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Asunción del Paraguay, establecida en 1537, se desarrolló desde sus
comienzos bajo el signo de la confusión y de la corrupción. Es lo que
denunciaba el mercedario fray Juan de Salazar cuando a 13 de abril de 1545
escribía al emperador Carlos V diciendo que esa ciudad –fundada apenas siete
años antes– era “un pueblo de más de quinientos hombres y más de quinientas
mil turbaciones” (Archivo General de Indias, Justicia, 1131).
¿Habrá habido más orden y concierto en el uso de la lengua o de las
lenguas habladas en ese pequeño y corto caserío?
Alguien dijo recientemente que “el guaraní paraguayo es el producto
natural de cinco siglos de historia de transformaciones del guaraní karió,
el dialecto que fuera de los indígenas asuncenos, los que “pactaron la
alianza” e iniciaron el mestizaje”. ¿Tan simple es esta historia? ¿El
guaraní paraguayo ha sido y es el asunceno?
Otras cuestiones relacionadas están de por medio. ¿Qué tipo de
alianza?¿Qué y cuánto de mestizaje? ¿Sólo el dialecto de los karió entra
en esa transformación?
Ni sólo dialecto karió ni mestizo
Precisamente la lengua de los kariós, esa que es postulada como dialecto
de origen, no cuenta con ningún documento específico sobre el que podamos
basarnos. Se supone que los kariós hablaban karió, claro está, pero no
conocemos una sola palabra específica de ese dialecto ni una sola indicación
sobre su fonética o el sentido especial de alguna palabra.
Está, es cierto, el catecismo de Bolaños que fue traducido o acabado de
revisar en Asunción y estaba terminado en 1586. En él intervinieron muchas
personas, no todas de Asunción. Ahora bien, no se transparenta en él nada de
lo que sería un dialecto karió específico, pues sus términos no se
diferencian de lo que era una lengua guaraní común. Por su parte, los
vocablos del español que en él se incluyen, tampoco tienen nada que ver con
un fenómeno de mestizaje, a no ser que se tome esta palabra como metáfora
cultural.
Asunción fue desde sus inicios un lugar donde confluyeron indios y mujeres
indígenas de alejadas procedencias. Las “rancheadas”, que consistían en
entrar en aldeas y ranchos guaraníes para de ahí traer cautivas a las
mujeres, no se circunscribían al área de Asunción ni de sus cercanías. De
hecho la mortandad de esas mujeres representó un verdadero genocidio.
Mucho más problemático es el origen mestizo del guaraní paraguayo. “En
la lengua no hay genes”, hay que repetir una y otra vez, “Se ha confundido
cierto tipo de racismo lingüístico que constituye la verdadera maldición de
Babel”, como dijera Einar Haugen (1973, ver Melià 1975:34).
Los primeros bilingües del Paraguay no fueron mestizos, y no sólo los
mestizos fueron bilingües. Más aún, los mestizos poco a poco no hablarán
dos lenguas, sino sólo una: el guaraní. Es lo que muestran los documentos
históricos de la época. En Asunción no faltó un pequeño grupo que hablaba
castellano y no quería escuchar guaraní.
¿Qué guaraní? Esta es la pregunta, que está relacionada con otra:
¿qué catellano? De eso trataré enseguida.
En cuanto al pacto de alianza, los documentos hablan más bien de un
continuo estado de sublevación de los guaraníes contra los españoles. Luis
Necker señala, entre 1537 y 1616, no menos de 25 rebeliones. En 1660 hubo
todavía la rebelión de los guaraníes de Arecayá, duramente reprimida. A
fines del siglo XVI, hacia 1580, para pacificar a los indios, Hernandarias
acude a los franciscanos y después a los jesuitas, para que se haga con la
cruz lo que la espada no conseguía. Y en los nuevos pueblos misioneros no se
hablaba castellano. Si alguna vez hubo lengua guaraní “oficial” fue en
las Misiones jesuíticas.
La jerigonza asuncena
La historia del guaraní paraguayo no es la de la lengua guaraní de
Asunción. Por suerte el guaraní paraguayo no tiene como origen ni como base
sólo el asunceno.
Pero ¿qué era este guaraní? ¿Era todavía guaraní? El padre José
Cardiel expone la situación hacia 1758:
“El lenguaje o jerigonza que a los principios sabían no es otra cosa que
un agregado de solecismos y barbarismos de la lengua guaraní y castellano,
como se usa en toda la gobernación del Paraguay y en la jurisdicción de las
Corrientes. En una y otra ciudad, los más saben castellano, pero en las
villas y en todas las poblaciones del campo, chacras y estancias no se habla
ni se sabe por lo común, especialmente entre las mujeres, más que esta
lengua tan corrupta...” (Cardiel 1900: 392).
Y adelantándose a lo que después ha sido definido como diglosia (cuando
las dos lenguas del supuesto bilingüismo están en relación de desequilibrio
y sujeción entre dominante y dominado) indica sus rasgos particulares: lengua
no escrita ni literaria, no formal ni oficial, pero general, usual y
coloquial.
Los colonos paraguayos, dice, “nunca escriben cosa alguna en la lengua
del indio, aun los que saben escribir, como ni nunca rezan en ella, sino en
castellano” (Cardiel 1900: 389).
Para caracterizar las peculiares y curiosas formas de ese guaraní el
jesuita Martín Dobrizhoffer habla de una "tercera lengua" en el
Paraguay, concepto que hoy está todavía en discusión.
“Todo el vulgo, aun las mujeres de rango, niños y niñas, hablan
guaraní como su lengua natal, aunque los más hablen bastante bien el
español. A decir verdad, mezclan ambas lenguas y no entienden bien ninguna.
Pues después que los primeros Españoles se apoderaron de esta provincia, que
antes estaba habitada por los Carios o Guaraníes, tomaron en matrimonio las
hijas de los habitantes por falta de niñas españolas y por el trato diario
los maridos aprendieron el idioma de las esposas y viceversa, las esposas la
de los maridos, pero, como suele ocurrir generalmente cuando aun en la vejez
se aprende idiomas, los españoles corrompían miserablemente la lengua india
y las indias la española. Así nació una tercera o sea la que usan hoy en
día” (Dobrizhoffer /1784/1967 I: 149-150).
Lo curioso de este texto, que levanta la hipótesis de una “tercera
lengua” –que en 1975 me atreví a llamar “guarañol”–, es que hace
derivar las lenguas habladas y sus formas corruptas, no de los hijos mestizos
sino de personas adultas, de maridos y esposas en contacto y convivencia. De
esta situación social nace la lengua que se reproducirá en los hijos e hijos
de los hijos. La “tercera lengua” se reproduce, porque se ha formado una
“tercera sociedad”.
La situación que describía el padre José Manuel Peramàs, en 1793, pero
refiriéndose a la situación de años anteriores, es interesante, pues se
prolonga hasta hoy y se aplica especialmente a Asunción, la capital.
“La lengua guaraní es de uso común entre los españoles de la ciudad de
Corrientes y de los habitantes de las colonias españolas de Villarrica y
Curuguaty. Es más; en la misma ciudad de Asunción (sede del gobernador y
ciudad principal de toda la Provincia), el padre Roque Rivas, muerto en Faenza
el año 1790, los misterios de la religión y los deberes morales los
explicaba en guaraní, desde el púlpito, con gran aplauso y provecho de los
ciudadanos, quienes, aunque saben hablar español, prefieren que se les hable
en su lengua guaraní, a la que están acostumbrados desde pequeños y
conversan entre sí en el campo y en la casa” (Peramàs /1793/2004:78).
El guarañol
La cuestión del guaraní paraguayo se viene tratando desde hace tiempo.
Pero hay que reconocer que el guaraní asunceno y el castellano asunceno son
todavía más enigmáticos. Pero aceptemos que aun el guaraní de Asunción es
todavía guaraní. En 1975 decíamos que “entre el guaraní y el “yopará”
no hay propiamente “code switching”; el “yopará” es el guaraní
históricamente hispanizado, pero no de una manera uniforme, sino gradual y
sectorialmente desarrollado hasta constituir un continuum bastante
heterogéneo conforme a la heterogeneidad de los repertorios lingüísticos”
Melià (1975:66).
Recientemente, el profesor Harald Thun (2005:341) llega a conclusiones muy
parecidas: el guaraní paraguayo, y en él está también el asunceno, tiene
conmutación de códigos (code switching) y también mezcla (code mixing),
pero se distingue más bien por ser reproducción tradicional de un modo de
hablar en el que se unen –y se mechan– las dos lenguas y los dos mundos en
que está separada la realidad paraguaya.
Las maneras de hablar de los asuncenos, aunque es cosa de cada día, están
apenas registradas visiblemente. Las muestras que tenemos son aproximaciones
más o menos fieles y pertenecen más a una recreación caricaturesca de esa
realidad que a la realidad misma. Un periódico como el Popular, es más bien
una afrenta al pueblo, que de hecho no habla tan mal. Los Monólogos de J.L.
Appleyard (1973) y Ramona Quebranto de Margot Ayala de Michelagnoli (2003)
sirven de referencia para el castellano y el guaraní de Asunción, pero no
pueden ser tomados como ejemplares. Es cierto que tratándose de lengua, lo
más importante es que se hable, y en Asunción hay muchas formas de hablarla.
Como ya decía Casaccia, Asunción es una ciudad híbrida en la que conviven
el ciudadano y el campesino a ella recién llegado.
Social y culturalmente Asunción, más expuesta a las influencia
mediáticas modernas, sufre por otra parte cambios lingüísticos muy rápidos
e importantes.
Cada vez son menos los asuncenos que, al hablar, pueden permanecer
establemente en un discurso guaraní. En fin de cuentas mucho depende de qué
se habla y también dónde se habla.
Sin negar que hay algunos buenos hablantes de guaraní en Asunción, hay
que señalar dos extremos. Están los asuncenos que sólo se manejan con una
serie de frases hechas de uso general, pero son incapaces de mantener una
conversación en guaraní, ni siquiera el más mezclado, son aquellos que
dicen entender el guaraní, pero no lo hablan. Están también aquellos
cultores de guaraní que se distinguen por hablar un guaraní “construido”
artificialmente, de circulación muy restringida en su orekuete –el sólo
nosotros–. Muchos de ellos se erigen en “maestros” de guaraní. Este
guaraní creado en la ciudad se va incluso a la campaña, principalmente a
través de docentes y “especialistas”. A modo de curiosidad se puede citar
que sólo el Ateneo de la Lengua y Cultura Guaraní ha dado títulos a 750
licenciados, tiene 50.000 personas que concluyeron su Curso Básico y 250.000
que han recibido algún tipo de capacitación a través de él.
Aun así, y tal vez por esto mismo, desde Asunción el guaraní paraguayo
está en peligro por defecto y por exceso. Asunción, en realidad, está más
bien castellanizando, y con mucha fuerza.
Notas bibliográficas:
- Cardiel, José 1900 Declaración de la verdad. Buenos
Aires.
- Cardiel, José 1953 José Cardiel y su carta relación (1747). Edición de
G. Furlong. Buenos Aires.
- Dobrizhoffer, Martín /1784/ 1967-70 Historia de los
Abipones. 3 vols.
Resistencia, Univ. del Nordeste.
- Melià, Bartomeu (1975) “Hacia una “tercera lengua” en el Paraguay”,
en: Plá, Josefina y Melià, Bartomeu 1975 Bilingüismo y tercera lengua en el
Paraguay. Asunción, Universidad Católica. Separata de: Estudios Paraguayos,
II, 2, diciembre, 1974:5-82).
- Peramàs, José Manuel /1793/2004 Platón y los
Guaraníes. Asunción,
Cepag.
- Thun, Harald 2005 “‘Code switching’, ‘code mixing’, ‘reproduction
traditionelle’ et phénomènes apparentés dans le guarani paraguayen et
dans le castillan du Paraguay”, Italian Jorunal of Linguistics, 17.2
311-346.
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