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Paraguái reko eta ha iñe'ẽ nguéra
Paraguay multicultural y plurilingüe

Por: Bartomeu Melià, 2007
Comisión Nacional de Bilingüismo
Ministerio de Educación, Paraguay.

 

1. Multiculturalidad y plurilingüismo

Culturas y lenguas múltiples han existido desde los tiempos más remotos. Sus contactos entre sí han sido frecuentes, y hasta han dado lugar al nacimiento de terceras lenguas y culturas que se han desarrollado en simultaneidad con sus predecesores o las han sustituido. Este es probablemente el origen de muchas lenguas y culturas actuales. Contactos, pero también aislamientos seculares explicarían la generación de tantas lenguas y culturas.

Frente a este fenómeno que juzgamos enriquecedor para bien de la humanidad y que ha dado admirables frutos de sabiduría y modos de ser en el mundo, han irrumpido también en la historia proyectos de unificación y uniformidad que pretenden reducir el número de lenguas y de culturas. La humanidad del presente presenta una totalidad distributiva íntegramente repartida en 226 sociedades políticas, que corresponden a dos centenares de Estados nacionales.

Pues bien, en estas pocas entidades tienen que caber las cerca de 6.000 lenguas habladas en el mundo, en realidad duplicadas o triplicadas por muchas culturas que son diferentes a pesar de tener una misma lengua. ¡Cuántas culturas no caben dentro de la lengua castellana o española, por ejemplo!

La diversidad cultural existe, las diferentes lenguas existen, pero esa realidad el colonialismo y su versión moderna globalizante no lo quieren aceptar. Las formas del colonialismo todavía vigentes –llamarlo neocolonialismo es un eufemismo inútil– se manifiestan en los grandes proyectos de unicidad que nos acosan.

La cuestión de la multiculturalidad y plurilingüismo surge en el momento en que tomamos conciencia de que la uniculturalidad y el unilingüsmo son las mayores amenazas para una sociedades de hombres libres. El fenómeno no es nuevo, pero es nueva su fuerza y su rapidez de expansión. Los constructores de la nuevas torres de Babel están entre nosotros, y nos quieren enrolar en su empresa: una sola torre, una sola lengua, y de ahí al cielo, nos dicen. Contra esa poderosa empresa la multiculturalidad y plurilingüismo serían antídoto y bendición.

La multiculturalidad, según una definición divulgada por http://www.geocities.com [2004-02-25] se refiere a la coexistencia de grupos de personas que se identifican con culturas diversas en un espacio social dado. De ahí que el diálogo no sea posible si no se parte del reconocimiento de la multiculturalidad.

Desde el Ecuador –http://www.uasb.edu.ec [2004-03-30]– nos llega otra definición bajo el nombre de pluriculturalidad: una situación en la que la cultura sólo puede ser pensada y vivida, conjugada o declinada, "en plural"; y, por consiguiente, sólo existe en cuanto relación cultural y "reconocimiento" de las otras culturas, y a partir de lo cual se identifican en cuanto "diferentes". Así, la pluriculturalidad es un enfoque interpretativo de la cultura, que se presenta y define por la misma interculturalidad, por la combinación, en un territorio dado, de una unidad social y de una pluralidad cultural, que se manifiestan mediante intercambios y comunicaciones entre actores que utilizan diferentes categorías de expresión e identificación, de análisis e interpretación.

Intentemos una conceptualización más paraguaya a partir de la lengua guaraní. La multiculturalidad es un ñande social inclusivo, que acepta los diversos ore, en el que se agrupan las personas. En rigor, sólo existen las formas de cultura y de lengua de los ore plurales y diferentes. El ñande es una situación y una relación que no se identifica con ninguna cultura, y está abierto a todas; yo soy nosotros, en donde la identidad pasa por la comunidad, por un ore que al relacionarse y reconocer otros ore se hace ñande.

La multiculturalidad se hace patente cuando los grandes movimientos migratorios nos desplazan hacia espacios que ya no son los valles originarios, en los cuales tenemos peligro de sentirnos desnaturalizados si no encontramos tolerancia y acogida.

Los pequeños y grandes movimientos migratorios se expanden, dando lugar a un mundo de migrantes que en ciertas regiones superan a los habitantes autóctonos. América es el ejemplo paradigmático de este fenómeno que ha convertido a los originarios en extranjeros minoritarios en sus propias tierras. Las culturas y las lenguas entran en contacto, pero las más de las veces en conflicto, sobre todo cuando los proyectos de sustitución cultural y lingüística son apoyados y promovidos, aunque no sea más que tangencialmente, por los Estados.

¿Cuál es la conciencia que tenemos como paraguayos de esa multiculturalidad? ¿Confundimos un ore particular, el de mi grupo o comunidad, con un ñande supuestamente universal que desconoce y niega las diferencias y que pretende imponerse a todos? ¿Una nación y una cultura, una nación y dos culturas o una nación y muchas culturas?

1.1. El Paraguay, sus lenguas y sus culturas

En el Paraguay hay muchas culturas y hay muchas lenguas, si bien es más fácil determinar el número de lenguas que de culturas, pues los criterios para aquéllas están mejor definidos y son más objetivos.

La publicación de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos, Pueblos Indígenas del Paraguay, resultados finales (Fernando de la Mora: Dgeec publicaciones, 2003. 688p) ofrece datos valiosos respecto a las lenguas.

En el Paraguay, de 5.183.080 habitantes se distinguen como indígenas 87.099. Los hogares en los cuales se habla una lengua indígena propia, presentan porcentajes notablemente diferenciados. Superan el 90% de hablantes en la propia lengua etnias como los Maká, los Nivaclé y los Manjui (?); los Ayoreo, Ybytoso y Tomárahõ; los Aché, los Mbyá y los Ñandeva; los Entlhet Norte y los Toba, y los Toba-Qom (Guaicurú). Pero bajan hacia el 60% los Avá Guaraní y los Pãi, y lo mismo los Enxet Sur. Menos de 35% los Anagité, mientras los Guaná y Maskoy, se situan en un escaso 14,6% y 1,9%, respectivamente.

Estas cifras se relacionan con hechos históricos y relaciones sociales y culturales de los últimos 75 años. Hay que tener en cuenta que más de la mitad de los pueblos indígenas fueron de hecho contactados, "descubiertos", en la mitad del siglo XX dentro de un proceso de colonización que está muy lejos de haber terminado.

Estos datos sociolingüísticos no han sido internalizados por la sociedad paraguaya que apenas reconoce la existencia genérica de los indios Guaraníes de las selvas orientales y los indios del Chaco. Mucho menos se reconoce la multiculturalidad de la que son portadores.

Pero hay un plurilingüismo de otro orden que conlleva también una muticulturalidad de signo muy diferente, y es la que se da en el seno de la sociedad paraguaya no indígena.

La distribución lingüística de los hablantes en el Paraguay, a partir de datos provenientes del Censo de Población y Vivienda de 2002, de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos la presenta Carlos Carrera (2004:44) de este modo:

        Pueblos indígenas   87.099 1,8 %
Guaraní parlantes 1.399.220 27,0 %
Guaraní bilingües 1.721.200 33,0 %
Castellano bilingües 1.330.810 26,0 %
Castellano parlantes 411.780 8,0 %
Idioma portugués 122.520 2,4 %
Idioma alemán 36.200 0,7 %
Idioma japonés 3.210 0,1 %
Idioma coreano 2.810 0,1 %
Otros idiomas no indígenas 3.960 0,1 %

De estas cifras resulta, respecto al bilingüismo guaraní castellano, el siguiente cuadro:

        Guaraní 3.120.420 60,0 %
Bilingüe (guaraní-castellano) 3.052.010 59,0 %
Bilingüe (castellano-guaraní) 1.330.810 26,0 %
Castellano 411.780 8,0 %

Esta tipología lingüística configura al mismo tiempo una tipología cultural, que a su vez se traduce en otros aspectos de vida: actividad económica, pobreza, hábitat y vivienda, migración, educación, salud y supervivencia, creencias religiosas, situación de la mujer y desarrollo humano en general, como si la lengua expresión y reflejo de toda la vida y el modo de ser del Paraguay.

De un modo analógico a como se hace con las lenguas también en las culturas se tendrán que distinguir contactos y diálogos intersistemáticos e intrasistemáticos. El bilingüismo o trilingüismo relativamente frecuente entre los indígenas del Chaco que hablan dos y tres lenguas indígenas –nivaklé, maká y entlhet, por ejemplo–, es de orden diferente al establecido entre el nivaklé y el alemán –tal vez incluso en su variedad de "plattdeutsch"–. En la vida de los indígenas, en su modo de ser y en sus lenguas hay convergencias intrasistemáticas que no se dan con las lenguas y culturas que obedecen a otros sistemas. No hay una sola clase de bilingüismo y su práctica y usos están lejos de ser universales.

Lo mismo y más se puede decir del guaraní con otras lenguas y con las culturas en ellas vividas. La relación del guaraní con otras lenguas indígenas de Paraguay no es del mismo orden que la del guaraní con el alemán, el inglés, el portugués o el castellano. Y aquí surge la pregunta de si el llamado guaraní paraguayo ha de ser tenido todavía como lengua indígena y hasta qué punto su relación con el castellano es enteramente intersistemática. Creo que el guaraní del que se considera a sí mismo como hablante de guaraní, aún el hibridizado –no hablo ya del "yopará", que es un concepto confuso e indefinido y nada operativo–, sigue siendo lengua indígena, aunque no de una sociedad indígena. La conversación entre un hablante de guaraní paraguayo y un paraguayo hablando castellano paraguayo, no se sitúan necesariamente en dos sistemas y su relación podría ser intrasistemática. Es un tema que de momento dejo todavía en abierto, pero lo señalo por su complejidad conceptual y práctica. Los sistemas culturales están sujetos a modos de interpretación muy varios, que privilegian ya sea lo económico, lo religioso, lo político o los determinismos históricos, sólo para citar algunos.

1.2. La discriminación por la lengua

En realidad hay una conciencia amplia en la sociedad paraguaya de que el factor lengua es causa de discriminación, y no sólo por razones lingüísticas –aunque también por ellas–, sino por otras evidencias socioculturales atribuidas a la lengua hablada –en este caso el guaraní u otra lengua indígena–, como pueden ser la carencia de "educación", el analfabetismo, la pobreza, la credulidad, la supuesta falta de expresión adecuada y una ciudadanía débil (aunque algunos de estos problemas puedan ser sentidos de modo ambivalente).

La discriminación por la lengua en Departamentos como Itapúa o Boquerón no se da contra los hablantes de alemán, pero sí, incluso tal vez en mayor grado, contra el guaraní y especialmente contra los indígenas guaraníes que hablan sus lenguas propias.

Lo propio del discriminante es que él mismo no siente lo negativo, injusto y anticientífico de su actitud. Por eso se extraña cuando el discriminado se lo hace notar, se lo echa en cara y reclama sus propios derechos. La exigencia de respeto por parte del discriminado es no pocas veces interpretado como exageración fuera de lugar, inducida –se piensa– y provocada por elementos extraños.

El lugar donde la discriminación actúa generalmente con más fuerza es en el sistema escolar, manifestándose en dos campos diferentes, pero muy relacionados. Primero, hay motivos para dudar de la seriedad en vistas a una educación en lengua indígena. En gran parte porque no lo puede haber; no puede hacerse educación indígena sin respetar las tierras indígenas, base y garantía de la cultura indígena. La usurpación y expolio de las tierras indígenas ha continuado con fuerza en los últimos años. Ni siquiera las condenas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica, aunque aceptadas por el Estado paraguayo, han podido ser implementadas. La triste miseria que esos pueblos vienen a presentarnos, acampando en las plazas de la ciudad, no ha surtido otro efecto que la piadosa conmiseración de una ciudadanía que carece de poder al respecto.

La modalidad educativa en lengua indígena, que por otra parte se practica en rarísimos casos, carece de consistencia y continuidad. En realidad, una educación indígena que respete territorio, lengua y cultura no se improvisa. La planificación curricular y didáctica de la modalidad "indígena" todavía no ha llegado siquiera al papel en términos generales, si no es en algún que otro plan piloto que por su misma complejidad y carácter excepcional, es claramente provisorio y interino.

Los datos que ofrece un estudio encargado por UNICEF a Jorge Servín: Pueblos Indígenas en Paraguay; Situación educativa, análisis y perspectivas (Asunción, CEADUC, 2006), donde se examina la implementación del sistema escolar entre los Mbya, Avá Guaraní y Enxet Sur, son llamativos e inquietantes.

Hay una nueva ley de educación indígena (2007), que representa en algunos aspectos un avance, pero con graves fallas en cuanto a su mismo organigrama de ejecución, que provienen de posiciones teóricas muy discutibles, por la preponderancia real que sigue manteniendo en esa educación la mediación de. Ministerio de Educación.

En segundo lugar esta la deficiencia en la enseñanza, por parte de los docentes y por los recursos didácticos disponibles, entre los cuales los materiales impresos. Esta discriminación por la lengua es especialmente sentida por los indígenas más conscientes, que son muchas veces los más escolarizados, como ocurre en Boquerón. Hay alguna educación para el indígena en vistas a su integración como individuo en la sociedad regional y dentro de sus pautas culturales, pero no se ve una educación indígena que, sin dejar de serlo, pueda avanzar a partir del protagonismo propio. En realidad la sociedad nacional desconoce casi en absoluto las particularidades, los derechos y las demandas de una educación indígena específica y diferenciada; y aun conociéndola, no sabemos hasta qué punto está en condiciones de asumirla.

La dificultad en promover e investir en una educación de calidad de la población rural y barrial, económicamente pobre, es un una advertencia y un indicio de las dificultades que encuentra una educación indígena para ser llevada a término, a no ser que se parta de la base de que no habiendo habido nada, cualquier cosa es algo. Pero aun así, los daños pueden ser mayores que los logros puntuales.

Los grupos étnicos no indígenas, como coreanos, japoneses y menonitas, también son discriminados, pero su actitud de autoestima prevalece y en cuanto a educación formal mantienen más o menos paralelamente con el sistema paraguayo sus propios sistemas diferenciados. Es cierto que sus condiciones económicas, pero su inversión en educación, hacen posible este cuadro. El bilingüismo y el triligüismo en ellos es ordinario.

Lugares donde se suele sentir también la discriminación son los hospitales y centros de salud, y las oficinas públicas. El mundo de la burocracia oficial paraguaya es discriminatorio por regla general, a pesar de los marcos jurídicos que deberían evitarla. Especialmente sensible es la discriminación en la aplicación de la justicia cuando se trata de pueblos indígenas o clases desfavorecidas por sus múltiples carencias, entre las cuales la de no saber expresarse en castellano.

La conciencia de discriminación, que algunos reconocemos como racismo, está presente ya en una parte de la sociedad. Sería un primer paso hacia su superación.

1.3. Los bilingüismos en el Paraguay

En un contexto de muchas lenguas en contacto la voluntad de comunicación entre los grupos culturales de esas lenguas ha llevado a formas muy diversificadas de bilingüismo (entendido aquí como uso de más de una lengua, pero no necesariamente sólo dos). En primer lugar no todas ellas han tenido y tienen la ocasión de establecer contactos duraderos y firmes.

El plurilingüismo lleva a bilingüismos diferenciados que de momento podríamos clasificar en intersistemáticos e intrasistemáticos. Es una categoría no exclusivamente lingüística, que es también aplicable a otros sistemas culturales, incluyendo los políticos y económicos.

Para simplificar podríamos hablar de los bilingüismos intraindígenas, los bilingüismos indígena-criollos y los bilingüismos intracriollos. De estos últimos sólo diremos que el más relevante y preocupante por la incidencia que pueda tener a corto plazo sobre la sociedad paraguaya es el practicado en las fronteras con el Brasil dando lugar a un pronunciado bilingüismo castellano-portugués, más que portugués-castellano. La influencia de los medios de comunicación brasileños, más poderosos y atrayentes que los paraguayos, apoyan y refuerzan la tendencia.

En el apartado 1.1. al hablar del "Paraguay, sus lenguas y sus culturas" hemos señalado someramente las fluctuaciones que se dan entre las diversas lenguas del país, que no siempre llevan al bilingüismo, sino a la sustitución de lenguas, con abandono de la propia; hay lenguas del Paraguay que están agonizando, como el manjui y el guaná, e incluso están en peligroso declive lenguas guaraníes tradicionales que se diluyen en el guaraní paraguayo, sin que se mantengan sus especificidades, como sucede en las generaciones más jóvenes de los Pãi-Tavyterã y los Avá Guaraní. La sustitución está consumada en los Maskoy del Chaco que pasaron al guaraní desde sus tiempos de obrajeros en fábricas del río Paraguay y peones en las estancias, aunque los Toba retuvieron hasta ahora su lengua.

Por lo que respecta al guaraní con el castellano hay que afirmar una vez más que su relación está muy ilusoria y convencionalmente percibida por los hablantes de ese tipo de bilingüismo –ilusión que por otra parte hay tomar como verdad objetiva que afecta el uso de las dos lenguas–. Una parte del problema de la normalización del uso del guaraní en la educación formal proviene de la falta de determinación sobre lo que es una lengua normativa para una determinada comunicación, cual sería la de la escuela, que ciertamente es diferente de la comunicación oral coloquial, pero no debe estar tan distanciada que no se puedan establecer puentes de uso comunes y fluidos.

Los consultados expresan su incomodidad ante las formas de aplicación del guaraní en las escuelas, especialmente en cuanto a las formas escritas y los sistemas ortográficos –que de hecho no son tan dispares, como cierta corriente de quejas y rechazos hace pensar–. Muchas sociedades han pasado de la oralidad a la escritura sin tantos problemas imaginarios como los creados en amplios sectores de la sociedad paraguaya. La falsa dificultad ha promovido la exclusión real del guaraní n sólo en la escuela, sino en los medios de comunicación, incluso en los que no se valen exclusivamente de la escritura como a radio y la televisión. Lengua oral y lengua escrita obedecen a formas de comunicación de orden diferente, aun en las sociedades más "letradas".

Por inercia y pereza, que puede llegar a conducir la política real, el Estado, representado en los Ministerios y en el Congreso, no ha podido y no ha querido clarificar esta situación dejada a la improvisación y opiniones coyunturales.

2. El rol del Estado en un país plurilingüe

Los países plurilingües son la constante más general también en América Latina, con raras excepciones, como Haití, República Dominicana y Uruguay, donde sin embargo hay multiculturalidad y dialectización. Lo mismo sucede, a modo de referencia, en Europa. Sin embargo, hay Estados nacionales que insisten en no tomar en cuenta el hecho y hasta negarlo, aun contra las más ostensibles y conocidas evidencias. Durante décadas y siglos algunos Estados han seguido políticas de unicidad cultural y lingüística. Francia sería uno de los casos más paradigmáticos.

Siguiendo a Miquel Siguan, Bilingüismo y lenguas en contacto [Cap.14: Lenguas políticas lingüísticas, pp. 271-295], las políticas lingüísticas, implícitas y explícitas, de los Estados nacionales son diversas y de orden bastante heterogéneo.

La implícitas, viniendo al caso del Paraguay, destacan por la omisión en asumir la realidad lingüística del país y por el laisser faire que deja la cuestión en manos de grupos más o menos constituidos, que la orientan a intereses privados. Entra ahí también la carencia de instrumentos legales, que incentiven y promuevan acciones que redundarían en la sana economía del país. El desconcierto de los gobiernos repercute en frustración y desidia en parte de la población. En realidad hay medidas en cuestión de lenguas que sólo pueden ser implementadas a nivel de Estado, aunque no exclusivamente. El guaraní y otras lenguas indígenas necesitan sin duda codificación y modernización del código, lo que el español, por ejemplo, hace en una dimensión internacional, pero que las lenguas indígenas deben realizar de por sí en sus reducidos escenarios y con muy limitados recursos científicos, políticos y económicos. Algo parecido se puede decir cuando se trata de la expansión y recuperación conocimiento de la lengua y su uso.

En la actual situación la ausencia de una adecuada intervención por parte del Estado en la política lingüística la deja librada frecuentemente a instancias particulares poco competentes, de las que el mismo Estado llega a quejarse.

Las políticas lingüísticas explícitas se inscriben en marco la Constitución Nacional de 1992 (artículos 77 y 140) y, en un segundo orden, cuentan con varias disposiciones legales en relación con la obligatoriedad de la enseñanza en lengua materna (ver MEC, La educación bilingüe en la reforma educativa paraguaya, Asunción 2006, p. 8). Está la Ley 28/92, que en su artículo 1, establece: “Es obligatoria la enseñanza de las lenguas oficiales castellano y guaraní, en todos los niveles del sistema educativo paraguayo: primario, secundario y universitario”.

La Ley General de Educación, de 1998, dice en su artículo 31: “La enseñanza se realizará en la lengua materna del educando desde los comienzos del proceso escolar o desde l primer grado. La otra lengua oficial se enseñará también desde el inicio de la educación escolar con el tratamiento didáctico propio de una segunda lengua”.

No es mucho, pero sería bastante si hubiera una voluntad política y social para asumir y ejecutar estas leyes y disposiciones. De hecho se espera mucho de leyes, normas y reglamentaciones, pero hay que reconocer que su alcance práctico en la práctica es poco relevante. Fuera de algunos sectores que se afanan en anteproyectos de ley de lenguas, la ciudadanía se muestra más bien apática, escéptica y desconfiada al respecto.

Las políticas lingüísticas explícitas se inscriben en marco la Constitución Nacional de 1992 (artículos 77 y 140) y, en un segundo orden, cuentan con varias disposiciones legales con relación a la obligatoriedad de la enseñanza en lengua materna (ver MEC, La educación bilingüe en la reforma educativa paraguaya, Asunción 2006, p. 8). No es mucho, pero sería bastante si hubiera una voluntad política y social para asumirlas y ejecutarlas. De hecho se espera mucho de leyes, normas y reglamentaciones, pero hay que reconocer que su alcance práctico es poco relevante. Fuera de algunos sectores que se afanan en anteproyectos de ley de lenguas, la ciudadanía se muestra más bien apática, escéptica y desconfiada al respecto.

Parecería que el Estado desconoce su rol en una sociedad plurilingüe y por eso no le dedica ni atención ni estudio. Ni siquiera ha visualizado sus objetivos y menos planificado su puesta en práctica. Es una política errática y perezosa que parece actuar sólo por ocasionales impulsos. La ideología genérica de que somos un país bilingüe y lo seguiremos siendo, no se traduce en conductas lingüísticas eficaces; más aún, las obstaculiza. El desmoronamiento del bilingüismo en el Paraguay se está acentuando, según la percepción de algunos analistas. El Paraguay no se dirige hacia el bilingüismo, sino hacia la gradual sustitución del guaraní por otras lenguas; esta sustitución ha sido completada en diversos espacios de la sociedad paraguaya, sobre todo en Asunción y en vastas regiones ocupadas por brasiguayos.

La omisión del Estado favorece en el mejor de los casos un bilingüismo que seguirá siendo diglósico y orientado a la sustitución.

En vez de ejercer una discriminación positiva a favor de los hablantes de una u otra lengua indígena, el Estado de hecho penaliza con variadas formas de exclusión a estos colectivos. Incluso su bilingüismo bipolar, como veremos, es ejercido de manera colonialista e intolerante.

2.1. La cuestión cultural, política y económica de las lenguas.

Las lenguas tienen mucho que ver con cultura, política y economía. La relación de la lengua con la educación es clara; no hay educación sin lengua. Sin embargo, en todo el período independentista, el Paraguay ha obviado la consideración de este elemento crucial. Así, culturalmente, la educación de la mayoría, sobre todo rural, de los paraguayos se ha llevado a cabo al margen de la "educación". Los desastrosos efectos económicos de esta práctica están a la vista, aunque no se quieren ver. La educación formal, incluso en sus instancias más críticas, como sería el CONEC, ni siquiera medianamente se da por aludida por estos hechos que, sin embargo, lamenta. Entonces se busca la solución por vías atravesadas, que suponen lo que en realidad no es. La etiología del mal hay que buscarlo primeramente en la lengua.

No es el lugar para tratar pormenorizadamente esta cuestión, que se debe señalar como crucial y fundamental. El valor económico de las lenguas es un presupuesto ineludible. De ahí las grandes inversiones que países y grupos le destinan. La lengua española –y esto lo dicen con orgullo y sin rubor sus promotores– es un grande y productivo negocio, que sabe buscar mercados en las más lejanas tierras y varios ámbitos. Por otra parte la deforestación lingüística anuncia el desierto cultural y la pobreza económica.

2.2. Bilingüismo bipolar y otros bilingüismos posibles

Hay un más acá y un más allá del bilingüismo. Un sólo bilingüismo, bipolar y exclusivo, pudo ser y ha sido en el Paraguay tan funesto como el unilingüismo. La formulación del artículo 140 de la Constitución traduce técnica y políticamente esa incorrección, al decir que el Paraguay es un país pluricultural y bilingüe, pues hace de bilingüismo castellano-guaraní un principio que conculca su plurilingüismo real. La proyección hacia dos lenguas oficiales ha posibilitado el rechazo teórico y práctico de una de ellas en los usos efectivos del guaraní, sobre todo en el campo del poder judicial, así como del poder legislativo, en el cual leyes y disposiciones son redactadas exclusivamente en castellano.

Hay lenguas en el Paraguay que han muerto aplastadas por el guaraní con graves perjuicios para la riqueza idiomática del país. El proceso sigue recibiendo justificaciones ideológicas y educativas que van contra la multiculturalidad y el plurilingüismo de derecho.

Considero que la teoría del bilingüismo que se practica, teóricamente viciado, mal programado y pésimamente administrado, es la mayor amenaza que pesa sobre las lenguas de América Latina; el dogma del bilingüismo se ha vuelto superstición.

Por ello me atrevo a proponer un más acá del bilingüismo y un más allá. Quien no está en condiciones de entrar en el movedizo estero del bilingüismo, mejor que no lo haga; quien piensa que podrá enfrentarlo, que sepa qué hay más allá.

¿Cuál es el bilingüismo que se propone y al que se induce?

Un motivo previo para desconfiar es

  • que el bilingüismo es propuesto por personas que no son bilingües y que, sin embargo, tampoco son realmente monolingües, sino unilingües. Intentaremos precisar después esta distinción.
  • que si son bilingües, lo son de dos lenguas –castellano-inglés, castellano-portugués; castellano-francés, castellano alemán–, que por circunstancias de historia y de gravitación no tienen nada que ver con la situación de los bilingüizandos indígenas u aborígenes.
  • que piensan que hay un único binomio castellano-lengua indígena, como si éste fuera castellano-inglés, sin haber pensado en situaciones como castellano-coreano, o castellano-árabe. He experimentado que vietnamitas, indonesios o africanos captan mucho mejor el sistema guaraní que los de procedencia española, con su pesado unilingüismo.

No se trata de recorrer toda la lista de dificultades en que se debate una propuesta apresurada de bilingüismo. Los libros serios que tratan del tema los han detectado con perspicacia, aunque los bilingüistas siguen todavía con sus simplezas y orgullosas ignorancias.

Otros bilingüismos son posibles, si no partimos precisamente de un solo bilingüismo, sino de un monolingüismo propio, que no se cierra sobre aquella "estupidez" unilingüe, como la practican en gran parte aquellas culturas imperiales que hacen de su inglés, del castellano, o de otra lengua transnacional, que creen bastarse a sí mismas y que se presentan como obligatorias, por lo menos en ciertos medios de comunicación, especialmente los científicos y técnicos. El monolingüismo que mantiene su lealtad a una lengua como propia, generalmente materna y tradicional, no excluye el aprendizaje de otras lenguas, que no sustituirán a esa propia. La precariedad del dominio de las dos lenguas en los supuestos bilingües, es notable, aunque hay gratas y exitosas excepciones individuales cuando convergen buenos medios de aprendizaje y entorno apto.

Personas y sociedades que se han sentido sistemática e insistentemente acosadas por sustituidores de lengua, una lengua que se pretende universal y única, sea el latín, el francés, el inglés, e incluso el ruso en las repúblicas soviéticas, han tenido que recurrir al término de "unilingüe estúpido", ciertamente impactante, pero bastante adecuado.

El rey san Esteban de Hungría (969-1038) advertía a su hijo: “nam unius linguae, uniusque moris regnum imbecille et fragile est”: es débil y frágil, un reino con una sola lengua y unas mismas costumbres (on line: unius linguae); máxima de gran valor en estos tiempos de devastadora globalización.

Para no alargarme sobre este tema remito al escrito: “Elogio del monolingüismo”, en Line Bareiro (2005), Discriminaciones; debate teórico paraguayo; legislación antidiscriminatoria, y a otro reciente: “Más acá y más allá de bilingüismo”, en vías de publicación, que retoman algunos de los mismos puntos de vista.

2.3. Por una política plurilingüe diversificada. Más allá del modelo de bilingüismo actual.

En el caso del Paraguay es el bilingüismo como programa la más seria amenaza para las lenguas que aquí se hablan; ese tipo de bilingüismo es el opio de los hablantes de las "dos" lenguas. La metáfora marxiana –“la religión opio de los pueblos”– se justifica cuando se aclara que no se trata de un bilingüismo en términos generales sino de usos lingüísticos concretos, emocionalmente discriminados, socialmente censurados y económicamente rechazados, que se inclinan a dos lenguas de forma tan desequilibrada e inicua. Mientras se acepta como fatalidad que una de las lenguas resulte ya inútil para muchas áreas del saber y que no vale ya la pena mantenerla ni siquiera en aquellos campos donde sí se le reconoce su extraordinaria aptitud y aportes sustanciales al conocimiento científico, en farmacopea, fauna y flora, y aun en formas sociales de organización política, se concede a otra, la recién llegada, la ilusoria virtud que de por sí permitiría el ingreso a la riqueza y a la sabiduría y el bienestar. En las lenguas más ricas hay muchos pobres, por supuesto, y en algunos casos es la pobreza de mente y espíritu el resultado de una lengua extraña mal aprendida y peor usada. La cuestión de la diglosia y sus lastres no son desconocidos.

Cuando en el Paraguay se habla de bilingüismo se piensa promocionar, a veces con ingenua buena voluntad y alguna buena intención, una política de dos lenguas. Sin embargo, sabemos que estas dos lenguas nunca están en pie de igualdad. En realidad, ¿puede existir la perfecta igualdad en sociedades desiguales? Estamos en el ya citado bilingüismo de desigualdad donde las ventajas y provechos del bilingüismo en general pierden consistencia.

El bilingüismo sólo puede tener alguna consistencia teórica y práctica cuando se acepta el plurilingüismo, que ni siquiera pretende equiparar las lenguas en sus funciones, pero sí en dignidad.

Los sucesivos procesos de globalización que se han dado en América han tendido hacia sustituciones de la cual la lingüística es la más atrevida y una de las más complejas. De todos los procesos de transformación el de las lenguas y lenguajes es el de más largo aliento, el más lento, pero también de efectos prácticamente irreversibles.

Es cierto que el unilingüismo ha conocido no pocos fracasos, aun en los países colonizados. No es fácil deshacerse de una lengua. Una lengua pude morirse por rápida desaparición de todos y cada de sus hablantes en breve espacio de tiempo, por masacre o por enfermedad. El hacer que una sociedad aparezca como inútil e incluso sea vista como tal, que es lo que pretende el unilingüismo, lleva más tiempo.

Pero, si una lengua muere y se desintegra al faltarle el medio donde se pueda comunicar, crear de nuevo la comunicación supone recrear formas de sociedad; es nacer de nuevo.

El bilingüismo o es intercultural o es lingüicida. Una cultura no dialoga sobre sí misma a partir de dos versiones lingüísticas sobre sí misma, repitiéndose y fotocopiándose en dos variantes de lo mismo. El bilingüismo no es cultura duplicada.

De hecho en el Paraguay el proclamado bilingüismo, como en tantos países, intenta llevarse a cabo desde la perspectiva del unilingüismo.

La escuela anglófona practicada en Norteamérica, por ejemplo, se constituyó ya desde fines en maquinaria de muerte para las lenguas indígenas, en una misión de verdadero desarraigo vergonzante, como muestra C. Hagège (2002: 117-118).

En el Paraguay el guaraní, a pesar de las loas ditirámbicas a su respecto –expresadas incluso en español– es motivo de vergüenza por los campesinos pobres que ven en él las causas de su pobreza. Esta realidad se expresa incluso con cierta violencia y no sin razón frente a las modalidades de escuela en guaraní. Los bilingües unilingüistas los tratamos de gente ignorante y sin visión, cuando en realidad es la ideología burguesa envolvente les repite hasta la saciedad que la tan alabada lengua guaraní no tiene ningún porvenir. Esto no se publica, pero se dice en los más variados tonos en los círculos del poder.

¿Cuáles son los motivos culturales que pueden mantener un guaraní irreductible? Esta es una de las cuestiones tal vez más pertinentes del momento actual. La pérdida de sus superficies selváticas y aun de sus tierras en beneficio de terceros que muestran escasa disposición para mantener la sustentabilidad ecológica e integrarse en una política de bien común, es una metáfora de lo que puede ocurrir con la cultura del Paraguay, y especialmente con su cultura lingüística.

Lo que no conduciría al unilingüismo es el monolingüismo que se abre a todas las lenguas posibles, de las cuales escogeremos, por afinidad electiva, otra, o dos, o tres. Tal vez hasta diez y más. Todas esas adiciones no conllevan ninguna sustitución.

Siempre me ha parecido peligrosa la autosuficiencia de decirse bilingüe desde el nacimiento. Es cierto que se dan casos de niños que aprenden a hablar en dos lenguas desde la más tierna edad –y M. Siguan (2001: 61-89) dedica todo un capítulo a esta eventualidad y posibilidad–, pero los buenos resultados son más bien casos particulares y hasta raros. Lo habitual, sin embargo, es que aún en las experiencias más exitosas, el hablante se decanta, a medida que pasa el tiempo y se afirma su vida cultural, por una lengua principal que será la de la comunicación cultural de su preferencia.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que la diversidad cultural sustentada en estructuras y conjuntos intrasistemáticos, como son el inglés, el español, el francés y el alemán, y muchas de las lenguas y dialectos con ellas emparentadas no es del mismo orden que la diversidad cultural y social que proviene de contactos intersistemáticos, en los cuales las distancias fonéticas, morfológicas y contenidos léxicos del discurso son tan notables.

Un programa de bilingüismo mal concebido y mal echado a luz hace morir el guaraní, sustituyéndolo por ese hijo bastardo, esmirriado y antipático, cual es el dialecto de carácter escolar. Por suerte el guaraní está también fuera de la escuela y a pesar de la escuela.

El bilingüismo paraguayo está tan mal explicado como el mestizaje paraguayo, vivido con la angustia de argumentos contradictorios, apenas aceptados por historiadores y legisladores, a quienes desde su ideología liberal interesaba establecer un postulado neutralizador y conciliador, según el cual todos somos iguales ante la ley, sujetos de los mismos deberes, aunque no de los mismos derechos. La sociedad colonial paraguaya no fue una sociedad mestiza; fue y sigue siendo una sociedad dividida.

Levantar este tipo de cuestiones creo que es necesario para establecer una guía de ruta para saber qué puede dar y qué no puede dar el bilingüismo en el Paraguay.

Tal como se está llevando a cabo, la propuesta del bilingüismo en el Paraguay lleva a la extinción del guaraní. El proceso está en plena marcha. Sería demasiado largo enumerar las causas de sustitución promovidas por ese bilingüismo, pero quiero señalar una aparentemente paradójica. La falta total o parcial de educación en la lengua propia conspira contra la transmisión normal de una lengua. Pero también conspira contra la misma la ilusión creada por los puristas rigurosos, purismo por otra parte más inventado que comunicado. Muchos puristas ni siquiera conocen el código culto de lengua que teóricamente proponen. En estas condiciones no se crean ni se pueden crear las condiciones que aseguren su comunicación y uso. Ni siquiera los escolares fuera del aula –y probablemente tampoco en ella– lo practican.

Lo curioso del caso paraguayo, a pesar de ciertas propagandas, es que la sociedad va de hecho hacia un semilingüismo, en el cual se darían los síntomas observados en situaciones similares:

“se caracteriza por la pobreza del vocabulario y de la morfosintaxis en cada lengua, déficit de automatismo para mantenerlas separadas y para pasar de una a otra y como consecuencia dificultad para adaptar el lenguaje a sus diferentes funciones” (Siguan 2001: 87-88).

La prensa diaria da cuenta repetidamente del fenómeno que reviste características alarmantes. Documentos del mismo Ministerio de Educación, que el diario Última Hora (20.09.2007: 2-3) cita, reconocen que “los niños que llegan al tercer grado sólo logran un 45 % de comprensión del vocabulario y tampoco alcanzan a interpretar el contenido de un texto… La situación de los alumnos del sexto grado es grave: no llegan a manejar ni el 50 % del vocabulario apropiado para su edad… Los estudiantes también demuestran poco conocimiento de las reglas ortográficas y escasa capacidad de interpretar un texto”. Y es sabido que sin comunicación no puede haber aprendizaje ni progreso. El juicio de un estudiante de que “el sistema educativo es adrede; quieren mantenernos mediocres” es más que el patético exabrupto de una frustración. Afredo Boccia Paz, en su columna, dos días después en el mismo diario (22.09.2007) se refería a la tragedia que supone para el país que la reforma educativa esté arrojando al mercado una camada de jóvenes despistados e incultos –juicio que considera simplista, pero no del todo equivocado–.

No todos aceptarán estas deficiencias, fallas y faltas haya que atribuirlas a un bilingüismo mal resuelto. Es cierto que este análisis no es exhaustivo, pero no se puede decir que sea falso y que no tenga base científica. Por otra parte, esta llamada de atención, para que tenga sentido, debe llegar a políticas lingüísticas efectivas, que el Estado, a través de sus organismos pertinentes como son el Ministerio de Educación y Cultura, el Consejo Nacional de Educación y la Comisión Nacional de Bilingüismo debería por lo menos analizar con rigor y poner en práctica las recomendaciones de ciertas consultas que ya se hicieron y parecen archivadas.

He escrito alguna vez que “estamos felizmente condenados al bilingüismo”, pero no desde la perspectiva del unilingüismo, sino desde la potencialidad positiva del monolingüismo de una lengua propia, que aprende una segunda y una tercera lengua, y otras más todavía. ¿Un lujo impuesto? Creo que se trata más bien de una riqueza que la historia nos depara, y que el futuro no puede desperdiciar.

3. Lenguas en la educación y educación por la lengua

En los diferentes foros y jornadas de consulta llevados a cabo en los últimos años, aun en los de la última ronda que trataban del tema de la multiculturalidad y plurilingüismo, un número grande de apreciaciones y razonamientos volvió a referirse al problema de la mala enseñanza del guaraní en las escuelas. No es este el único y ni siquiera el primer problema. Él hace parte de una red de criterios e ideologías que conducen a posturas y actitudes discriminatorias entre las cuales una es la cuestión de la lengua.

En momentos en los que la educación escolar es mala, sobre todo para la población más carenciada y pobre, no puede ser buena la educación por la lengua.

¿Cuál es lugar de la lengua en la educación? Si todos los que acuden a la escuela ya hablan de un modo u otro, ¿qué es lo que se pretende enseñar en cuestión de lengua?

El punto de partida y la perspectiva no es cosa de más o menos. Lo primero que llama la atención es que en el Paraguay, donde hay multitud de lenguas, y donde se pretende una educación formal generalizada y en principio igualitaria, la lengua no sea objeto de consideración.

¿Nos hemos preguntado en qué lengua se hace la educación pre-escolar? Sin embargo, la opción castellana que se ha instalado de hecho para esa fase del sistema educativo, significa una escisión radical, como nunca se había dado anteriormente, entre el niño y su comunidad. Para la mayoría la lengua materna y propia queda discriminada negativamente y relegada al olvido.

Sea lo que fuere de las interminables discusiones sobre el guaraní en la escuela –y en mayor grado sobre otras lenguas indígenas– la orientación pedagógica no es la de incorporarlo a un proceso productivo de conocimientos ni de uso en la vida ordinaria. Las lenguas indígenas enseñadas no pasan de ser lenguas de la escuela y para la escuela. Si el uso de la lengua perdura, no es gracias a la escuela, sino a pesar de la escuela.

Referencias bibliográficas

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  • Melià, Bartomeu. 1992. La lengua guaraní del Paraguay; historia, sociedad y literatura. Madrid, Mapfre.
  • Melià, Bartomeu. 1995. Elogio de la lengua guaraní; contextos para una educación bilingüe en el Paraguay. Asunción: Cepag.
  • Melià, Bartomeu. 1998. "El guaraní popular y el guaraní impopular". En: Acción, nº 190, diciembre: 23-25.
  • Melià, Bartomeu. 2003. La lengua guaraní en el Paraguay colonial. Asunción: Cepag, 2003.
  • Pic-Guillard, Cristina. 2001. "La transformación de un país plurilingüe en un país bilingüe. Un caso ejemplar: El Paraguay". En: Ñemitỹ 41: 17-20. También (incompleto): 2000. "De país plurilingüe a país bilingüe". En: Última Hora; Correo semanal, 13-14 mayo: 20-21.
  • Siguan, Miquel. 2001. Bilingüismo y lenguas en contacto. Madrid, Alianza.
 
 www.guaranirenda.com - 2008

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