. El precio es aislar a Cataluña y a los catalanes dejarlos náufragos, aislados. Dejarán de ir allí los estudiosos y estudiantes extranjeros, como sucede ya.

Un poco más y Cataluña dejará de ser el primer centro editorial en español, la sede de grandes periódicos en español, de una vida culta múltiple. Se aislará del mundo científico. Provocará rechazos detestables. ¡Qué desgracia! Todo un récord en la historia de la persecución lingüística (el País Vasco y Galicia se le acercan).

No admitirán, pretenden, a españoles de otras regiones como jueces, médicos o funcionarios. Para mejor dividir a España, para aislarse, asfixiarse en la endogamia. No admitirán a nadie sin apellido catalán para las consellerias y todo eso. Y ya tienen o pretenden tener tribunales, espías, multas, contra los que hablan o escriben en español. Inquisición lingüística, diríamos. Leo que hasta entre los escolares habrá espías y denunciantes. No acabo de creérmelo.

Por favor, reflexionen esos dirigentes a dónde llevan de pobreza y aislamiento a un sociedad culta y múltiple. ¿Qué locura es esa? ¿Quieren romper lazos personales, culturales, mercantiles? ¿Hacer una prohibición como la de la antigua Paestum, en Italia? Cuando los oscos la conquistaron, prohibieron hablar griego, ¡salvo un día al año, el día de la gran fiesta (algo así como el día de Santiago)! Todos sabían griego. Como todos saben español, en Cataluña y en toda España.

Por favor, reflexionen los que inducen a esto y coaccionan a todos para que les voten. Aunque algunos lo hagan por la razón que sea, lo cierto es que, en lo hondo de su corazón, nadie apoya esto en España (ni izquierdas ni derechas). Creo que en Cataluña tampoco. ¿En qué lengua van a hablar con los separatistas de otras regiones? ¿En inglés? Lo dudo.

Llegará un día, si siguen así las cosas, en que pase en Cataluña lo que me pasó una vez en Gante con el francés, en el que yo me dirigía a un flamenco: simularán que no saben español. O quizá no lo sabrán ya. Pero las lenguas pueden conservarse largamente en las catacumbas. Salen de ellas con el tiempo: como hizo el propio catalán. A la larga esa batalla la tienen perdida.

Los catalanes saben el español tan bien como nosotros. Desde el siglo XIV, las isoglosas del catalán son, las más, comunes con el castellano o español (luego fue "purificado", "normalizado" por Pompeu Fabra). Se hablaba allí ya entonces, se sigue y seguirá hablando, aunque en ciertos ambientes haya una gran presión para que los catalanes no hablen en español. Ni los demás: para que yo y el taxista de Jaén hablemos en catalán (lo oí proponer a alguien importante, no exagero). En el trato personal, todavía hay respeto y cortesía.

Señores políticos catalanes: eso que están imponiendo a los catalanes (y a los españoles todos) es una represión y un empobrecimiento, algo fuera de toda racionalidad. Nuestro siglo no se lo merece, España (que incluye a Cataluña), tampoco. Todos hemos convivido, nos hemos ayudado, seguimos haciéndolo. Con el griego, el latín, el ibero, hablábamos la misma lengua. No había suevos ni tartesios entre ustedes, tampoco una provincia Catalonia (la Tarraconense llegaba hasta Lugo). Luego hubo dos lenguas emparentadas que convivían perfectamente. Ustedes se unieron a Aragón, luego a Castilla, mediante bodas y tratados (no guerras). Vinieron a ayudarnos, frente al moro, en las Navas de Tolosa. Nadie les obligó. Aprendieron español porque les era útil. Así se difunden las lenguas.

Desde entonces, Cataluña es bilingüe, no impongan cosas forzadas. Ni en el corazón ni en la lengua se manda. Respeten los hechos, dejen un hueco para la reflexión, abandonen esa pasión mal razonada. Pierden, perdemos todos. ¿Va a perder ahora Cataluña el sentido de lo práctico? Los hechos son verdades duras, ya lo dijo Lenin. Y un poco de racionalidad, es necesaria. Siempre la ha tenido el pueblo catalán. Debemos no perderla ninguno.

Francisco Rodríguez Adrados es miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia.
http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000001.nsf/voTodosporId/[..]
Salamanca, 29 de marzo de 1922. Elegido (d) el 21 de junio de 1990; tomó posesión el 28 de abril de 1991.
Licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca (1944); doctor por la Universidad Complutense de Madrid (1944); catedrático de Griego del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid (1949), de la Universidad de Barcelona (1951), de la Complutense de Madrid (1952), en la que continúa como profesor emérito; presidente de honor de la Sociedad Española de Estudios Clásicos; director de las revistas Emerita y Española de Lingüística, del Diccionario Griego-Español y de la colección Alma Mater de clásicos griegos y latinos. Es miembro correspondiente de la Academia argentina de Letras (1995), miembro extranjero de la Academia de Atenas (2002) y miembro de la Real Academia de la Historia (2003). Es autor, en España y el extranjero, de numerosas obras sobre Lingüística (general, indoeuropea, griega), Literatura (griega, india, española), Historia y Filosofía y colaborador de los principales periódicos nacionales. Es Premio Menéndez Pidal de Investigación en Humanidades (1988), Premio "Aristóteles" de la Fundación Onassis (1989), taxiarchis de la Orden griega del Honor (1997), Premio de Castilla y León de Humanidades (1997), Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (1998), doctor honoris causa de la Universidad de Salamanca (1999).

CARTAS AL DIRECTOR

Lenguas de Cataluña

Lizz Gauvreau O'Hagan - Girona
EL PAÍS - Opinión - 22-02-2006

Soy originaria de Canadá pero ahora soy ciudadana española. Naturalmente, habiéndome formado en un país donde hay dos lenguas oficiales, la idea del bilingüismo no me es extraña y quizás por eso me chocan las actitudes que oigo y leo en los últimos tiempos acerca de "mi" comunidad (Cataluña). Me gustaría decirles a los españoles que nunca han estado en Cataluña que, en los 16 años que llevo aquí, nunca he percibido muestras de una mala convivencia entre castellano y catalanohablantes. Creo que estas supuestas malas relaciones sólo existen donde hay personas con un propósito de fomentarlas.

Me pregunto cuándo se dejará de discutir sobre el catalán y el castellano en este país (cosa que nos lleva hacia un pasado destructivo) y cuándo se dedicarán tantas energías a establecer programas educativos que nos ayudaran a incrementar y mejorar la enseñanza de otros idiomas en España (cosa que llevaría a nuestros hijos a un futuro mejor).

Habría que aceptar de una vez que Cataluña, como el País Vasco y Galicia, tiene lengua propia y que (¡por suerte!) ni 40 años de clandestinidad lingüística han servido para hacerla desaparecer. Habría que estar orgulloso de vivir en un país con semejante riqueza lingüística. Habría que pensar que si envidiamos el nivel de vida en países como Canadá, ellos, en cambio, envidian la facilidad que tienen los europeos para comunicarse en varias lenguas; se considera que cuantas más lenguas domines, más cultura tienes.

Creo que un Estatuto que garantiza el "derecho de opción lingüística" es un avance, y creo que sería hora de que en España empezáramos a mirar hacia delante, hacia un futuro plurilingüe.

Castellano en Cataluña

R. Tomàs - Barcelona
EL PAÍS - Opinión - 23-02-2006

Soy catedrática de Lengua y Literatura españolas en un instituto de Barcelona desde hace casi 30 años y le puedo asegurar que durante este periodo dilatado de mi vida no he hecho más que enseñar a mis alumnos la riqueza de la lengua castellana, la grandeza de sus escritores y la noble tarea de la RAE, sin que la "policía lingüística" me afeara mi conducta ni ningún espía de entre mis escolares me denunciaran a la "inquisición lingüística".

He leído con gran pesar la opinión de Francisco Rodríguez Adrados sobre el castellano en Cataluña, más propia de algunos políticos con visiones apocalípticas que de alguien que es miembro de la RAE, de quien se esperaría que defendiera que las lenguas son instrumentos para construir hilos de diálogo entre las personas, nunca armas para perpretar gloticidio alguno. Le invito a visitar Cataluña, verá cómo le sorprende gratamente y entenderá que la realidad lingüística no es como se la han contado.


Reportaje: "Señora, no ladre"

  • El franquismo prohibió la prensa, la radio, la enseñanza y el uso público del catalán y lo limitó al espacio "privado y familiar"
  • Jordi Carbonell dice que Rajoy "miente y lo sabe".

ALFONS RIBERA
BARCELONA
http://www.elperiodico.com/envN.asp?p=5&i=CAS&n=281672&h=060219

El secretario general del Partido Popular, Mariano Rajoy, participó esta semana en Barcelona en la campaña de hostigamiento contra el Estatut y coronó su paso con una manifestación controvertida: "Se está haciendo con el castellano lo que en época de Franco se hizo con el catalán: reducir su uso al ámbito de lo privado". El líder de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira, calificó estas palabras de "discurso fascista", que "manipula la realidad histórica y promueve la confrontación civil". También CiU tildó de fascistas estas declaraciones y añadió que las políticas del PP "están a punto de superar el juego democrático".

Ignorancia culpable

Y es que las palabras de Rajoy representan una distorsión grave de la realidad, cuando no un insulto para toda la población catalana que vivió bajo la dictadura franquista. "Rajoy es un mentiroso y lo sabe. De hecho, utiliza la técnica de Goebbels, de repetir una mentira hasta que parece real. Quizá no conoce mi caso personal, pero seguro que sabe de miles de casos. Y si sus palabras se deben a la ignorancia, es ignorancia culpable". Estas palabras de Jordi Carbonell, que fue director de la Gran Enciclopèdia Catalana y es miembro del Institut d'Estudis Catalans y presidente de ERC, son la contraposición más clara a las intenciones del líder del PP.

Y su experiencia aún lo es más, porque Carbonell es una de las muchas víctimas del franquismo por usar el catalán. "Después de la Assemblea de Montserrat, en diciembre de 1970, nos llamaron a declarar a unos cuantos. Los que lo hicieron en castellano no tuvieron problemas, pero cuando me preguntaron el nombre y les dije Jordi Carbonell, replicaron: 'hable en español'. En ese momento, les dije que hablar catalán era un derecho colectivo y que por consiguiente no podía renunciar a él. Me mandaron al calabozo y el TOP me instruyó diligencias como un peligro para la seguridad interna del Estado", explica

Peligroso o loco

"Luego --añade-- me mandaron a la Modelo, y como seguía hablando en catalán, me encerraron en una celda de castigo, y sólo me sacaron para enviarme a la galería de los peligrosos, junto con los asesinos y los violadores. Me hicieron un juicio en la misma cárcel y al pedirme que hablase castellano les dije que llamasen a un traductor jurado. El juez me mandó al servicio de observación psiquiátrica". Una situación ésta incomparable con cualquier otro parámetro que no sea el de aquella dictadura que dejó claras sus intenciones desde el primer momento. Porque el general Álvarez Arenas, en el primer bando que emitió al ocupar Barcelona en enero de 1939, decía ya: "Estad seguros catalanes de que vuestro lenguaje en el uso privado y familiar no será perseguido". Se podía hablar catalán en la intimidad. Cuando el falangista Dionisio Ridruejo, director general de Propaganda, quiso aquel verano repartir pasquines y libros en catalán para aproximar a los vencedores con el pueblo fue obligado a desistir. Desde el primer momento se prohibió el uso del catalán en la prensa, en la radio, en la edición de libros, en la escuela y en la vida pública. Las librerías fueron saqueadas y vaciadas de libros en catalán, incluyendo los de temas religiosos. Y en los despachos de la Administración había carteles que recordaban la prohibición con grandes letras de molde: Hable la lengua del Imperio. A los niños que se les escapaba alguna frase en catalán en el colegio se les obligaba a lavarse la boca con jabón, mientras que los adultos que eran pillados en tamaña falta eran castigados con multas de 500 pesetas, como, por ejemplo, le pasó a Valerio Llusa, de Valls, en junio de 1939.

El control por parte de los partidarios de la dictadura llegaba al extremo de ejercerlo en la propia vía pública. "Iba con mi madre en el tranvía y me levanté del asiento para andar por el pasillo. Mi madre me llamó diciendo 'Nen, vine', y un personaje sentado a su lado le espetó: 'Señora, no ladre'", cuenta Josep Maria Cadena, periodista y primer director del Avui. Al acabar la segunda guerra mundial con la derrota del frente faccioso, las cosas empezaron a cambiar tímidamente, aunque durante la década de los 40 el catalán no levantó cabeza y se trasladó a las catacumbas de la clandestinidad. En los años 50, algún programa de radio empezó a soltar palabras sueltas en catalán e incluso una vez al mes se hacía radioteatro con obras de Guimerà o Rusiñol. También se permitió la edición de obras en catalán, siempre que fuera el arcaico, nunca el del Institut d'Estudis Catalans y Pompeu Fabra. Valentí Castany, que hacía el programa La familia Sucarrats en Radio Barcelona, fue amonestado por decir la pabra llardons (chicharrones) y el gobernador civil Acedo Colunga dijo en 1952: "¿Ustedes creen que hemos hecho la guerra para que el catalán vuelva a ser de uso público?". En 1959, se vivió un episodio reivindicativo, después de que el director de La Vanguardia Luis Galinsoga dijera que "todos los catalanes son una mierda", tras asistir a una misa en la que la homilía se dijo en catalán. La reacción popular forzó la destitución del hombre impuesto por Serrano Suñer en la dirección del diario del conde de Godó. Unos meses después, y ante la aparición de la revista Serra d'Or, editada por la abadía de Montserrat, un semanario español escribía: "No debemos consentir que Serra d'Or, al amparo del símbolo más sagrado para los catalanes, sea una trinchera pestífera desde la que se pretende infectar el alma de España".

Laxitud con la poesía

Durante esa época, hubo una cierta laxitud con libros minoritarios, como los de poesía, como reconocía Salvador Espriu, al decir que abandonó la prosa durante el franquismo porque con el verso era más fácil publicar. El catalán regresó a la prensa en los años 60 a través de las esquelas y la lengua vivió un impulso con el fenómeno de la Nova Cançó, que tuvo dos espaldarazos: Raimon y Salomé ganaron en 1963 el Festival del Mediterráneo con Se'n va anar, lo que representó la desaparición del evento, y en 1968 Joan Manuel Serrat fue vetado en TVE y prohibidas sus canciones por querer cantar el La, la, la de Eurovisión en catalán. Hasta la muerte del dictador en 1975, el catalán no recuperó el mínimo espacio social, a pesar de los esfuerzos y triquiñuelas de todo tipo que no sólo permitieron su cultivo en el seno familiar, como querían los franquistas, sino que salió a la luz de mil maneras, a veces ingeniosas y a veces valientes, como la de Jordi Carbonell.Durante los primeros años 70 la radio había ganado unos espacios para la lengua que la prensa no recuperó hasta que Mundo Diario publicó una página en catalán bajo el epígrafe Catalunya endins. Incluso después de la muerte del dictador hubo reductos intransigentes, como los notarios y registradores, que lograron que se aprobara un texto restrictivo para el catalán en el apartado que se refiere a ellos en el Estatut de 1979. Un largo camino de represión, persecución y resistencia que Rajoy parece desconocer, cuando es del dominio público y existen libros como Catalunya sota el règim franquista, de Josep Benet, y Catalanofòbia, el pensament anticatalà a través de la historia, del recientemente fallecido Francesc Ferrer Gironès, que explican amplia y documentadamente ese lamentable vacío cultural del líder del PP.


Artículo: Lenguas minúsculas

Gregorio Salvador.
Vicedirector de la Real Academia Española www.rae.es
ABC, 19 enero 2005

A mi regreso de la Argentina, después de asistir al Congreso de Rosario, me llamaron no pocos amigos: «¿Pero qué has dicho?», «¿A qué escándalo has dado lugar?», «¿Cómo te las arreglas para encrespar a la multitud?». Les cuento lo que dije, les digo que sólo se escandalizaron, cómo no, los beatos de lo politically correct, les hago relación, en cambio, de los que piensan por su cuenta y me felicitaron, y muchos estaban presentes, esa mañana, en el Teatro El Círculo de Rosario, y en cuanto a la multitud que lo atiborraba, no se encrespó, más bien aplaudió con ardor. «Pues la prensa, la radio, la televisión dijeron que la habías armado».

Repaso la prensa española de esos días, obtengo de internet testimonios de la americana y advierto el origen del error. Yo me había referido a «lenguas minúsculas» y alguien lo transformó en «lenguas minoritarias». Alguien que desdeñaba o desconocía la notable diferencia de significado entre un adjetivo y el otro, y digo alguien porque se me hace muy duro creer que todos los corresponsales españoles, que firmaron o enviaron sus crónicas, compartiesen idéntica ignorancia. Alguno tal vez se lo contó a los otros, que estarían a aquella hora en distinto lugar, acaso en el contracongreso sobre las demás lenguas que había armado Pérez Esquivel, inevitable perejil de todas las salsas contestatarias, que no tuvo, por lo demás, demasiado relieve. Algunos diarios de aquel continente interpretaron lo de «lenguas minúsculas» como «lenguas tribales», lo que no altera sustancialmente la significación. Pero alguien dijo lo de minoritarias y esa noticia, de segunda mano, fue la que se trasmitió a España.

¿Cómo iba a desear yo la extinción de las lenguas minoritarias, si el español también lo es? Minoritaria con respecto al inglés o al chino mandarín, a escala mundial, minoritaria en países concretos, Filipinas o los Estados Unidos, minoritaria en Europa con respecto al alemán, al francés, al italiano y al ruso. No he perdido la cabeza hasta ese extremo. Yo dije lenguas minúsculas; pero habrá que contar, por su orden, lo que allí pasó.

Para la mañana del jueves 18 de noviembre estaba programada una sesión plenaria sobre identidad y lengua en la creación literaria, con una ponencia del escritor chileno Jorge Edwards, seguida de una mesa redonda de escritores, el nicaragüense Ernesto Cardenal, el mexicano Gonzalo Celorio, el español José María Merino y el argentino Juan José Sebreli, que yo habría de moderar. A continuación estaba prevista la presentación del Diccionario Panhispánico de Dudas, en el que hemos estado trabajando un buen puñado de años todas las Academias de la Lengua. Se empezó con retraso la sesión, resultó magnífica y convincente la exposición de Edwards, tras la que hubo un receso que añadió retraso, y comenzamos, ya muy ajustado el tiempo, la mesa redonda. Yo fui presentando a los participantes, que leyeron sus intervenciones, excediendo todos los diez minutos que se les habían pedido para dejar tiempo a la posible discusión. De brillante factura literaria la de Celorio; sólida, sobria y acertada la de Merino; lúcida, inteligente y perfectamente adecuada a la finalidad de la sesión la de Sebreli, y utilizo aquí los adjetivos que había ido yo anotando en mi cuaderno para cerrar la ronda de intervenciones y abrir el posible coloquio, aunque ya me iban llegando notas conminatorias de los organizadores, que me avisaban del tiempo agotado, de la inminencia del acto programado a continuación y de la necesidad de que prescindiera de discusiones y cerrara el acto, sin más, cuando acabara el último. Pero, bien mirado, el último era yo, y a la agobiante apretura de tiempo quien más había colaborado, desde la mesa, era Ernesto Cardenal, que había leído durante dieciocho minutos una comunicación seguramente confundida, pues por su contenido debía ser la que traía para el contracongreso de Esquivel, en el que él, como algún que otro ilustre invitado, se pasó más tiempo que en el nuestro. Porque del español habló poco, pero sí de las otras lenguas, de las que están en trance de desaparición. Se dolió de la cantidad de lenguas que desaparecen y de que, con cada una de ellas, se pierda una visión del mundo, y nos contó, orgulloso, que, cuando fue ministro de Cultura en su país, supo de una lengua que ya sólo hablaban cuatro ancianos y decidió establecer su enseñanza obligatoria para los niños de esa etnia. Todo eso lo tenía yo apuntado también para incluirlo en mi turno final de síntesis y comentario. Pero las avisos apremiantes me seguían llegando, con la orden de que no abriera debate, puesto que el tiempo se había consumido, y que redujera al máximo mi intervención de cierre.

Prescindí, pues, de valoraciones elogiosas, pero como dialectólogo que he sido, como investigador de campo que fui, como lingüista de vocación y de profesión que soy y como persona con algo de sentido común, no podía pasar por alto las miméticas e irreflexivas aseveraciones del poeta Cardenal, que no sólo él recita y reitera: hace no muchos años le oí decir a un entonces gerifalte de la Unesco, compungido, en una entrevista veraniega, que en lo que quedaba de año iban a morir setenta u ochenta lenguas y que eso era una desgracia para la Humanidad, que habría que poner todos los medios para que siguieran vivas todas esas lenguas. Como idéntica copla la repiten, ya se ve, personajes ilustres, supuestamente sabios y conscientes, y la oyen o la leen millares de personas que ni son tan prestigiosas ni tienen por qué saber el funcionamiento histórico del lenguaje, me vi en el deber de moderar lo oído y recordar en cuatro minutos unas cuantas obviedades que los devotos del multiculturalismo olvidan casi siempre. Dije que allí, en aquel teatro repleto, estábamos unas mil seiscientas personas, que representábamos a los cuatrocientos millones de hablantes del idioma que nos reunía, el español, que las lenguas son, ante todo, instrumentos de comunicación y vehículos de cultura en su dimensión escrita y que los grandes idiomas no suelen servir de seña de identidad para nadie, porque el nuestro, sin ir más lejos, es una lengua plurinacional y multiétnica y se habla en más de veinte naciones. Que si no hubieran ido desapareciendo lenguas en el transcurso de la historia, porque en sus hablantes triunfó la fuerza de intercambio sobre el espíritu de campanario, no habríamos alcanzado el nivel de civilización en que nos hallamos y sólo existirían lenguas mínimas, lenguas de tribu o incluso simplemente familiares. Recordé que, a pesar de todo, existían aún hoy en el mundo cuatro o cinco mil lenguas, pero que la mitad de ellas, al menos, las hablaba menos gente de la que estaba presente en el teatro, y la mitad de esa mitad eran lenguas tan minúsculas que no contaban con más hablantes de los que pudieran caber sobradamente en un palco. Que muchas de esas lenguas minúsculas se van extinguiendo es evidente, pero no hay que lamentarse, porque eso quiere decir que sus posibles hablantes, los que las han ido abandonando, se han integrado en una lengua de intercambio, en una lengua más extensa y más poblada que les ha permitido ensanchar su mundo y sus perspectivas de futuro. Añado ahora que una lengua desaparece cuando muere la última persona que la hablaba y lo único triste de ese suceso es la muerte de esa persona.

Los romanistas sabemos que el último hablante del dálmata, la décima lengua románica, fue Tuore Udaina Burbur, que murió en 1898, a los 77 años, y los vasquistas saben que la última hablante del roncalés, la novena lengua eusquérica, fue doña Antonia Anaut, una anciana completamente sorda de Isaba, que falleció a los 88 años, en abril de 1976, tras pasar los postreros años de su vida hablando roncalés sin que nadie la entendiera. Siempre es dolorosa la muerte de un ser humano, pero nadie se va a librar, igual si se lleva su lengua a la tumba que si la deja en el uso y empleo de los sobrevivientes. Lo triste, en el primer caso, es pensar en la final soledad de estas personas, aisladas en su lengua y sin poderse comunicar.

En América y en África quedan bastantes de esas lenguas minúsculas y todo esfuerzo por mantenerlas no es más que una aberración reaccionaria, todo hay que decirlo. Esas pobres gentes tuvieron que padecer, históricamente, a conquistadores, encomenderos, exploradores y colonos. Y, por si no hubieran tenido bastante, hay quien pretende mantenerlas, desvalidas, en su exigua prisión lingüística, ajenas e ignorantes del mundo que con nosotros habitan, con todo lo bueno o lo malo que este les pueda ofrecer, para regalo acaso de obstinados antropólogos, entretenimiento de gramáticos imaginativos y orgullosa satisfacción de políticos desnortados y pusilánimes. Y para más inri, en nombre del progreso y la revolución. Naturalmente que deseo la extinción de esas lenguas minúsculas, la incorporación de sus hablantes a un mundo intercomunicado. Si las cinco mil lenguas que se cuentan en el planeta quedaran reducidas tan siquiera a dos mil, algunas cosas mejorarían en el panorama mundial que hoy se nos muestra, y, sobre todo, la suerte y la condición de tantos seres humanos en ellas aprisionados.


Artículo: La flaqueza del internacionalismo lingüístico

Albert Branchadell
El País, 29 marzo 2005

*Albert Branchadell es profesor de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universitat Autònoma de Barcelona y presidente de Organización por el Multilingüismo.

En España se está poniendo de moda el "internacionalismo lingüístico", también llamado "ideología de las lenguas grandes". Las etiquetas son del último libro de Juan Ramón Lodares (El porvenir del español), que viene predicando esa creencia desde hace tiempo, pero sus voceros empiezan a ser numerosos y muy cualificados: la nómina alcanza ya a filósofos como Félix Ovejero o a ilustres miembros de la Real Academia Española como Francisco Rodríguez Adrados y Gregorio Salvador.

Los postulados del internacionalismo lingüístico son fáciles de reconocer. El primero dice que las lenguas son vehículos de comunicación. Dado que nadie discute semejante obviedad, el postulado se formula más genuinamente de modo negativo: afirmar que las lenguas son vehículos de comunicación equivale a negar que puedan ser también signos de identidad, aunque una parte importante de la Humanidad crea justamente lo contrario y muchas veces actúe en consecuencia, hasta el punto de sacrificar su vida por su vehículo de comunicación particular.

El segundo postulado sostiene que las lenguas con más usuarios son preferibles a las lenguas con menos usuarios, y de ahí se extraen consecuencias político-lingüísticas que los distintos "internacionalistas" formulan con mayor o menor sutileza: Salvador, en un extremo, no tiene reparo en exponer públicamente que desea la extinción de las lenguas que él denomina "minúsculas", en abierta contradicción con los esfuerzos que las organizaciones intergubernamentales y un sinfín de ONG dedican a la preservación de la diversidad lingüística planetaria.

Un tercer postulado, finalmente, insinúa que la difusión de las lenguas grandes es un proceso "natural", efecto de la libre elección de la gente. En otras palabras, que el imperialismo lingüístico no existe. Con algún pequeño matiz, Lodares podría haber escrito lo que dijo el Rey (o le hicieron decir) en una entrega del Premio Cervantes: "Nunca fue la nuestra lengua de imposición, sino de encuentro; a nadie se le obligó nunca a hablar en castellano: fueron los pueblos más diversos quienes hicieron suyo por voluntad libérrima el idioma de Cervantes". En términos parecidos se expresaba Félix Ovejero en estas páginas (De lenguas, sendas, mercados y derechos, EL PAÍS, 28-2-2005): los procesos que consolidan las lenguas con más usuarios "nada tienen que ver con el mercado o el capitalismo" -en contra, una vez más, de la experiencia de muchos habitantes del planeta-.

Pero el problema del internacionalismo lingüístico no son las dudas que plantean sus postulados; al fin y al cabo, los millones de personas que creen que las lenguas son valiosas en sí mismas, y que por ello es bueno preservarlas ante las amenazas del imperialismo lingüístico, podrían estar totalmente equivocadas. El verdadero problema del internacionalismo lingüístico son sus insufribles defectos internos. El primero es la práctica más o menos desvergonzada del doble rasero: la internacionalidad del español se blande para desacreditar el uso del guaraní en Paraguay o del euskera en el País Vasco, pero se enfunda discretamente cuando el español se las ve con lenguas de más usuarios, como el inglés en Estados Unidos o las grandes lenguas de la Unión Europea en Bruselas. El incidente protagonizado recientemente por la portavoz de la Comisión Europea, Françoise Le Bail, es muy instructivo al respecto. Con el loable propósito de ahorrar unos cuantos euros al contribuyente europeo, a Le Bail se le ocurrió reducir el generoso sistema de interpretación en algunas ruedas de prensa de la Comisión a las tres lenguas de más uso en la Unión: inglés, francés y alemán. Un auténtico "internacionalista" todavía habría juzgado insuficiente el recorte: si con el inglés basta, ¿para qué complicarse la vida también con los superfluos francés y alemán? Por fortuna para el español, nuestro embajador ante la Unión Europea, que no comulga con Lodares, protestó enérgicamente por la reducción impuesta por Le Bail, juntamente con su colega italiano y el apoyo de sus Gobiernos respectivos, y la portavoz no ha tenido más remedio que hacer marcha atrás en su propuesta inicial, para escándalo del "internacionalista" auténtico, que si no quería tres tazas ahora va a tener siete (las tres de Le Bail más el español, el italiano, el polaco y el neerlandés). Es muy interesante leer la argumentación de Carlos Bastarreche: el problema no es que los periodistas españoles acreditados en Bruselas no entiendan el inglés, el francés ni el alemán (mal iríamos si fuera así), ¡sino que "la defensa del español es una de las prioridades de mi Gobierno"!

El segundo defecto del internacionalismo lingüístico es su propensión antidemocrática. Retomando una metáfora naipesca de Dworkin, un liberal que Lodares y compañía no han leído, el valor de las lenguas grandes se convierte en un triunfo ante la voluntad de los hablantes de las lenguas pequeñas: y ante los triunfos no cabe discusión ni debate alguno. En el contexto español no importa el apoyo que han recibido las políticas de fomento del catalán / valenciano, vasco y gallego, ni la validación de que han sido objeto por parte del Tribunal Constitucional. En un artículo reciente (El español en España, Abc, 4-3-2005), Francisco Rodríguez Adrados pedía directamente la abrogación de la "anticonstitucional" legislación lingüística autonómica. Rodríguez Adrados es de los que tildarían de anticonstitucional la sentencia del Alto Tribunal que en 1994 dio por bueno el modelo lingüístico de las escuelas de Cataluña, que sin excluir el castellano tiene en la lengua catalana su "centro de gravedad". O incluso dedicaría el epíteto antedicho a la mismísima Constitución, en la medida que sugiere una contradicción en el interior del artículo 3 entre la oficialidad del castellano y la de las "demás lenguas españolas". Sea como sea, la voluntad de los hablantes de las lenguas pequeñas de España es algo que ha vuelto a aflorar políticamente: al menos en Cataluña, muchas de las personas que votaron "no" en el referéndum del día 20 de febrero lo hicieron por el insuficiente reconocimiento del catalán / valenciano en las instituciones europeas. Y muchos de los que votaron "sí" lo hicieron confiando en la virtualidad del memorándum que Moratinos envió a la Comisión el pasado 13 de diciembre, que solicita el reconocimiento en la Unión Europea de "todas las lenguas oficiales en España".

Pero sin duda el mayor defecto del internacionalismo lingüístico es su simplismo maniqueo, que revela una antropología lingüística de una pobreza extrema. Pongámonos en la piel de un hablante de lengua pequeña: al decir de un "internacionalista" como Gregorio Salvador (Lenguas minúsculas, Abc, 19-1-2005), este hablante sólo tiene dos opciones: ceder al "espíritu de campanario" y a la "aberración reaccionaria" para mantenerse encerrado en su "exigua prisión lingüística" o, por el contrario, abandonar su lengua e integrarse a una lengua más extensa y más poblada que le permita "ensanchar su mundo y sus perspectivas de futuro". Tertium non datur: la posibilidad de que nuestro hablante adquiera la lengua grande sin menoscabo de la pequeña es simplemente ignorada. Y, puestos a ignorar, también se ignora la profesión más antigua del mundo, que no es la que suele pasar por serlo, sino la de trujamán: los "internacionalistas" nos hacen perder de vista que, gracias a los intérpretes, hablar la misma lengua nunca ha sido una condición necesaria para el entendimiento mutuo.

Se dice que los antiguos griegos sentían horror por el vacío; claramente, nuestros "internacionalistas" sienten horror por la diversidad lingüística. Su gran problema es que viven en un mundo y en un país plurilingües que van a seguir siéndolo. Lo que veremos en los próximos meses es si ese internacionalismo que asoma en las tribunas periodísticas se impone en la esfera política. La presencia del catalán / valenciano, gallego y euskera en el Congreso de los Diputados es uno de los tests que se avecinan. Si se prohíbe cualquier uso de esas lenguas, el internacionalismo habrá ganado la manga (y algunas señorías tendrán un argumento más para "irse" de España); si se inicia un debate sereno y pausado, libre por fin de escaramuzas contraproducentes, será posible acomodar esas lenguas en los términos y plazos que dicte la sola prudencia, sin otro efecto negativo que el rasgue de vestiduras de nuestros "internacionalistas" más furibundos.

Nota. Este artículo mereció su traducción:
al gallego, http://www.om-plural.org/article.php?id=212
al vasco, http://www.om-plural.org/article.php?id=213
al inglés, http://www.om-plural.org/article.php?id=215
al francés, http://www.om-plural.org/article.php?id=214

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