1. Multiculturalidad y plurilingüismo
Culturas y lenguas múltiples han existido desde los tiempos más remotos.
Sus contactos entre sí han sido frecuentes, y hasta han dado lugar al
nacimiento de terceras lenguas y culturas que se han desarrollado en
simultaneidad con sus predecesores o las han sustituido. Este es probablemente
el origen de muchas lenguas y culturas actuales. Contactos, pero también
aislamientos seculares explicarían la generación de tantas lenguas y
culturas.
Frente a este fenómeno que juzgamos enriquecedor para bien de la humanidad
y que ha dado admirables frutos de sabiduría y modos de ser en el mundo, han
irrumpido también en la historia proyectos de unificación y uniformidad que
pretenden reducir el número de lenguas y de culturas. La humanidad del
presente presenta una totalidad distributiva íntegramente repartida en 226
sociedades políticas, que corresponden a dos centenares de Estados
nacionales.
Pues bien, en estas pocas entidades tienen que caber las cerca de 6.000
lenguas habladas en el mundo, en realidad duplicadas o triplicadas por muchas
culturas que son diferentes a pesar de tener una misma lengua. ¡Cuántas
culturas no caben dentro de la lengua castellana o española, por ejemplo!
La diversidad cultural existe, las diferentes lenguas existen, pero esa
realidad el colonialismo y su versión moderna globalizante no lo quieren
aceptar. Las formas del colonialismo todavía vigentes –llamarlo
neocolonialismo es un eufemismo inútil– se manifiestan en los grandes
proyectos de unicidad que nos acosan.
La cuestión de la multiculturalidad y plurilingüismo surge en el momento
en que tomamos conciencia de que la uniculturalidad y el unilingüsmo son las
mayores amenazas para una sociedades de hombres libres. El fenómeno no es
nuevo, pero es nueva su fuerza y su rapidez de expansión. Los constructores
de la nuevas torres de Babel están entre nosotros, y nos quieren enrolar en
su empresa: una sola torre, una sola lengua, y de ahí al cielo, nos dicen.
Contra esa poderosa empresa la multiculturalidad y plurilingüismo serían
antídoto y bendición.
La multiculturalidad, según una definición divulgada por
http://www.geocities.com [2004-02-25] se refiere a la coexistencia de grupos
de personas que se identifican con culturas diversas en un espacio social
dado. De ahí que el diálogo no sea posible si no se parte del reconocimiento
de la multiculturalidad.
Desde el Ecuador –http://www.uasb.edu.ec
[2004-03-30]– nos llega otra
definición bajo el nombre de pluriculturalidad: una situación en la que la
cultura sólo puede ser pensada y vivida, conjugada o declinada, "en
plural"; y, por consiguiente, sólo existe en cuanto relación cultural y
"reconocimiento" de las otras culturas, y a partir de lo cual se
identifican en cuanto "diferentes". Así, la pluriculturalidad es un
enfoque interpretativo de la cultura, que se presenta y define por la misma
interculturalidad, por la combinación, en un territorio dado, de una unidad
social y de una pluralidad cultural, que se manifiestan mediante intercambios
y comunicaciones entre actores que utilizan diferentes categorías de
expresión e identificación, de análisis e interpretación.
Intentemos una conceptualización más paraguaya a partir de la lengua
guaraní. La multiculturalidad es un ñande social inclusivo, que acepta los
diversos ore, en el que se agrupan las personas. En rigor, sólo existen las
formas de cultura y de lengua de los ore plurales y diferentes. El ñande es
una situación y una relación que no se identifica con ninguna cultura, y
está abierto a todas; yo soy nosotros, en donde la identidad pasa por la
comunidad, por un ore que al relacionarse y reconocer otros ore se hace
ñande.
La multiculturalidad se hace patente cuando los grandes movimientos
migratorios nos desplazan hacia espacios que ya no son los valles originarios,
en los cuales tenemos peligro de sentirnos desnaturalizados si no encontramos
tolerancia y acogida.
Los pequeños y grandes movimientos migratorios se expanden, dando lugar a
un mundo de migrantes que en ciertas regiones superan a los habitantes
autóctonos. América es el ejemplo paradigmático de este fenómeno que ha
convertido a los originarios en extranjeros minoritarios en sus propias
tierras. Las culturas y las lenguas entran en contacto, pero las más de las
veces en conflicto, sobre todo cuando los proyectos de sustitución cultural y
lingüística son apoyados y promovidos, aunque no sea más que
tangencialmente, por los Estados.
¿Cuál es la conciencia que tenemos como paraguayos de esa
multiculturalidad? ¿Confundimos un ore particular, el de mi grupo o
comunidad, con un ñande supuestamente universal que desconoce y niega las
diferencias y que pretende imponerse a todos? ¿Una nación y una cultura, una
nación y dos culturas o una nación y muchas culturas?
1.1. El Paraguay, sus lenguas y sus culturas
En el Paraguay hay muchas culturas y hay muchas lenguas, si bien es más
fácil determinar el número de lenguas que de culturas, pues los criterios
para aquéllas están mejor definidos y son más objetivos.
La publicación de la Dirección General de Estadística, Encuestas y
Censos, Pueblos Indígenas del Paraguay, resultados finales (Fernando de la
Mora: Dgeec publicaciones, 2003. 688p) ofrece datos valiosos respecto a las
lenguas.
En el Paraguay, de 5.183.080 habitantes se distinguen como indígenas
87.099. Los hogares en los cuales se habla una lengua indígena propia,
presentan porcentajes notablemente diferenciados. Superan el 90% de hablantes
en la propia lengua etnias como los Maká, los Nivaclé y los Manjui (?); los
Ayoreo, Ybytoso y Tomárahõ; los Aché, los Mbyá y los Ñandeva; los Entlhet
Norte y los Toba, y los Toba-Qom (Guaicurú). Pero bajan hacia el 60% los Avá
Guaraní y los Pãi, y lo mismo los Enxet Sur. Menos de 35% los Anagité,
mientras los Guaná y Maskoy, se situan en un escaso 14,6% y 1,9%,
respectivamente.
Estas cifras se relacionan con hechos históricos y relaciones sociales y
culturales de los últimos 75 años. Hay que tener en cuenta que más de la
mitad de los pueblos indígenas fueron de hecho contactados,
"descubiertos", en la mitad del siglo XX dentro de un proceso de
colonización que está muy lejos de haber terminado.
Estos datos sociolingüísticos no han sido internalizados por la sociedad
paraguaya que apenas reconoce la existencia genérica de los indios Guaraníes
de las selvas orientales y los indios del Chaco. Mucho menos se reconoce la
multiculturalidad de la que son portadores.
Pero hay un plurilingüismo de otro orden que conlleva también una
muticulturalidad de signo muy diferente, y es la que se da en el seno de la
sociedad paraguaya no indígena.
La distribución lingüística de los hablantes en el Paraguay, a partir de
datos provenientes del Censo de Población y Vivienda de 2002, de la
Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos la presenta Carlos
Carrera (2004:44) de este modo:
| |
Pueblos indígenas |
87.099 |
1,8 % |
|
Guaraní parlantes |
1.399.220 |
27,0 % |
|
Guaraní bilingües |
1.721.200 |
33,0 % |
|
Castellano bilingües |
1.330.810 |
26,0 % |
|
Castellano parlantes |
411.780 |
8,0 % |
|
Idioma portugués |
122.520 |
2,4 % |
|
Idioma alemán |
36.200 |
0,7 % |
|
Idioma japonés |
3.210 |
0,1 % |
|
Idioma coreano |
2.810 |
0,1 % |
|
Otros idiomas no indígenas |
3.960 |
0,1 % |
De estas cifras resulta, respecto al bilingüismo guaraní castellano, el
siguiente cuadro:
| |
Guaraní |
3.120.420 |
60,0 % |
|
Bilingüe (guaraní-castellano) |
3.052.010 |
59,0 % |
|
Bilingüe (castellano-guaraní) |
1.330.810 |
26,0 % |
|
Castellano |
411.780 |
8,0 % |
Esta tipología lingüística configura al mismo tiempo una tipología
cultural, que a su vez se traduce en otros aspectos de vida: actividad
económica, pobreza, hábitat y vivienda, migración, educación, salud y
supervivencia, creencias religiosas, situación de la mujer y desarrollo
humano en general, como si la lengua expresión y reflejo de toda la vida y el
modo de ser del Paraguay.
De un modo analógico a como se hace con las lenguas también en las
culturas se tendrán que distinguir contactos y diálogos intersistemáticos e
intrasistemáticos. El bilingüismo o trilingüismo relativamente frecuente
entre los indígenas del Chaco que hablan dos y tres lenguas indígenas –nivaklé, maká y entlhet, por
ejemplo–, es de orden diferente al establecido
entre el nivaklé y el alemán –tal vez incluso en su variedad de
"plattdeutsch"–. En la vida de los indígenas, en su modo de ser y
en sus lenguas hay convergencias intrasistemáticas que no se dan con las
lenguas y culturas que obedecen a otros sistemas. No hay una sola clase de
bilingüismo y su práctica y usos están lejos de ser universales.
Lo mismo y más se puede decir del guaraní con otras lenguas y con las
culturas en ellas vividas. La relación del guaraní con otras lenguas
indígenas de Paraguay no es del mismo orden que la del guaraní con el
alemán, el inglés, el portugués o el castellano. Y aquí surge la pregunta
de si el llamado guaraní paraguayo ha de ser tenido todavía como lengua
indígena y hasta qué punto su relación con el castellano es enteramente
intersistemática. Creo que el guaraní del que se considera a sí mismo como
hablante de guaraní, aún el hibridizado –no hablo ya del
"yopará", que es un concepto confuso e indefinido y nada operativo–, sigue siendo lengua indígena, aunque no de una sociedad
indígena. La conversación entre un hablante de guaraní paraguayo y un
paraguayo hablando castellano paraguayo, no se sitúan necesariamente en dos
sistemas y su relación podría ser intrasistemática. Es un tema que de
momento dejo todavía en abierto, pero lo señalo por su complejidad
conceptual y práctica. Los sistemas culturales están sujetos a modos de
interpretación muy varios, que privilegian ya sea lo económico, lo
religioso, lo político o los determinismos históricos, sólo para citar
algunos.
1.2. La discriminación por la lengua
En realidad hay una conciencia amplia en la sociedad paraguaya de que el
factor lengua es causa de discriminación, y no sólo por razones
lingüísticas –aunque también por ellas–, sino por otras evidencias
socioculturales atribuidas a la lengua hablada –en este caso el guaraní u
otra lengua indígena–, como pueden ser la carencia de "educación",
el analfabetismo, la pobreza, la credulidad, la supuesta falta de expresión
adecuada y una ciudadanía débil (aunque algunos de estos problemas puedan
ser sentidos de modo ambivalente).
La discriminación por la lengua en Departamentos como Itapúa o Boquerón
no se da contra los hablantes de alemán, pero sí, incluso tal vez en mayor
grado, contra el guaraní y especialmente contra los indígenas guaraníes que
hablan sus lenguas propias.
Lo propio del discriminante es que él mismo no siente lo negativo, injusto
y anticientífico de su actitud. Por eso se extraña cuando el discriminado se
lo hace notar, se lo echa en cara y reclama sus propios derechos. La exigencia
de respeto por parte del discriminado es no pocas veces interpretado como
exageración fuera de lugar, inducida –se piensa– y provocada por elementos
extraños.
El lugar donde la discriminación actúa generalmente con más fuerza es en
el sistema escolar, manifestándose en dos campos diferentes, pero muy
relacionados. Primero, hay motivos para dudar de la seriedad en vistas a una
educación en lengua indígena. En gran parte porque no lo puede haber; no
puede hacerse educación indígena sin respetar las tierras indígenas, base y
garantía de la cultura indígena. La usurpación y expolio de las tierras
indígenas ha continuado con fuerza en los últimos años. Ni siquiera las
condenas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Costa
Rica, aunque aceptadas por el Estado paraguayo, han podido ser implementadas.
La triste miseria que esos pueblos vienen a presentarnos, acampando en las
plazas de la ciudad, no ha surtido otro efecto que la piadosa conmiseración
de una ciudadanía que carece de poder al respecto.
La modalidad educativa en lengua indígena, que por otra parte se practica
en rarísimos casos, carece de consistencia y continuidad. En realidad, una
educación indígena que respete territorio, lengua y cultura no se improvisa.
La planificación curricular y didáctica de la modalidad
"indígena" todavía no ha llegado siquiera al papel en términos
generales, si no es en algún que otro plan piloto que por su misma
complejidad y carácter excepcional, es claramente provisorio y interino.
Los datos que ofrece un estudio encargado por UNICEF a Jorge Servín:
Pueblos Indígenas en Paraguay; Situación educativa, análisis y perspectivas
(Asunción, CEADUC, 2006), donde se examina la implementación del sistema
escolar entre los Mbya, Avá Guaraní y Enxet Sur, son llamativos e
inquietantes.
Hay una nueva ley de educación indígena (2007), que representa en algunos
aspectos un avance, pero con graves fallas en cuanto a su mismo organigrama de
ejecución, que provienen de posiciones teóricas muy discutibles, por la
preponderancia real que sigue manteniendo en esa educación la mediación de.
Ministerio de Educación.
En segundo lugar esta la deficiencia en la enseñanza, por parte de los
docentes y por los recursos didácticos disponibles, entre los cuales los
materiales impresos. Esta discriminación por la lengua es especialmente
sentida por los indígenas más conscientes, que son muchas veces los más
escolarizados, como ocurre en Boquerón. Hay alguna educación para el
indígena en vistas a su integración como individuo en la sociedad regional y
dentro de sus pautas culturales, pero no se ve una educación indígena que,
sin dejar de serlo, pueda avanzar a partir del protagonismo propio. En
realidad la sociedad nacional desconoce casi en absoluto las particularidades,
los derechos y las demandas de una educación indígena específica y
diferenciada; y aun conociéndola, no sabemos hasta qué punto está en
condiciones de asumirla.
La dificultad en promover e investir en una educación de calidad de la
población rural y barrial, económicamente pobre, es un una advertencia y un
indicio de las dificultades que encuentra una educación indígena para ser
llevada a término, a no ser que se parta de la base de que no habiendo habido
nada, cualquier cosa es algo. Pero aun así, los daños pueden ser mayores que
los logros puntuales.
Los grupos étnicos no indígenas, como coreanos, japoneses y menonitas,
también son discriminados, pero su actitud de autoestima prevalece y en
cuanto a educación formal mantienen más o menos paralelamente con el sistema
paraguayo sus propios sistemas diferenciados. Es cierto que sus condiciones
económicas, pero su inversión en educación, hacen posible este cuadro. El
bilingüismo y el triligüismo en ellos es ordinario.
Lugares donde se suele sentir también la discriminación son los
hospitales y centros de salud, y las oficinas públicas. El mundo de la
burocracia oficial paraguaya es discriminatorio por regla general, a pesar de
los marcos jurídicos que deberían evitarla. Especialmente sensible es la
discriminación en la aplicación de la justicia cuando se trata de pueblos
indígenas o clases desfavorecidas por sus múltiples carencias, entre las
cuales la de no saber expresarse en castellano.
La conciencia de discriminación, que algunos reconocemos como racismo,
está presente ya en una parte de la sociedad. Sería un primer paso hacia su
superación.
1.3. Los bilingüismos en el Paraguay
En un contexto de muchas lenguas en contacto la voluntad de comunicación
entre los grupos culturales de esas lenguas ha llevado a formas muy
diversificadas de bilingüismo (entendido aquí como uso de más de una
lengua, pero no necesariamente sólo dos). En primer lugar no todas ellas han
tenido y tienen la ocasión de establecer contactos duraderos y firmes.
El plurilingüismo lleva a bilingüismos diferenciados que de momento
podríamos clasificar en intersistemáticos e intrasistemáticos. Es una
categoría no exclusivamente lingüística, que es también aplicable a otros
sistemas culturales, incluyendo los políticos y económicos.
Para simplificar podríamos hablar de los bilingüismos intraindígenas,
los bilingüismos indígena-criollos y los bilingüismos intracriollos. De
estos últimos sólo diremos que el más relevante y preocupante por la
incidencia que pueda tener a corto plazo sobre la sociedad paraguaya es el
practicado en las fronteras con el Brasil dando lugar a un pronunciado
bilingüismo castellano-portugués, más que portugués-castellano. La
influencia de los medios de comunicación brasileños, más poderosos y
atrayentes que los paraguayos, apoyan y refuerzan la tendencia.
En el apartado 1.1. al hablar del "Paraguay, sus lenguas y sus
culturas" hemos señalado someramente las fluctuaciones que se dan entre
las diversas lenguas del país, que no siempre llevan al bilingüismo, sino a
la sustitución de lenguas, con abandono de la propia; hay lenguas del
Paraguay que están agonizando, como el manjui y el guaná, e incluso están
en peligroso declive lenguas guaraníes tradicionales que se diluyen en el
guaraní paraguayo, sin que se mantengan sus especificidades, como sucede en
las generaciones más jóvenes de los Pãi-Tavyterã y los Avá Guaraní. La
sustitución está consumada en los Maskoy del Chaco que pasaron al guaraní
desde sus tiempos de obrajeros en fábricas del río Paraguay y peones en las
estancias, aunque los Toba retuvieron hasta ahora su lengua.
Por lo que respecta al guaraní con el castellano hay que afirmar una vez
más que su relación está muy ilusoria y convencionalmente percibida por los
hablantes de ese tipo de bilingüismo –ilusión que por otra parte hay tomar
como verdad objetiva que afecta el uso de las dos lenguas–. Una parte del
problema de la normalización del uso del guaraní en la educación formal
proviene de la falta de determinación sobre lo que es una lengua normativa
para una determinada comunicación, cual sería la de la escuela, que ciertamente es diferente de la comunicación oral coloquial, pero no debe estar
tan distanciada que no se puedan establecer puentes de uso comunes y fluidos.
Los consultados expresan su incomodidad ante las formas de aplicación del
guaraní en las escuelas, especialmente en cuanto a las formas escritas y los
sistemas ortográficos –que de hecho no son tan dispares, como cierta
corriente de quejas y rechazos hace pensar–. Muchas sociedades han pasado de
la oralidad a la escritura sin tantos problemas imaginarios como los creados
en amplios sectores de la sociedad paraguaya. La falsa dificultad ha promovido
la exclusión real del guaraní n sólo en la escuela, sino en los medios de
comunicación, incluso en los que no se valen exclusivamente de la escritura
como a radio y la televisión. Lengua oral y lengua escrita obedecen a formas
de comunicación de orden diferente, aun en las sociedades más
"letradas".
Por inercia y pereza, que puede llegar a conducir la política real, el
Estado, representado en los Ministerios y en el Congreso, no ha podido y no ha
querido clarificar esta situación dejada a la improvisación y opiniones
coyunturales.
2. El rol del Estado en un país plurilingüe
Los países plurilingües son la constante más general también en
América Latina, con raras excepciones, como Haití, República Dominicana y
Uruguay, donde sin embargo hay multiculturalidad y dialectización. Lo mismo
sucede, a modo de referencia, en Europa. Sin embargo, hay Estados nacionales
que insisten en no tomar en cuenta el hecho y hasta negarlo, aun contra las
más ostensibles y conocidas evidencias. Durante décadas y siglos algunos
Estados han seguido políticas de unicidad cultural y lingüística. Francia
sería uno de los casos más paradigmáticos.
Siguiendo a Miquel Siguan, Bilingüismo y lenguas en contacto [Cap.14:
Lenguas políticas lingüísticas, pp. 271-295], las políticas
lingüísticas, implícitas y explícitas, de los Estados nacionales son
diversas y de orden bastante heterogéneo.
La implícitas, viniendo al caso del Paraguay, destacan por la omisión en
asumir la realidad lingüística del país y por el laisser faire que deja la
cuestión en manos de grupos más o menos constituidos, que la orientan a
intereses privados. Entra ahí también la carencia de instrumentos legales,
que incentiven y promuevan acciones que redundarían en la sana economía del
país. El desconcierto de los gobiernos repercute en frustración y desidia en
parte de la población. En realidad hay medidas en cuestión de lenguas que
sólo pueden ser implementadas a nivel de Estado, aunque no exclusivamente. El
guaraní y otras lenguas indígenas necesitan sin duda codificación y
modernización del código, lo que el español, por ejemplo, hace en una
dimensión internacional, pero que las lenguas indígenas deben realizar de
por sí en sus reducidos escenarios y con muy limitados recursos científicos,
políticos y económicos. Algo parecido se puede decir cuando se trata de la
expansión y recuperación conocimiento de la lengua y su uso.
En la actual situación la ausencia de una adecuada intervención por parte
del Estado en la política lingüística la deja librada frecuentemente a
instancias particulares poco competentes, de las que el mismo Estado llega a
quejarse.
Las políticas lingüísticas explícitas se inscriben en marco la
Constitución Nacional de 1992 (artículos 77 y 140) y, en un segundo orden,
cuentan con varias disposiciones legales en relación con la obligatoriedad de
la enseñanza en lengua materna (ver MEC, La educación bilingüe en la
reforma educativa paraguaya, Asunción 2006, p. 8). Está la Ley 28/92, que en
su artículo 1, establece: “Es obligatoria la enseñanza de las lenguas
oficiales castellano y guaraní, en todos los niveles del sistema educativo
paraguayo: primario, secundario y universitario”.
La Ley General de Educación, de 1998, dice en su artículo 31: “La
enseñanza se realizará en la lengua materna del educando desde los comienzos
del proceso escolar o desde l primer grado. La otra lengua oficial se
enseñará también desde el inicio de la educación escolar con el
tratamiento didáctico propio de una segunda lengua”.
No es mucho, pero sería bastante si hubiera una voluntad política y
social para asumir y ejecutar estas leyes y disposiciones. De hecho se espera
mucho de leyes, normas y reglamentaciones, pero hay que reconocer que su
alcance práctico en la práctica es poco relevante. Fuera de algunos sectores
que se afanan en anteproyectos de ley de lenguas, la ciudadanía se muestra
más bien apática, escéptica y desconfiada al respecto.
Las políticas lingüísticas explícitas se inscriben en marco la
Constitución Nacional de 1992 (artículos 77 y 140) y, en un segundo orden,
cuentan con varias disposiciones legales con relación a la obligatoriedad de
la enseñanza en lengua materna (ver MEC, La educación bilingüe en la
reforma educativa paraguaya, Asunción 2006, p. 8). No es mucho, pero sería
bastante si hubiera una voluntad política y social para asumirlas y
ejecutarlas. De hecho se espera mucho de leyes, normas y reglamentaciones,
pero hay que reconocer que su alcance práctico es poco relevante. Fuera de
algunos sectores que se afanan en anteproyectos de ley de lenguas, la
ciudadanía se muestra más bien apática, escéptica y desconfiada al
respecto.
Parecería que el Estado desconoce su rol en una sociedad plurilingüe y
por eso no le dedica ni atención ni estudio. Ni siquiera ha visualizado sus
objetivos y menos planificado su puesta en práctica. Es una política
errática y perezosa que parece actuar sólo por ocasionales impulsos. La
ideología genérica de que somos un país bilingüe y lo seguiremos siendo,
no se traduce en conductas lingüísticas eficaces; más aún, las
obstaculiza. El desmoronamiento del bilingüismo en el Paraguay se está
acentuando, según la percepción de algunos analistas. El Paraguay no se
dirige hacia el bilingüismo, sino hacia la gradual sustitución del guaraní
por otras lenguas; esta sustitución ha sido completada en diversos espacios
de la sociedad paraguaya, sobre todo en Asunción y en vastas regiones
ocupadas por brasiguayos.
La omisión del Estado favorece en el mejor de los casos un bilingüismo
que seguirá siendo diglósico y orientado a la sustitución.
En vez de ejercer una discriminación positiva a favor de los hablantes de
una u otra lengua indígena, el Estado de hecho penaliza con variadas formas
de exclusión a estos colectivos. Incluso su bilingüismo bipolar, como
veremos, es ejercido de manera colonialista e intolerante.
2.1. La cuestión cultural, política y económica de las lenguas.
Las lenguas tienen mucho que ver con cultura, política y economía. La
relación de la lengua con la educación es clara; no hay educación sin
lengua. Sin embargo, en todo el período independentista, el Paraguay ha
obviado la consideración de este elemento crucial. Así, culturalmente, la
educación de la mayoría, sobre todo rural, de los paraguayos se ha llevado a
cabo al margen de la "educación". Los desastrosos efectos
económicos de esta práctica están a la vista, aunque no se quieren ver. La
educación formal, incluso en sus instancias más críticas, como sería el
CONEC, ni siquiera medianamente se da por aludida por estos hechos que, sin
embargo, lamenta. Entonces se busca la solución por vías atravesadas, que
suponen lo que en realidad no es. La etiología del mal hay que buscarlo
primeramente en la lengua.
No es el lugar para tratar pormenorizadamente esta cuestión, que se debe
señalar como crucial y fundamental. El valor económico de las lenguas es un
presupuesto ineludible. De ahí las grandes inversiones que países y grupos
le destinan. La lengua española –y esto lo dicen con orgullo y sin rubor sus
promotores– es un grande y productivo negocio, que sabe buscar mercados en las
más lejanas tierras y varios ámbitos. Por otra parte la deforestación
lingüística anuncia el desierto cultural y la pobreza económica.
2.2. Bilingüismo bipolar y otros bilingüismos posibles
Hay un más acá y un más allá del bilingüismo. Un sólo bilingüismo,
bipolar y exclusivo, pudo ser y ha sido en el Paraguay tan funesto como el
unilingüismo. La formulación del artículo 140 de la Constitución traduce
técnica y políticamente esa incorrección, al decir que el Paraguay es un
país pluricultural y bilingüe, pues hace de bilingüismo castellano-guaraní
un principio que conculca su plurilingüismo real. La proyección hacia dos
lenguas oficiales ha posibilitado el rechazo teórico y práctico de una de
ellas en los usos efectivos del guaraní, sobre todo en el campo del poder
judicial, así como del poder legislativo, en el cual leyes y disposiciones
son redactadas exclusivamente en castellano.
Hay lenguas en el Paraguay que
han muerto aplastadas por el guaraní con graves perjuicios para la riqueza
idiomática del país. El proceso sigue recibiendo justificaciones
ideológicas y educativas que van contra la multiculturalidad y el
plurilingüismo de derecho.
Considero que la teoría del bilingüismo que se
practica, teóricamente viciado, mal programado y pésimamente administrado,
es la mayor amenaza que pesa sobre las lenguas de América Latina; el dogma
del bilingüismo se ha vuelto superstición.
Por ello me atrevo a proponer un
más acá del bilingüismo y un más allá. Quien no está en condiciones de
entrar en el movedizo estero del bilingüismo, mejor que no lo haga; quien
piensa que podrá enfrentarlo, que sepa qué hay más allá.
¿Cuál es el
bilingüismo que se propone y al que se induce?
Un motivo previo para
desconfiar es
- que el bilingüismo es propuesto por personas que no son
bilingües y que, sin embargo, tampoco son realmente monolingües, sino
unilingües. Intentaremos precisar después esta distinción.
- que si son
bilingües, lo son de dos lenguas –castellano-inglés, castellano-portugués;
castellano-francés, castellano alemán–, que por circunstancias de historia y
de gravitación no tienen nada que ver con la situación de los
bilingüizandos indígenas u aborígenes.
- que piensan que hay un único
binomio castellano-lengua indígena, como si éste fuera castellano-inglés,
sin haber pensado en situaciones como castellano-coreano, o castellano-árabe.
He experimentado que vietnamitas, indonesios o africanos captan mucho mejor el
sistema guaraní que los de procedencia española, con su pesado unilingüismo.
No se trata de recorrer toda la lista de dificultades en que se debate una
propuesta apresurada de bilingüismo. Los libros serios que tratan del tema
los han detectado con perspicacia, aunque los bilingüistas siguen todavía
con sus simplezas y orgullosas ignorancias.
Otros bilingüismos son posibles,
si no partimos precisamente de un solo bilingüismo, sino de un monolingüismo
propio, que no se cierra sobre aquella "estupidez" unilingüe, como la practican en
gran parte aquellas culturas imperiales que hacen de su inglés, del
castellano, o de otra lengua transnacional, que creen bastarse a sí mismas y
que se presentan como obligatorias, por lo menos en ciertos medios de
comunicación, especialmente los científicos y técnicos. El monolingüismo
que mantiene su lealtad a una lengua como propia, generalmente materna y
tradicional, no excluye el aprendizaje de otras lenguas, que no sustituirán a
esa propia. La precariedad del dominio de las dos lenguas en los supuestos
bilingües, es notable, aunque hay gratas y exitosas excepciones individuales
cuando convergen buenos medios de aprendizaje y entorno apto.
Personas y sociedades que se han sentido sistemática e insistentemente
acosadas por sustituidores de lengua, una lengua que se pretende universal y
única, sea el latín, el francés, el inglés, e incluso el ruso en las
repúblicas soviéticas, han tenido que recurrir al término de
"unilingüe estúpido", ciertamente impactante, pero bastante
adecuado.
El rey san Esteban de Hungría (969-1038) advertía a su hijo: “nam unius linguae, uniusque moris regnum imbecille et fragile
est”: es
débil y frágil, un reino con una sola lengua y unas mismas costumbres (on line: unius
linguae); máxima de gran valor en estos tiempos de
devastadora globalización.
Para no alargarme sobre este tema remito al
escrito: “Elogio del monolingüismo”, en Line Bareiro (2005),
Discriminaciones; debate teórico paraguayo; legislación antidiscriminatoria,
y a otro reciente: “Más acá y más allá de bilingüismo”, en
vías de publicación, que retoman algunos de los mismos puntos de vista.
2.3. Por una política plurilingüe diversificada. Más allá del modelo de
bilingüismo actual.
En el caso del Paraguay es el bilingüismo como programa la más seria
amenaza para las lenguas que aquí se hablan; ese tipo de bilingüismo es el
opio de los hablantes de las "dos" lenguas. La metáfora marxiana
–“la religión opio de los pueblos”– se justifica cuando se aclara
que no se trata de un bilingüismo en términos generales sino de usos
lingüísticos concretos, emocionalmente discriminados, socialmente censurados
y económicamente rechazados, que se inclinan a dos lenguas de forma tan
desequilibrada e inicua. Mientras se acepta como fatalidad que una de las
lenguas resulte ya inútil para muchas áreas del saber y que no vale ya la
pena mantenerla ni siquiera en aquellos campos donde sí se le reconoce su
extraordinaria aptitud y aportes sustanciales al conocimiento científico, en
farmacopea, fauna y flora, y aun en formas sociales de organización
política, se concede a otra, la recién llegada, la ilusoria virtud que de
por sí permitiría el ingreso a la riqueza y a la sabiduría y el bienestar.
En las lenguas más ricas hay muchos pobres, por supuesto, y en algunos casos
es la pobreza de mente y espíritu el resultado de una lengua extraña mal
aprendida y peor usada. La cuestión de la diglosia y sus lastres no son
desconocidos.
Cuando en el Paraguay se habla de bilingüismo se piensa
promocionar, a veces con ingenua buena voluntad y alguna buena intención, una
política de dos lenguas. Sin embargo, sabemos que estas dos lenguas nunca
están en pie de igualdad. En realidad, ¿puede existir la perfecta igualdad
en sociedades desiguales? Estamos en el ya citado bilingüismo de desigualdad
donde las ventajas y provechos del bilingüismo en general pierden
consistencia.
El bilingüismo sólo puede tener alguna consistencia teórica y
práctica cuando se acepta el plurilingüismo, que ni siquiera pretende
equiparar las lenguas en sus funciones, pero sí en dignidad.
Los sucesivos
procesos de globalización que se han dado en América han tendido hacia
sustituciones de la cual la lingüística es la más atrevida y una de las
más complejas. De todos los procesos de transformación el de las lenguas y
lenguajes es el de más largo aliento, el más lento, pero también de efectos
prácticamente irreversibles.
Es cierto que el unilingüismo ha conocido no
pocos fracasos, aun en los países colonizados. No es fácil deshacerse de una
lengua. Una lengua pude morirse por rápida desaparición de todos y cada de
sus hablantes en breve espacio de tiempo, por masacre o por enfermedad. El
hacer que una sociedad aparezca como inútil e incluso sea vista como tal, que
es lo que pretende el unilingüismo, lleva más tiempo.
Pero, si una lengua
muere y se desintegra al faltarle el medio donde se pueda comunicar, crear de
nuevo la comunicación supone recrear formas de sociedad; es nacer de nuevo.
El bilingüismo o es intercultural o es lingüicida. Una cultura no dialoga
sobre sí misma a partir de dos versiones lingüísticas sobre sí misma,
repitiéndose y fotocopiándose en dos variantes de lo mismo. El bilingüismo
no es cultura duplicada.
De hecho en el Paraguay el proclamado bilingüismo,
como en tantos países, intenta llevarse a cabo desde la perspectiva del
unilingüismo.
La escuela anglófona practicada en Norteamérica, por ejemplo,
se constituyó ya desde fines en maquinaria de muerte para las lenguas
indígenas, en una misión de verdadero desarraigo vergonzante, como muestra
C. Hagège (2002: 117-118).
En el Paraguay el guaraní, a pesar de las loas
ditirámbicas a su respecto –expresadas incluso en español– es motivo de
vergüenza por los campesinos pobres que ven en él las causas de su pobreza.
Esta realidad se expresa incluso con cierta violencia y no sin razón frente a
las modalidades de escuela en guaraní. Los bilingües unilingüistas los
tratamos de gente ignorante y sin visión, cuando en realidad es la ideología
burguesa envolvente les repite hasta la saciedad que la tan alabada lengua
guaraní no tiene ningún porvenir. Esto no se publica, pero se dice en los
más variados tonos en los círculos del poder.
¿Cuáles son los motivos
culturales que pueden mantener un guaraní irreductible? Esta es una de las
cuestiones tal vez más pertinentes del momento actual. La pérdida de sus
superficies selváticas y aun de sus tierras en beneficio de terceros que
muestran escasa disposición para mantener la sustentabilidad ecológica e
integrarse en una política de bien común, es una metáfora de lo que puede
ocurrir con la cultura del Paraguay, y especialmente con su cultura
lingüística.
Lo que no conduciría al unilingüismo es el monolingüismo que
se abre a todas las lenguas posibles, de las cuales escogeremos, por afinidad
electiva, otra, o dos, o tres. Tal vez hasta diez y más. Todas esas adiciones
no conllevan ninguna sustitución.
Siempre me ha parecido peligrosa la
autosuficiencia de decirse bilingüe desde el nacimiento. Es cierto que se dan
casos de niños que aprenden a hablar en dos lenguas desde la más tierna edad
–y M. Siguan (2001: 61-89) dedica todo un capítulo a esta eventualidad y
posibilidad–, pero los buenos resultados son más bien casos particulares y
hasta raros. Lo habitual, sin embargo, es que aún en las experiencias más
exitosas, el hablante se decanta, a medida que pasa el tiempo y se afirma su
vida cultural, por una lengua principal que será la de la comunicación
cultural de su preferencia.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que la
diversidad cultural sustentada en estructuras y conjuntos intrasistemáticos,
como son el inglés, el español, el francés y el alemán, y muchas de las
lenguas y dialectos con ellas emparentadas no es del mismo orden que la
diversidad cultural y social que proviene de contactos intersistemáticos, en
los cuales las distancias fonéticas, morfológicas y contenidos léxicos del
discurso son tan notables.
Un programa de bilingüismo mal concebido y mal
echado a luz hace morir el guaraní, sustituyéndolo por ese hijo bastardo,
esmirriado y antipático, cual es el dialecto de carácter escolar. Por suerte
el guaraní está también fuera de la escuela y a pesar de la escuela.
El
bilingüismo paraguayo está tan mal explicado como el mestizaje paraguayo,
vivido con la angustia de argumentos contradictorios, apenas aceptados por
historiadores y legisladores, a quienes desde su ideología liberal interesaba
establecer un postulado neutralizador y conciliador, según el cual todos
somos iguales ante la ley, sujetos de los mismos deberes, aunque no de los
mismos derechos. La sociedad colonial paraguaya no fue una sociedad mestiza;
fue y sigue siendo una sociedad dividida.
Levantar este tipo de cuestiones
creo que es necesario para establecer una guía de ruta para saber qué puede
dar y qué no puede dar el bilingüismo en el Paraguay.
Tal como se está
llevando a cabo, la propuesta del bilingüismo en el Paraguay lleva a la
extinción del guaraní. El proceso está en plena marcha. Sería demasiado
largo enumerar las causas de sustitución promovidas por ese bilingüismo,
pero quiero señalar una aparentemente paradójica. La falta total o parcial
de educación en la lengua propia conspira contra la transmisión normal de
una lengua. Pero también conspira contra la misma la ilusión creada por los
puristas rigurosos, purismo por otra parte más inventado que comunicado.
Muchos puristas ni siquiera conocen el código culto de lengua que
teóricamente proponen. En estas condiciones no se crean ni se pueden crear
las condiciones que aseguren su comunicación y uso. Ni siquiera los escolares
fuera del aula –y probablemente tampoco en ella– lo practican.
Lo curioso del
caso paraguayo, a pesar de ciertas propagandas, es que la sociedad va de hecho
hacia un semilingüismo, en el cual se darían los síntomas observados en
situaciones similares:
“se caracteriza por la pobreza del vocabulario y de la morfosintaxis
en cada lengua, déficit de automatismo para mantenerlas separadas y para
pasar de una a otra y como consecuencia dificultad para adaptar el lenguaje a
sus diferentes funciones” (Siguan 2001: 87-88).
La prensa diaria da cuenta repetidamente del fenómeno que reviste
características alarmantes. Documentos del mismo Ministerio de Educación,
que el diario Última Hora (20.09.2007: 2-3) cita, reconocen que “los
niños que llegan al tercer grado sólo logran un 45 % de comprensión del
vocabulario y tampoco alcanzan a interpretar el contenido de un texto… La
situación de los alumnos del sexto grado es grave: no llegan a manejar ni el
50 % del vocabulario apropiado para su edad… Los estudiantes también
demuestran poco conocimiento de las reglas ortográficas y escasa capacidad de
interpretar un texto”. Y es sabido que sin comunicación no puede haber
aprendizaje ni progreso. El juicio de un estudiante de que “el
sistema educativo es adrede; quieren mantenernos mediocres” es más que
el patético exabrupto de una frustración. Afredo Boccia Paz, en su columna,
dos días después en el mismo diario (22.09.2007) se refería a la tragedia
que supone para el país que la reforma educativa esté arrojando al mercado
una camada de jóvenes despistados e incultos –juicio que considera simplista,
pero no del todo equivocado–.
No todos aceptarán estas deficiencias, fallas y
faltas haya que atribuirlas a un bilingüismo mal resuelto. Es cierto que este
análisis no es exhaustivo, pero no se puede decir que sea falso y que no tenga
base científica. Por otra parte, esta llamada de atención, para que tenga
sentido, debe llegar a políticas lingüísticas efectivas, que el Estado, a
través de sus organismos pertinentes como son el Ministerio de Educación y
Cultura, el Consejo Nacional de Educación y la Comisión Nacional de
Bilingüismo debería por lo menos analizar con rigor y poner en práctica las
recomendaciones de ciertas consultas que ya se hicieron y parecen archivadas.
He escrito alguna vez que “estamos felizmente condenados al
bilingüismo”, pero no desde la perspectiva del unilingüismo, sino desde
la potencialidad positiva del monolingüismo de una lengua propia, que aprende
una segunda y una tercera lengua, y otras más todavía. ¿Un lujo impuesto?
Creo que se trata más bien de una riqueza que la historia nos depara, y que
el futuro no puede desperdiciar.
3. Lenguas en la educación y educación por la lengua
En los diferentes foros y jornadas de consulta llevados a cabo en los
últimos años, aun en los de la última ronda que trataban del tema de la
multiculturalidad y plurilingüismo, un número grande de apreciaciones y
razonamientos volvió a referirse al problema de la mala enseñanza del
guaraní en las escuelas. No es este el único y ni siquiera el primer
problema. Él hace parte de una red de criterios e ideologías que conducen a
posturas y actitudes discriminatorias entre las cuales una es la cuestión de
la lengua.
En momentos en los que la educación escolar es mala, sobre todo
para la población más carenciada y pobre, no puede ser buena la educación
por la lengua.
¿Cuál es lugar de la lengua en la educación? Si todos los
que acuden a la escuela ya hablan de un modo u otro, ¿qué es lo que se
pretende enseñar en cuestión de lengua?
El punto de partida y la perspectiva
no es cosa de más o menos. Lo primero que llama la atención es que en el
Paraguay, donde hay multitud de lenguas, y donde se pretende una educación
formal generalizada y en principio igualitaria, la lengua no sea objeto de
consideración.
¿Nos hemos preguntado en qué lengua se hace la educación
pre-escolar? Sin embargo, la opción castellana que se ha instalado de hecho
para esa fase del sistema educativo, significa una escisión radical, como
nunca se había dado anteriormente, entre el niño y su comunidad. Para la
mayoría la lengua materna y propia queda discriminada negativamente y
relegada al olvido.
Sea lo que fuere de las interminables discusiones sobre el
guaraní en la escuela –y en mayor grado sobre otras lenguas indígenas– la
orientación pedagógica no es la de incorporarlo a un proceso productivo de
conocimientos ni de uso en la vida ordinaria. Las lenguas indígenas
enseñadas no pasan de ser lenguas de la escuela y para la escuela. Si el uso
de la lengua perdura, no es gracias a la escuela, sino a pesar de la escuela.
Referencias bibliográficas
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paraguayo; legislación antidiscriminatoria. Asunción.
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España, 6-9 de junio de 1966.
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- Melià, Bartomeu. 1992. La lengua guaraní del
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- Melià, Bartomeu. 1995. Elogio de la lengua guaraní; contextos
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- Melià, Bartomeu. 1998. "El guaraní
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- Melià, Bartomeu. 2003. La lengua guaraní en el Paraguay colonial. Asunción:
Cepag, 2003.
- Pic-Guillard, Cristina. 2001. "La transformación de un
país plurilingüe en un país bilingüe. Un caso ejemplar: El Paraguay".
En: Ñemitỹ 41: 17-20. También (incompleto): 2000. "De país
plurilingüe a país bilingüe". En: Última Hora; Correo semanal, 13-14
mayo: 20-21.
- Siguan, Miquel. 2001. Bilingüismo y lenguas en contacto. Madrid, Alianza.
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