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La(s) lengua(s) de los asuncenos

Por: Bartomeu Melià, 2007

 

Asunción del Paraguay, establecida en 1537, se desarrolló desde sus comienzos bajo el signo de la confusión y de la corrupción. Es lo que denunciaba el mercedario fray Juan de Salazar cuando a 13 de abril de 1545 escribía al emperador Carlos V diciendo que esa ciudad –fundada apenas siete años antes– era “un pueblo de más de quinientos hombres y más de quinientas mil turbaciones” (Archivo General de Indias, Justicia, 1131).

¿Habrá habido más orden y concierto en el uso de la lengua o de las lenguas habladas en ese pequeño y corto caserío?

Alguien dijo recientemente que “el guaraní paraguayo es el producto natural de cinco siglos de historia de transformaciones del guaraní karió, el dialecto que fuera de los indígenas asuncenos, los que “pactaron la alianza” e iniciaron el mestizaje”. ¿Tan simple es esta historia? ¿El guaraní paraguayo ha sido y es el asunceno?

Otras cuestiones relacionadas están de por medio. ¿Qué tipo de alianza?¿Qué y cuánto de mestizaje? ¿Sólo el dialecto de los karió entra en esa transformación?

Ni sólo dialecto karió ni mestizo

Precisamente la lengua de los kariós, esa que es postulada como dialecto de origen, no cuenta con ningún documento específico sobre el que podamos basarnos. Se supone que los kariós hablaban karió, claro está, pero no conocemos una sola palabra específica de ese dialecto ni una sola indicación sobre su fonética o el sentido especial de alguna palabra.

Está, es cierto, el catecismo de Bolaños que fue traducido o acabado de revisar en Asunción y estaba terminado en 1586. En él intervinieron muchas personas, no todas de Asunción. Ahora bien, no se transparenta en él nada de lo que sería un dialecto karió específico, pues sus términos no se diferencian de lo que era una lengua guaraní común. Por su parte, los vocablos del español que en él se incluyen, tampoco tienen nada que ver con un fenómeno de mestizaje, a no ser que se tome esta palabra como metáfora cultural.

Asunción fue desde sus inicios un lugar donde confluyeron indios y mujeres indígenas de alejadas procedencias. Las “rancheadas”, que consistían en entrar en aldeas y ranchos guaraníes para de ahí traer cautivas a las mujeres, no se circunscribían al área de Asunción ni de sus cercanías. De hecho la mortandad de esas mujeres representó un verdadero genocidio.

Mucho más problemático es el origen mestizo del guaraní paraguayo. “En la lengua no hay genes”, hay que repetir una y otra vez, “Se ha confundido cierto tipo de racismo lingüístico que constituye la verdadera maldición de Babel”, como dijera Einar Haugen (1973, ver Melià 1975:34).

Los primeros bilingües del Paraguay no fueron mestizos, y no sólo los mestizos fueron bilingües. Más aún, los mestizos poco a poco no hablarán dos lenguas, sino sólo una: el guaraní. Es lo que muestran los documentos históricos de la época. En Asunción no faltó un pequeño grupo que hablaba castellano y no quería escuchar guaraní.

¿Qué guaraní? Esta es la pregunta, que está relacionada con otra: ¿qué catellano? De eso trataré enseguida.

En cuanto al pacto de alianza, los documentos hablan más bien de un continuo estado de sublevación de los guaraníes contra los españoles. Luis Necker señala, entre 1537 y 1616, no menos de 25 rebeliones. En 1660 hubo todavía la rebelión de los guaraníes de Arecayá, duramente reprimida. A fines del siglo XVI, hacia 1580, para pacificar a los indios, Hernandarias acude a los franciscanos y después a los jesuitas, para que se haga con la cruz lo que la espada no conseguía. Y en los nuevos pueblos misioneros no se hablaba castellano. Si alguna vez hubo lengua guaraní “oficial” fue en las Misiones jesuíticas.

La jerigonza asuncena

La historia del guaraní paraguayo no es la de la lengua guaraní de Asunción. Por suerte el guaraní paraguayo no tiene como origen ni como base sólo el asunceno.

Pero ¿qué era este guaraní? ¿Era todavía guaraní? El padre José Cardiel expone la situación hacia 1758:

“El lenguaje o jerigonza que a los principios sabían no es otra cosa que un agregado de solecismos y barbarismos de la lengua guaraní y castellano, como se usa en toda la gobernación del Paraguay y en la jurisdicción de las Corrientes. En una y otra ciudad, los más saben castellano, pero en las villas y en todas las poblaciones del campo, chacras y estancias no se habla ni se sabe por lo común, especialmente entre las mujeres, más que esta lengua tan corrupta...” (Cardiel 1900: 392).

Y adelantándose a lo que después ha sido definido como diglosia (cuando las dos lenguas del supuesto bilingüismo están en relación de desequilibrio y sujeción entre dominante y dominado) indica sus rasgos particulares: lengua no escrita ni literaria, no formal ni oficial, pero general, usual y coloquial.

Los colonos paraguayos, dice, “nunca escriben cosa alguna en la lengua del indio, aun los que saben escribir, como ni nunca rezan en ella, sino en castellano” (Cardiel 1900: 389).

Para caracterizar las peculiares y curiosas formas de ese guaraní el jesuita Martín Dobrizhoffer habla de una "tercera lengua" en el Paraguay, concepto que hoy está todavía en discusión.

“Todo el vulgo, aun las mujeres de rango, niños y niñas, hablan guaraní como su lengua natal, aunque los más hablen bastante bien el español. A decir verdad, mezclan ambas lenguas y no entienden bien ninguna. Pues después que los primeros Españoles se apoderaron de esta provincia, que antes estaba habitada por los Carios o Guaraníes, tomaron en matrimonio las hijas de los habitantes por falta de niñas españolas y por el trato diario los maridos aprendieron el idioma de las esposas y viceversa, las esposas la de los maridos, pero, como suele ocurrir generalmente cuando aun en la vejez se aprende idiomas, los españoles corrompían miserablemente la lengua india y las indias la española. Así nació una tercera o sea la que usan hoy en día” (Dobrizhoffer /1784/1967 I: 149-150).

Lo curioso de este texto, que levanta la hipótesis de una “tercera lengua” –que en 1975 me atreví a llamar “guarañol”–, es que hace derivar las lenguas habladas y sus formas corruptas, no de los hijos mestizos sino de personas adultas, de maridos y esposas en contacto y convivencia. De esta situación social nace la lengua que se reproducirá en los hijos e hijos de los hijos. La “tercera lengua” se reproduce, porque se ha formado una “tercera sociedad”.

La situación que describía el padre José Manuel Peramàs, en 1793, pero refiriéndose a la situación de años anteriores, es interesante, pues se prolonga hasta hoy y se aplica especialmente a Asunción, la capital.

“La lengua guaraní es de uso común entre los españoles de la ciudad de Corrientes y de los habitantes de las colonias españolas de Villarrica y Curuguaty. Es más; en la misma ciudad de Asunción (sede del gobernador y ciudad principal de toda la Provincia), el padre Roque Rivas, muerto en Faenza el año 1790, los misterios de la religión y los deberes morales los explicaba en guaraní, desde el púlpito, con gran aplauso y provecho de los ciudadanos, quienes, aunque saben hablar español, prefieren que se les hable en su lengua guaraní, a la que están acostumbrados desde pequeños y conversan entre sí en el campo y en la casa” (Peramàs /1793/2004:78).

El guarañol

La cuestión del guaraní paraguayo se viene tratando desde hace tiempo. Pero hay que reconocer que el guaraní asunceno y el castellano asunceno son todavía más enigmáticos. Pero aceptemos que aun el guaraní de Asunción es todavía guaraní. En 1975 decíamos que “entre el guaraní y el “yopará” no hay propiamente “code switching”; el “yopará” es el guaraní históricamente hispanizado, pero no de una manera uniforme, sino gradual y sectorialmente desarrollado hasta constituir un continuum bastante heterogéneo conforme a la heterogeneidad de los repertorios lingüísticos” Melià (1975:66).

Recientemente, el profesor Harald Thun (2005:341) llega a conclusiones muy parecidas: el guaraní paraguayo, y en él está también el asunceno, tiene conmutación de códigos (code switching) y también mezcla (code mixing), pero se distingue más bien por ser reproducción tradicional de un modo de hablar en el que se unen –y se mechan– las dos lenguas y los dos mundos en que está separada la realidad paraguaya.

Las maneras de hablar de los asuncenos, aunque es cosa de cada día, están apenas registradas visiblemente. Las muestras que tenemos son aproximaciones más o menos fieles y pertenecen más a una recreación caricaturesca de esa realidad que a la realidad misma. Un periódico como el Popular, es más bien una afrenta al pueblo, que de hecho no habla tan mal. Los Monólogos de J.L. Appleyard (1973) y Ramona Quebranto de Margot Ayala de Michelagnoli (2003) sirven de referencia para el castellano y el guaraní de Asunción, pero no pueden ser tomados como ejemplares. Es cierto que tratándose de lengua, lo más importante es que se hable, y en Asunción hay muchas formas de hablarla. Como ya decía Casaccia, Asunción es una ciudad híbrida en la que conviven el ciudadano y el campesino a ella recién llegado.

Social y culturalmente Asunción, más expuesta a las influencia mediáticas modernas, sufre por otra parte cambios lingüísticos muy rápidos e importantes.

Cada vez son menos los asuncenos que, al hablar, pueden permanecer establemente en un discurso guaraní. En fin de cuentas mucho depende de qué se habla y también dónde se habla.

Sin negar que hay algunos buenos hablantes de guaraní en Asunción, hay que señalar dos extremos. Están los asuncenos que sólo se manejan con una serie de frases hechas de uso general, pero son incapaces de mantener una conversación en guaraní, ni siquiera el más mezclado, son aquellos que dicen entender el guaraní, pero no lo hablan. Están también aquellos cultores de guaraní que se distinguen por hablar un guaraní “construido” artificialmente, de circulación muy restringida en su orekuete –el sólo nosotros–. Muchos de ellos se erigen en “maestros” de guaraní. Este guaraní creado en la ciudad se va incluso a la campaña, principalmente a través de docentes y “especialistas”. A modo de curiosidad se puede citar que sólo el Ateneo de la Lengua y Cultura Guaraní ha dado títulos a 750 licenciados, tiene 50.000 personas que concluyeron su Curso Básico y 250.000 que han recibido algún tipo de capacitación a través de él.

Aun así, y tal vez por esto mismo, desde Asunción el guaraní paraguayo está en peligro por defecto y por exceso. Asunción, en realidad, está más bien castellanizando, y con mucha fuerza.

Notas bibliográficas:

  • Cardiel, José 1900 Declaración de la verdad. Buenos Aires.
  • Cardiel, José 1953 José Cardiel y su carta relación (1747). Edición de G. Furlong. Buenos Aires.
  • Dobrizhoffer, Martín /1784/ 1967-70 Historia de los Abipones. 3 vols. Resistencia, Univ. del Nordeste.
  • Melià, Bartomeu (1975) “Hacia una “tercera lengua” en el Paraguay”, en: Plá, Josefina y Melià, Bartomeu 1975 Bilingüismo y tercera lengua en el Paraguay. Asunción, Universidad Católica. Separata de: Estudios Paraguayos, II, 2, diciembre, 1974:5-82).
  • Peramàs, José Manuel /1793/2004 Platón y los Guaraníes. Asunción, Cepag.
  • Thun, Harald 2005 “‘Code switching’, ‘code mixing’, ‘reproduction traditionelle’ et phénomènes apparentés dans le guarani paraguayen et dans le castillan du Paraguay”, Italian Jorunal of Linguistics, 17.2 311-346.
 
Publicado en la revista Acción Nº 272 (Abr/2007). Reproducido con permiso del autor - www.guaranirenda.com - 2008

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