1. Introducción
Convengamos en el inicio de esta exposición que el guaraní –hablado por
la mayoría de la población del Paraguay– detenta en su historia las mayores
y más violentas persecuciones, como ninguna otra lengua sufrió en la
historia de la humanidad. Prueba de ello es que en los últimos cien años,
los guaraní-hablantes padecieron todo tipo de atropellos verbales y físicos.
Gente a quienes despectivamente se trataba de "guarango", "campesino",
"indio" o "juruky'a". Otros fueron castigados en
las instituciones educativas, quedando en la escuela después de la hora de
salida; o en la esquina de la sala de clase de plantón; o bien, recibiendo
bofetadas; o recorriendo el patio escolar repitiendo “no voy a hablar más guaraní”,
o arrodillándose sobre sal gruesa o avati tupi ku'i; o colgándose de
una alambrada de púas, en la posición ñakyrã y gritando a todo pulmón
“estoy aquí por hablar guaraní”, o siendo sometidos a la degradante experiencia de
bajar de grado o curso por hablar guaraní.
Los ataques fueron despiadados,
como el último que el propio MEC pretendiera perpetrar sustituyendo el guaraní
por el jopara (mezcla de guaraní y castellano) en la Reforma
Educativa; con la excusa de que la tendencia de la filosofía educativa en
materia lingüística apunta a la pragmática o al funcionalismo, según
la cual debe enseñarse el guaraní que es hablado cotidianamente, aunque
"eso" sea una mezcolanza sin pie ni cabeza.
Con ese pretexto, en 1999, el MEC inició una campaña que debía
inicialmente presentar al guaraní como "muy dificil" o "muy
complicado" en la enseñanza, para luego –tal como ocurrió– incorporar el
supuesto "guaraní paraguayo" o jehe'a (mal llamado jopara)
en la enseñanza. Lo llamativo del caso es que sólo el guaraní paraguayo
fue incorporado; en cambio, del castellano paraguayo nadie se acordó;
pese a que la expresión pragmática del castellano en el Paraguay nos hace
decir locuciones como: venína un póo // avisáleke taén a tu aguela
// qué hora pio tené hina vo; lo que demuestra que todos los paraguayos
aulámos masiado bien lóo el catelláno. De cualquier manera,
sería dificil encontrar a, por lo menos, un profesor de Castellano que enseñara ese
disparate llamado "castellano paraguayo"; o que en adelante enseñara a
escribir "se bende carvón", "ay yelo",
"se arquila salones comersiales", "se ase
compostura de sapato", pese a que así están escritos innumerables
avisos, como fiel reflejo del pragmatismo del castellano en el Paraguay.
Empecinado con el "guaraní paraguayo" o jehe'a
(mal llamado jopara), el MEC imprimió en el 2004 otra cantidad impresionante
de libros escritos en el horrible jehe'a, supuestamente para el fortalecimiento
de la educación bilingüe. En dichos libros encontramos las "nuevas"
palabras en guaraní. Así, "mayo" en adelante se escribirá y se dirá
"májo"; por su parte, "marzo" será "márso";
"agosto" será "agóto". También se dirá y escribirá:
"che papá", "che mamá", "ñande ha’e persóna",
"sírkulo", "kostúmvre", "intelihénsia", "Rramos
Rroméro", "diytádo", "kláse", "estratégia -
estratéhia", "aprendisáhe", "sosieda", "arrójo"
y así... varios otros descomunales disparates.
Otra perla de la nueva propuesta de enseñanza bilingüe consiste
en cómo escribir la palabra castellana "exponente". Según los sesudos autores
de esta "joya", dicha palabra se deberá escribir "eksponénte
(eks-po-nén-te)". Sin embargo, cualquiera sabe que el guaraní se
caracteriza por la silabación directa (vocal sola, o consonante más vocal),
por lo que las sílabas del guaraní nunca terminan en consonante. En
consecuencia, las sílabas terminadas en consonante constituyen una dificultad
fonética para el guaraní-hablante. No podrá pronunciarlas, o tendrá
dificultades cuando lo haga. En todo caso, y sólo a modo de análisis, lo
máximo que un guaraní-hablante podría decir es ey-po-né-nte, pero
nunca eksponénte. Por lo mismo, es incorrecta la nueva palabra
"provléma", ya que en el guaraní no existen las
sílabas con pr, y tampoco existen las sílabas con bl. En el peor
de los casos, en lugar de "provléma", el paraguayo diría
"poléma (po-lé-ma)". Aunque todos sabemos que el paraguayo
dirá "aike peteĩ javoráipe", o "tuicha ko
apañuái", o "ko pa'ã ndaijapýrai". Es una
lástima que el guaraní sea manoseado y degradado de esa manera. Es una pena.
Desde setiembre de 2004, a raíz del triste episodio de
la publicación de esos pseudolibros, me dediqué a recorrer varios distritos
del país, así: Itaugua, Fernando de la Mora, San Juan Bautista, Aregua,
Villarrica, Ka'aguasu, Ciudad del Este, Arroyos y Esteros, Tovatĩ,
Eusebio Ayala, San Lorenzo, Edelira, Lambare, Encarnación, Villa Hayes,
Pastoreo y Ky'ỹindy, procurando explicar la situación de peligro que
atravesó y atraviesa el guaraní al ser sustituido por el guaraní paraguayo o
jehe'a. Grande y feliz fue mi sorpresa al constatar –en cada
encuentro–
la firme decisión de los docentes de guaraní de no aplicar dicho
nuevo modelo, elaborado por el MEC en forma inconsulta y sobretodo
arriesgando la vida de nuestro avañe’ẽ. En
todas esas comunidades, de forma libre y espontánea, los participantes
suscribieron categóricos pronunciamientos de rechazo a la nueva propuesta de
Educación Bilingüe. A tanto llegó el rechazo y el malestar que, en una
jornada hecha en Guarani Róga, una docente del Ateneo
residente en Mbujapey, me entregó la Resolución de la Junta Municipal de ese
distrito, que prohibía la implementación del jehe'a en el Municipio
y rechazaba el proyecto del MEC. Sin embargo, la impresión más fuerte la
experimenté en una jornada sobre el tema, realizada en Asunción y dirigida a
Maestros Indígenas.
2. Desarrollo
2.1. La Jornada
Ante la solicitud de exponer a los maestros y líderes indígenas la
situación del guaraní en el contexto de la nueva propuesta de Educación
Bilingüe del MEC, me hice presente en la jornada. Con la mayor objetividad
posible, les expuse la situación. A medida que hacía los comentarios y
proyectaba las transparencias, observaba en sus rostros cierta tristeza y la
sensación de preocupación. De cuando en cuando hacían ciertos comentarios
en voz baja, entre ellos. En el grupo pude reconocer a tres indígenas Mbya
Guarani, con quienes 20 años atrás, tuve la ocasión de compartir
experiencias en sus comunidades, ubicadas hacia San Pedro y Ka'aguasu.
Al terminar mi exposición, salimos a un receso; y fue el
momento en que nos saludamos y conversamos recordando viejos tiempos. Nuestra
alegría fue grande al reencontrarnos después de mucho. Lentamente, la conversación
se centró en el tema que les preocupaba, la propuesta de Educación Bilingüe
del MEC. Llegó un momento, en que uno de ellos me dijo:
«Mba'éiko pejapo peẽ jurua Guarani ñe'ẽre. Peẽ niko
pehekýi orehegui upe ore ñe'ẽ ha pemongy'a orehegui. Peipuru guarani
peporoja'o haĝua, pejoja'o haĝua, péicha pemongy'a. Péva ndaha'evéima
guarani. Oréniko romomba'eguasu ko'aĝaite peve upe ore ñe'ẽ, ore
ojoapytépe. Guarani niko hekokatu ha hekopotĩ. Ko'áĝa –peẽ
pembyaihaguére guarani– umi ñande'ỹva –oikuaaporã'ỹre
avei– ombojáta orerehe ha he'íta hikuái orerehe ore orejuruky'aha ha ore
orerekomarãha».
Mientrás él hablaba, yo lo observaba y podía
sentir su dolor al reflexionar sobre el guaraní. Él se sentía impotente y
rabioso. Le dolía en el alma las agresiones que históricamente los
paraguayos cometimos contra el guaraní; a las que hoy se sumaban –según sus
expresiones– estas aberraciones que el MEC propone como guaraní.
2.2. La palabra no falsea ni engaña
Cuando volví a casa, me puse a meditar en aquellas sentidas y sabias
palabras de Líder y Maestro Indígena, recordando que para ellos la palabra es
sagrada; por consiguiente, con profundo valor religioso; concepto éste
desconocido por nosotros o no usual entre nosotros actualmente. Ellos –a
través de la palabra– sólo pueden decir la verdad. Por eso, cuando le ponían
o le ponen el nombre a un lugar, no mienten ni imaginan, sino que estampan
mediante la palabra las características más exactas del sitio, así:
Suruvi'y, Ka'arẽndy, Jaguaretekua, Yvyhũndy o Jukyty.
Por otro lado, la palabra solamente se pronuncia cuando es absolutamente
necesario. El ñe'ẽngatu u orador es aquel que tiene el "don
de la palabra"; en otros términos, es el "virtuoso de la palabra".
Precisamente, Cadogan en su Ayvu Rapyta nos
evidencia el valor de la palabra, ya que luego que Ñande Ru Papa Tenonde
asumió la forma humana...
«de la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabiduría
creadora, Nuestro Padre El Primero concibió el origen del lenguaje humano. De
la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabiduría
creadora, creó nuestro Padre el fundamento del lenguaje humano (la palabra) e
hizo que formara parte de su propia divinidad. Antes de existir la tierra, en
medio de las tinieblas primigenias, antes de tenerse conocimiento de las cosas,
creó aquello que sería el fundamento del lenguaje humano e hizo el verdadero
Primer Padre que formara parte de su propia divinidad».
Por eso, la palabra es sagrada, porque la palabra es Dios y Dios es la
palabra. En cada palabra se manifiesta Ñande Ru y no cualquier cosa.
Ésa es la razón del porqué son poco habladores. Cosa que mucha gente
"blanca" no conoce, al no conocerlos. Hasta hoy, aludiendo
despectivamente al indígena, tratamos de ava a aquella persona tímida y
"maleducada". Nada más lejos de la verdad. En realidad,
los indígenas no hablan sencillamente porque respetan la palabra. Eso no
significa que ellos sean maleducados, malos o poco sociables. Forma parte de
su ñande reko.
2.3. El No'õvusu
Precisamente, una anécdota que suelo contar –y que ocurrió 20 años
atrás con uno de los Maestros presentes en la jornada, cuando eso era
Mburuvicha de su comunidad– es aquella en la cual, después de mucho
insistir y sobretodo de habernos ganado su confianza, un día nos invitaron a
participar de un no'õvusu, o asamblea de líderes o
mburuvicha, una especie de "cumbre presidencial", donde
tratan cuestiones de interés general. Es un encuentro privado, sólo
reservado a ellos.
Llegamos al sitio, en la zona de
Guajayvi (San Pedro) y nos ubicaron a más o menos 15 metros del opy
o sitio de la reunión. Fuimos advertidos de que no debíamos acercarnos más, y
también se nos dejó clara constancia de que el sólo hecho de participar
como observadores, debía ser considerado por nosotros como un privilegio
especial, que ellos nos concedían. Yendo al caso concreto, recuerdo que los
líderes llegaron de grandes distancias, de a pie (15, 30, 50 y más
kilómetros) para aquel no'õvusu. Estuvieron 11 en total. Nadie nos
explicó cómo se avisaban para participar de estos encuentros ni porqué las
reuniones se realizaban precisamente en dicho lugar.
En fín, el primer día, un martes, se sentaron en unos
apyka puku jere, acompañados de sus mujeres y debidamente ataviados.
Estuvieron todo el día sin decirse una sola palabra, absolutamente nada.
Se levantaron del sitio solamente para comer o para cumplir sus necesidades.
El día siguiente ocurrió lo mismo. Y el tercer día, como a la mediatarde,
uno de ellos –el inspirado– se puso de pie y solamente pronunció tres
palabras: “ko'áĝa ñañemitỹva'erã avati”.
Después de escucharlo, todos se pusieron de pie y retornaron a sus
comunidades. Imagínense, se reunieron tres días únicamente para escuchar
tres palabras, palabras sagradas; o sea, la manifestación de Ñande
Ru, al decir de Cadogan.
2.4. La idea de la perfección
Por otra parte, al ser capaces de concebir el Ñe'ẽngatu o palabras
perfectas, podemos deducir que también interpretan lo que es la perfección o
la plenitud, resumida en la raíz katu o ngatu. El concepto de
la perfección es algo que les apasiona. Es su razón de ser. Basta recordar
que en el Alto Parana y Kanindeju viven los Ava Guarani o Avakatu
o Avakatuete (donde -ete es superlativo), es decir, personas
perfectas o plenas.
Debemos aclarar que ellos –entre sí– se autodenominan
de esa manera, y no aceptan la denominación de Ava Chiripa, nombre con
el cual se los bautizó, desde afuera. Resulta claro que ellos no vienen a
especular con aquello de que somos perfectibles o que debemos vivir procurando
el camino de la perfección. Es por ello que los Avakatu o
Ava Guarani están obligados moral y éticamente a practicar lo
correcto, el error sólo puede ser una casualidad.
2.5. El error se puede subsanar
De lo mencionado en la parte final del párrafo anterior, se desprende la
antigua tradición del tera'o o el cambio de nombre. Antes, debemos convenir
que para el indígena todo está en el nombre. El nombre es lo máximo, es la
persona. Por eso cuando cometen alguna imperfección –que no debe ser
reiterada o cotidiana–, la tendencia social les obliga a –en una ceremonia–
sacarse el nombre con el cual cometieron la imperfección y ponerse uno nuevo,
sin manchas, que les garantice nuevamente su condición de avakatu.
Basado en
esta tradición, Decoud Larrosa optó por la palabra tero (tera'o) para
nombrar al sustantivo en guaraní, refiriéndose al sustantivo como la palabra
esencial; que al igual que el nombre en los indígenas, es la esencia de la
persona; es decir, el nombre es la persona misma.
2.6. El sabio Bertoni descrubre la sociedad de sus sueños y la describe en
la Civilización Guarani
Proveniente de una familia liberal, Moisés Bertoni abrazó desde pequeño
los principios de esa ideología política. Pero sus años en la universidad
lo llevaron hacia otros rumbos. Aún ligado al ala izquierda del Partido
Liberal, de la mano del geógrafo socialista francés Eliseo Reclus, el joven
Moisés se adentró en las ideas del socialismo anárquico y por consejo de
Reclus, Bertoni viajó a América a fundar una colonia donde poner a prueba
las nuevas ideas sociales y políticas. Bertoni impregnó entonces su vida con
las ideas proclamadas por los utopistas, quienes le hicieron ver a la sociedad
que lo rodeaba como una sociedad corrupta que no ofrecía nada a sus hijos.
En 1882 partió hacia América, a la cual llegó después de
22 meses de viaje, concretamente a la Argentina. Allí entusiasmó al Presidente
Julio Argentino Roca con su proyecto. Éste le concedió tierras en la actual
Provincia de Misiones, a donde arribó en 1884. Tres años permanecieron en esa zona.
Durante esos años se acentuaron los acosos por parte de varios interesados en
las tierras concedidas a Bertoni.
Una noche –cuando incendiaron sus viviendas–
los Bertoni se fugaron al Paraguay, llegando a Jaguarasapa (Itapúa), para –tiempo
después– asentarse definitivamente en el actual Pto. Bertoni (Alto
Parana), donde –poco a poco– Bertoni quedó sorprendido y maravillado de la
cosmovisión y de la manera de vivir de sus vecinos, una comunidad
Mby'a-Guarani. Conceptos como que la tierra, las plantas
y los animales no tienen dueño (porque éste no es el final de la vida,
sino el tránsito hacia otra); o el valor dado al desarrollo de las
virtudes espiritules y morales (por sobre las materiales: esta sociedad
no conocía el dinero, ni le importaba; tampoco conocía la compra-venta; ellos
vivían y viven para "ser" no para "tener"); o el
respeto a la naturaleza (no admitían la caza indiscriminada o la tala de
bosques y plantas); o el concepto de la vida presente (por eso
ko'ẽrõ es sólo una posibilidad, es "si amanece");
etc. Fueron pruebas de oro para Bertoni, en su afán de demostrar la
factibilidad de una sociedad justa, solidaria y democrática. Inspirado en los
Ava Mby'a, desarrolla sus valiosos y asombrosos estudios sobre la cultura
guaraní, que se sintetiza con la publicación de La civilización Guaraní
(1922).
Cabe destacar que Moisés Santiago Bertoni nació en 1857,
en Lottigna (Suiza). En 1875, por presión de su padre, Ambrosio Bertoni, respetado
abogado, Moisés ingresó a la Universidad de Ginebra a estudiar Derecho.
Paralelamente, tomó cursos de clasificación botánica. Falleció el 19 de
setiembre de 1929. A lo largo de sus 72 años, Moisés Bertoni realizó un
total de 524 publicaciones, de las cuales 107 se editaron en Suiza, 28 en
Argentina y 389 en el Paraguay. Bertoni –ilustre y sabio
hombre de ciencia, reconocido internacionalmente– dedicó gran parte de su
vida a promocionar, con profunda convicción, la cultura guaraní por
considerarla el reflejo de la milenaria, justa, solidaria, democrática y
evolucionante Civilización Guaraní.
3. Conclusión
A mediados de 2004, con la excusa de una supuesta propuesta, el MEC
disponía, en principio, el uso obligatorio de libros escritos en el supuesto
guaraní paraguayo o jehe'a, e iniciaba una campaña compulsiva
de "capacitación docente", basada en dichos materiales. De esa manera se
intentaba facilitar la vida a una criatura mal formada y mal parida. Sin
embargo, gracias a la reacción ciudadana que expresó su rechazo masivo a ese
despropósito del MEC, su aplicación no pasó de ser una propuesta. Pero se
agregó una agresión más al guaraní, sumada a las varias ya sufridas; esta
vez perpetrada por el mismísimo Ministerio de Educación. Además, quedan
para el "recuerdo" una partida de libros mal impresos, como testimonio de
la malversación de los fondos del Estado Paraguayo.
Definitivamente, el MEC no tiene derecho a degradar y corromper
gratuitamente al guaraní, de la manera que lo viene haciendo. En todo caso, a
ley pareja nadie se queja: Que haga lo mismo con el castellano; así, se
enseñará guaraní-paraguayo y castellano-paraguayo, para que –a corto
plazo– nos constituyamos en el hazmerreír de todos. Me ratifico
en que el supuesto guaraní-paraguayo o jehe'a no es otra cosa
que la fiel demostración de nuestra pereza lingüística e intelectual.
El jehe'a es el sinónimo del vaivai y de la ley del menor esfuerzo.
El jehe'a no es ni guaraní ni castellano. El jehe'a es el
sinónimo de nuestra mediocridad. En el Paraguay que debemos cambiar
todo es jehe'a, como la leche que nunca es pura (mitad leche, mitad agua).
Pese a ello, el MEC optó por el jehe'a, demostrando con ello la ausencia
de una verdadera intención de mejorar socialmente.
En síntesis, el jehe'a es más de lo mismo,
y digo esto porque –más allá de los buenos propósitos de la Reforma
Educativa–
nuestra educación no ha mejorado. Sin embargo, todavía estamos a tiempo, por lo que
deberíamos empezar por reordenar la enseñanza bilingüe, sustituyendo a ese
efecto la enseñanza del jehe'a por la correcta enseñanza del guaraní,
solamente así –gradual y progresivamente– podremos aprender lo que
éticamente es correcto, académico y científico; y construiremos el país en
serio, que todos queremos. Sin dudas, el guaraní puede ayudarnos
extraordinariamente a lograr ese ideal elevado; es por eso que la enseñanza
del guaraní no debe apreciarse como "un simple proyecto educativo para
aprender un idioma"; sino que, debe ser considerado como el instrumento
político que cooperará en el fortalecimiento socioeconómico y cultural del
país. Un país como el nuestro reducido al tercermundismo, sumido en la
ignorancia y la miseria, sólo podrá transitar hacia el desarrollo y la
democracia, mediante el guaraní. No existe otro camino.
Nuestras reflexiones sobre el valor de la palabra entre
sus verdaderos dueños: los Guarani; y por otra parte, en la experiencia de un ciudadano
universal: Moisés Bertoni; pueden ayudarnos a visualizar claramente por qué
es imperativo cuidar la lexicología de nuestro avañe'ẽ y no caer en el
jehe'a que el Ministerio de Educación presentó como guaraní. Hoy –que
mucha gente estudia y manifiesta su aprecio hacia el guaraní– debemos redoblar
esfuerzos para fortalecer su difusión correcta y científica.
Pese a todo, creo que el guaraní hoy está fuerte y
rejuvenecido, no sólo en nuestro país; sino que, forma parte del interés de
prestigiosas universidades y centros de investigación del mundo; asimismo, ya
ganó varios sitios en internet, herramienta poderosa para la promoción y el
fortalecimiento de la cultura a nivel universal. Finalmente, y que quede claro,
siempre debemos analizar e interpretar a la lengua guaraní a partir de la
propia cultura guaraní, caso contrario sólo colaboraríamos en su progresiva,
injustificable e imperdonable degeneración.
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